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Huánuco
18 junio, 2019
Política

“El beeper salvó mi vida”

El diario AHORA tuvo la oportunidad de conversar con el general EP en retiro Roberto Fernández Frantzen, uno de los rehenes en la toma de la embajada de Japón en el año 1996.

Transcurría el 17 de diciembre de 1996 y el presidente del Congreso en ese entonces Víctor Joy Way, se encontraba en la ciudad de Huánuco, y había una invitación importante a donde debía asistir, como se encontraba lejos, delegó a su edecán que asistiera a esa invitación.

El entonces teniente coronel del Ejército Peruano, Roberto Fernández Frantzen, tuvo que asistir en reemplazo de su jefe Joy Way, la invitación era en la embajada de Japón, una celebración por el nacimiento del emperador Akihito.

El ahora coronel en retiro, Fernández Frantzen, contó que el momento de la toma de la embajada fue de terror. “Estábamos entre 600 personas degustando como todos de un momento ameno, de repente a las 8:23 fuimos sorprendidos por una explosión fuerte, eran los 14 terroristas que ingresaron disparando y amedrentando a todos, obligándonos a tirarnos al piso, fueron momentos de pánico, porque las fuerzas del orden al escuchar los disparos y la explosión, trataron de ingresar al local también haciendo disparos, entonces hubo un fuego cruzado, todos con el temor de ser alcanzados por una bala; había mujeres, adultos mayores, pero felizmente las fuerzas del orden entendieron que no podían repeler a los terroristas y cesaron el fuego”, contó.

La convivencia

Fernández Frantzen contó que, transcurridos los días, en la embajada de Japón las cosas eran tensas en la convivencia con los terroristas que estaban bien armados. “Cerpa Cartolini era el que comandaba el grupo, pero “Tito”, era el más sanguinario, se notaba que él estaba dispuesto a asesinarnos, nos dividieron en grupos y hacían sus simulacros en un eventual operativo de rescate; ellos dejaban cuatro hombres en la parte baja y los demás subían a ejecutar a los rehenes, eso hacían casi a diario, nos tenían aterrados”, recordó.

Dijo también que el embajador de Japón pidió disculpas a todos por la situación en que se encontraban. “Nos contaron el agua y luz, entonces era terrible convivir ahí, el embajador nos trajo galletas y gaseosa para poder comer”, contó.

El beeper

“Yo, como edecán del congreso, tenía un beeper con el que recibía mensajes, apenas nos tomaron como rehenes un comandante me mandó un mensaje y el beeper sonó, casi me descubren, tuve que ponerme debajo de unas escaleras y ponerlo en silencio”, contó el general.

“El beeper sirvió de mucho, prácticamente me salvó la vida, fue fundamental para mantener comunicación con el Servicio de Inteligencia que estaba preparando el rescate, yo mandaba información desde adentro y ellos desde afuera, por eso pudimos concretar la entrega de la guitarra con la que infiltraron micrófonos y la Biblia que también tenía unos dispositivos de escucha para que afuera se enteraran de los movimientos de los terroristas. Con el almirante Giampietri coordinamos mandar información y a la vez mediante mensajes de la Biblia dábamos a conocer a los otros rehenes cosas que sucedían fuera, pero nunca se les dijo sobre la operación de rescate para no entorpecer las acciones, alguien podría decir algo o ponerse ansioso y los terroristas se darían cuenta, solo sabíamos yo y el almirante Giampietri”, reveló el general.

El rescate

El coronel en retiro dio todo su apoyo a la operación de rescate luego que fue cuestionado por las supuestas ejecuciones extrajudiciales. “Esa operación fue considerada la operación de rescate más exitosa en lo que se refiere a operaciones de rescate en el mundo, una operación que fue bien planificada, la labor del Servicio de Inteligencia fue impecable, bien planeada y bien ejecutada. “Nosotros prácticamente le debemos la vida a los comandos, ellos arriesgaron su vida por nosotros”, expresó con nostalgia al recordar las bajas de los dos comandos que perdieron la vida, el comandante Juan Valer Sandoval, de quien dijo era su amigo y promoción y el capitán Chávez.

El general tuvo la oportunidad de concedernos esta entrevista al estar de paso por la ciudad del mejor clima del mundo, él estuvo visitando una institución educativa prepolicial y reveló que tiene arraigo familiar en esta ciudad.

Roberto Fernández Frantzen, escribió un libro al cual lo tituló: “Memorias de un rehén”, en el que cuenta detalladamente esos 126 días de encierro y convivencia con los terroristas y otros rehenes quienes se convirtieron en su familia.

El coronel en retiro agradeció la hospitalidad de Huánuco, agradeció a los helados de fruta Wawa, que recomendó a todos los visitantes a Huánuco, así como al colegio Alipio Ponce.

 

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