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5 diciembre, 2019
Actualidad Opinión

CRÓNICA DEL PRIMER AMOR

La novela tiene más aliento que un suspiro, exige mayor esfuerzo de escritura, planificación de acciones de personajes en escenarios amplios o restringidos. El estilo y la estructura demandan del escritor pericia y talento. Ninguna novela ha sido escrita como un cuento. Se suma a eso la capacidad de representación de la ficción literaria en un contexto sociocultural definido. Las novelas son el resultado del estudio, reflexión e investigación; o, en todo caso, la experiencia personal del escritor llevada con idoneidad a la ficción literaria, modificándola, añadiéndole algo para mejorar o exorcizar demonios.  

Crónica del primer amor (Ediciones Condorpasa, segunda edición, 2016. Págs. 154) de Samuel Cárdich, permite dar una mirada objetiva a la creación novelística en Huánuco, que no tiene una tradición de grandes y portentosas novelas. Hay novelas respetables, escritas con empeño de orfebre. Cárdich recrea las vivencias de los estudiantes, predominantemente adolescentes, en un colegio público de la ciudad. La picardía, apodos, vivezas y coloquios en el “patio del deshonor”, delante del héroe emblemático, los romances, los descubrimientos de la intimidad y de los problemas sociales y los últimos años de la secundaria constituyen, en ese “escenario cerrado”, el modus operandi, en medio del autoritarismo, la soberbia, los castigos e intimidación del director, profesores y auxiliares. El hilo grueso es el romance primerizo de Alberto y Nina.  

Crónica del primer amor, con 75 capítulos breves, como “trozos de relatos” casi autónomos, está narrado en primera persona singular, que le otorga un carácter confesional y tono intimista. El hilo de la madeja es un cóndor disecado, convertido en ornamento muy preciado. El personaje es un adolescente que estudia secundaria, cuyo padre es un cazador obsesivo y fanático, enamorado de Nina y las travesuras atrevidas que hace o ve hacer en un colegio público. El cóndor disecado, pieza taxidérmica preciada, termina como regalo para librarlo de la expulsión del colegio.   

El adolescente Alberto Gutiérrez Simone, hijo de ingeniero civil y de mujer acérrima defensora de los animales, es el narrador-testigo que construye con lúcida memoria, con tono irreverente y habiloso para salir de aprietos y audacia para conseguir sus propósitos, las vivencias de los estudiantes de un colegio público que, sin duda, es la Gran Unidad Escolar Leoncio Prado, el intenso romance con Nina, hija del director de la institución educativa, y una actitud de crítica social a profesores y al sistema educativo obsoleto, basado en la mediocridad de los docentes, el autoritarismo de los auxiliares y regente y las injusticias del tribunal de honor, que desaparece después de la toma del colegio, encabezado por un estudiante incorregible y díscolo: Pichuza Repetto. Por boca del narrador sabemos un rosario de apodos: Gatogordo (exdirector del colegio), Cóndor Gaviria (regente arribista), Cuy Rubina (profesor de anatomía), Tavo Daza (víctima de abusos y bullying), Pulmón de Gato (instructor premilitar); Adelita Martel, que no tiene apodo, es considerada una profesora holgazana y ridícula.   

En la novela gravita una gama de personajes empáticos y vitales. Hay dos que están presentes en la memoria colectiva de Huánuco: el alcalde Walker Soberón, el Loco Soberón, y el profesor Andrés Fernández Garrido. Capítulo LX: “… las dos lagunas artificiales que formaron desviando las aguas el río Higueras. Son muy paisajísticas y las mandó hacer el Loco Soberón, un ingeniero visionario, además con los cojones rayados, (…) y capaz de imponerse a todos para que las cosas salgan mejor. También según su opinión”.  Capítulo LXI: “Y en ese momento escuchó al bibliotecario del colegio, un poeta, compositor de canciones, pintor y bombero por afición…”. Faltó el periodista, locutor, director del noticiero La Voz de la Actualidad, que se difundía por Radio Huánuco, en el segundo piso de la municipalidad provincial, padre de una jueza proba. 

Es posible hacer un catálogo de apodos que revelan defectos de estudiantes, auxiliares, profesores y estudiantes. Pichuza Repetto lidera la toma del colegio cuando el orden público era responsabilidad de la Guardia Civil, cuando Huánuco era una provincia sin las comodidades ni el confort de hoy. Las dos historias amorosas culminan en happy end: Alberto recupera a Nina en la fiesta de promoción; el profesor Vito Aparicio, ahora con solvencia económica, se casa con Chachi Ferrer, otrora hermosa dama que mostraba desprecio por aquel caballero enamorado. 

Novela escrita para un destinatario pensado: adolescentes y lectores que, independientemente de la edad, disfrutan una novela ágil, de ritmo constante, entretenida, sin mayores pretensiones que relatar, con movimiento y certeza, un romance quinceañero. Para Samuel Cárdich escribir no es el problema, sino la contención de aliento duradero, largo y prolongado, que abarque más la realidad histórica y política con profundidad y mejor perfilamiento sicológico y social de los personajes. Crónica del primer amor reafirma que Cárdich es uno de los escritores mayores de Huánuco. La novela exalta el ímpetu, la rebeldía, la crisis existencial y la acción épica de la adolescencia y la grandeza del desempeño docente. Huánuco sigue siendo el escenario preferido para novelar, construir ficciones y contar historias hechas con destreza, con la experiencia y sapiencia de un escritor Samuel Cárdich, que ha publicado más de una veintena de libros elogiados por la crítica literaria local y nacional. 

 

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