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28 febrero, 2020
Actualidad Opinión

AGUJEROS NEGROS

Arlindo Luciano Guillermo

 Juan Rodrigo Giles Robles es un narrador técnicamente dotado con talento literario, que surge después de la generación Tres en Raya. Desciende de la línea literaria de Samuel Cárdich, gran lector, de vida intensa y libre. Es el mayor representante, en narrativa, de aquel grupo literario denominado Cauce, que congregaba a un conjunto de jóvenes universitarios, lectores de literatura, que se había autoimpuesto, como parte del compromiso sartreano, darle continuidad generacional a la literatura huanuqueña. Después de la Agrupación Cultural Convergencia surge el Movimiento Literario Cauce. Ahí están los libros de Andrés Jara, Luis Mozombite, Víctor Rojas, Johnny Ramírez.

El único libro publicado por Juan Giles es Agujeros negros (Editorial Universitaria, Lima, 2014. Págs. 178). Contiene 10 cuentos escritos con oficio de gran narrador, conductor de la trayectoria del relato, con lenguaje idóneo y destreza para recrear hechos y circunstancias que van desde la anécdota cotidiana, el drama existencial y el desenlace trágico. El libro está dedicado a Sara Robles, cantante de música académica, con parentesco cercano a Daniel Alomía Robles y Sergio D’ Ambrosio Robles, y Adalberto Giles Zevallos, docente universitario y escritor. Dos cuentos están ambientados en zonas rurales, uno en la ciudad de Lima y siete en Huánuco explícitamente.

Agujeros negros acusa una filiación con un libro de cuentos de gran relevancia en literatura peruana: Los inocentes de Oswaldo Reinoso, que, sin duda, ha leído con interés de lector acucioso. Tres analogías: el lenguaje callejero, subestándar y procaz, personajes adolescentes en medio de crisis moral y sinsentido de la vida y la ciudad como escenario del relato. En alguna oportunidad entrevisté a Juan Giles para la revista Expresión Regional, donde anunciaba la publicación de un libro de cuentos titulado Ascensos y descensos. Los personajes de Réquiem por Angélica (madre artrítica y Milagros de 17 años) descienden por un terreno escabroso en la madrugada para echar al río a la recién nacida hija de Natalia (12). El infanticidio es para limpiar el honor de la familia. El personaje fatigado, exhausto, que huye de la ciudad, en la fase terminal de una enfermedad incurable, considerada el “mal del siglo”, asciende un camino para llegar a la cumbre de la montaña Awaqmachay. 

06:17. Qué buena… está buenaza, Ismaelillo, recontra pura. El doctor Love esta vez sí que se ha reivindicado, porque la vez pasada nos dio puras cochinadas, ¿te acuerdas? Puta, pero qué rico es jalar, carajo…” Inicio del cuento Sinfonía patética. Los personajes adolescentes, descarriados, rebeldes, irreverentes, sumergidos en el alcohol y las drogas, con dilemas de identidad sexual, problemas familiares y apego incondicional a los amigos utilizan lenguaje vulgar y jergas juveniles.  Tres son los cuentos donde hay este detalle lingüístico: Sinfonía patética, Run, run, Lucky boy y Tedeum al alba. Aparte de marido mariposón, tombo, choro, huevón, manya, cabrón, chupar, arrechar, cagón, cagada, chucha, cache y cabro, la palabra puta y variantes se repite 33 veces, carajo 27, mierda 36 y culo/culitos 4 veces. El uso de estos términos forma parte del léxico de los personajes con los cuales la comunicación se hace más efectiva, sincera y desprejuiciada. “Agujeros negros” se repite 5 veces, siempre con el mismo significado metafórico: caos (depresión, alcohol, drogas, angustia, frustración o decepción) que absorbe irreversiblemente a los personajes hasta aniquilarlos o desaparecerlos.

La violencia es un tema transversal en Agujeros negros. En Doña Caramelo, fanatismo religioso, homofobia e intolerancia motivan el asesinato cruel, brutal y falsamente aleccionador de la vendedora de golosinas. La recién nacida Angélica es arrojada al río para que desaparezca el agravio al honor de la familia. La caída fatal por las escaleras termina con el caracol aplastado e irreconocible. La golpiza brutal a Joselo por Veneno, líder de la pandilla Leopardos en la vía pública. Brígido apunta en la sien con un revólver al escritor en Awaqmachay. Chovi es víctima de una vil venganza de Honorata, amante de su padre, que se convierte en una oportunidad para casarse y vivir feliz. Lucky es maltratado por su padre ebrio, quien muere por los golpes en una caída provocada por su hijo. En junio otra vez se produce un doble crimen: Julio César y Meche Sarmiento. Carmela es golpeada brutalmente y abusada sexualmente por el pandillero Churrasco. Un adolescente es asesinado a pedradas en la cabeza para robarle los zapatos.         

Juan Giles Robles publicó Agujeros negros en mayo de 2014, cuando tenía 50 años. Un solo libro de cuentos, suficiente para exhibir talento literario, experticia para el relato intenso, trágico y con ritmo calculado, abstracción de la realidad y de las vivencias personales. Las historias de Juan Giles revelan la sociedad actual donde predomina el exceso de libertad, homofobia, intolerancia, pandillaje, dudas por la existencia del ciudadano, deseo de vivir aun cuando el destino lo impide, envidia y sed de venganza. La lectura de Agujeros negros seduce, atrapa, conmueve, perturba; no hay truculencia, melodrama, impostura ni simplismo, solo extraordinario deseo de comunicar que los personajes tienen vida e historia propias en un contexto adverso, que los oprime, los deja sin otra posibilidad que la muerte, el aislamiento definitivo y el anonimato. Reitero: Juan Giles es el más importante narrador de la generación Cauce y pos Tres en Raya. El cuento de las mil palabras (Caretas) y la Bienal de Cuento Copé (Petroperú) supieron, merecidamente, reconocer el gran trabajo literario de JGR.

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