El asteroide B-612

El asteroide B-612

POR: CLIDER MARCHAND

Leí El Principito cuando era niño, luego cuando tenía 15, volví a hacerlo a los 28 y el mes pasado nuevamente sucumbí ante él y he llegado a la conclusión de dos cosas: la primera es que lo seguiré leyendo seguramente hasta que muera y la otra cosa es que siempre vuelvo a los libros clásicos y es que esos libros nos salvan de que terminemos alienados con la nueva literatura light que pretenciosamente quiere apoderarse de las nuevas generaciones haciéndoles pensar que la literatura es unas cuantas estupideces puestas unas a continuación de otras que algún terrorista de las letras intenta mercantilizarnos y piensan que sus libros, que por ser fáciles de leer, van a impresionar nuestra inteligencia.

Volviendo al tema; El Principito (Le Petit Prince) es uno de esos libros que a la mayoría de nosotros nos acompaña desde niños, debe ser uno de los pocos libros para niños que aglomera mis dos pasiones: la literatura y la astronomía (de alguna forma) porque mi primer contacto con la astronomía fue después de leer el capítulo IV, levanté los ojos de esa página, me dirigí hacia la biblioteca familiar y conseguí una enciclopedia roja, encontré un mapa del universo y frenéticamente busqué el asteroide B-612, como es obvio, jamás lo hallé, sin embargo, andando los años habría de hallarlo en el corazón y recién entendí la frase que menciona el libro en la última parte del capítulo XXI: “Pues bien este es mi secreto, un secreto muy simple. Solo se ve bien con el corazón lo esencial es invisible a los ojos”
Todos sabemos que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró El Principito luego de que su avión realizará un aterrizaje forzoso en el norte de África en 1938, era piloto de la Fuerza Aérea Francesa y en julio de 1944 mientras realizaba una misión de reconocimiento su avión fue alcanzado por unos disparos cayendo al océano y las aguas nunca devolvieron sus restos, hasta hace algunos años era un misterio quien había derribado a Exupéry pero el 2008 un libro escrito por Luc Vanrell y Jacques Pradel “Saint-Exupéry, el último secreto” y con una investigación de casi una década, develaría el misterio. El piloto alemán Horst Rippert –hoy de 93 años– ha reconocido ser el autor de los disparos que acabaron con la vida del autor de El Principito y en su testimonio se registra: “Fue después cuando supe que era Saint-Exupéry. Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos”
En El Principito, tan acertadamente manifiesta Exupéry, acerca de nuestra minusvalía en cuanto a la sorpresa de nosotros los adultos: “Si les he contado estos detalles acerca del asteroide B-612 y les he dicho su número, es a causa de las personas mayores. Las personas mayores aman las cifras. Cuando ustedes les hablan de un nuevo amigo, nunca preguntarán lo esencial. Nunca dirán: ‘¿Cómo es su timbre de voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?’ En cambio preguntarán: ‘¿Cuántos años tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?’ Solo entonces creen conocerlo”.

Además Exupéry aprendió a mirar, por ejemplo, el peligro con ojos de poeta y eso le hizo entender y formular en El Principito una defensa de la bondad y la delicadeza, el rechazo de la superficialidad y del egoísmo, la necesidad de aprender a mirar las cosas sencillas y pequeñas con ojos de niño es decir con el corazón. El entrañable Principito, curioso y espontáneo se extraña del comportamiento tosco de los adultos y el gran mérito de su autor es hacer conscientes a los adultos de la necesidad de atención y afecto que los niños tienen; y es transmitir que, frente a la oscuridad y a veces la estupidez de nosotros los adultos, la inocencia y la sencilla sabiduría de los niños es una llave-luz que nunca debemos perder..



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