Anuncio

     Facebook   Twitter
   
 
ENTRE EL MAR Y EL CIELO
OPINIÓN
Visitas: 194 Nota Valorada por 4 Lectores
Imprimir    Letra más grande   Letra más pequeña
21/02/2012

HUÁNUCO | Ese anaranjado y enorme disco que es el sol, hace dos horas que se incrustó con decidida delicadeza (como lo viene haciendo durante miles de millones de años) en las calmadas aguas de ese inmenso mar que todavía tengo ante mi vista. Hace dos horas de ello y todavía no se borra de mi mente la inolvidable imagen, sangrienta y bella al mismo tiempo.
Qué curioso, esa poderosa bola roja que al mediodía en estos arenales se torna insoportable, conforme llega la tarde va perdiendo su fuerza y dominio. Cuanto más se acerca a su vasta tumba azul y perentoria, más se agranda para nada, porque muy pronto, mansamente, desaparecerá para ceder su lugar a la noche, a la luna (pequeña todavía) y a las estrellas: ellas sí, innumerables, titilantes y parlanchinas.
Sé muy bien que estos territorios no son mis dominios. Yo soy un hombre cuya querencia se sustenta junto a ríos torrentosos, bravos y turbulentos; prefiero las montañas altas, los valles estrechos, los cielos francamente azules. Soy de territorios donde las lluvias no se presentan como hipócritas garúas, que no se ven ni se sienten, pero que mojan copiosamente; sino de aquellos lugares en donde los aguaceros son verdaderos chubascos, violentos y bíblicos, capaces de durar cuarenta días y cuarenta noches.
Sé que mi suelo no es la arena; sino la roca, el farallón, el guijarro de los caminos angostos. Todo eso lo sé. Por ello siento, al estar parado entre estas dunas de arena caliente, a un paso donde el mar con sus aguas salobres se estrella con violencia, un extraño vacío, una rara sensación de ser un expatriado. Me considero un disidente, un accidental desterrado que sin embargo siente el cobijo del sol, la arena, el mar y el cielo infinito.
Es extraño pero es bello. Estas aves que vuelan sobre mi asombro son distintas a aquellas con las que conversaba desde mi infancia. Estas son enormes, tienen mucha elegancia, vuelan distancias que se pierden ante nuestros ojos, planean magistralmente; pero en vez de acordes y silbos, que deberían parecerse mucho a las tristes canciones, estas solo chillan y graznan. Tienen nombres raros para mis oídos: alcatraz, guanay, cormorán, piquero, albatros, etc., etc. Todos parecen haber nacido solo para volar, volar y volar. Volando se alimentan, volando se aman, volando se odian. Y seguramente, en algún momento, harán su último vuelo y morirán, y caerán al mar, como lo han hecho siempre.
En mi querencia, en tanto, las aves son pequeñas pero ágiles. Vuelan de trecho en trecho, de árbol en árbol. Sus silbos, o mejor, sus cantos, que son variados en cada caso, son en realidad melodías que llegan al alma. Y nunca trinan con la cabeza gacha, sino levantándola hacia el cielo, como una imprecación o como un desafío. Paradas en las delicadas ramas, entre el follaje de algún árbol que abunda en el valle, entonan pacientemente sus canciones heredadas en sus genes.
Todo eso lo sé muy bien. Y justamente por eso esta añoranza por lo mío parece ser pasajera. En todo caso, es solo un ostracismo que no durará mucho tiempo. No por ello, la nostalgia nublará u opacará la belleza extraña de estos paisajes aparentemente áridos, yermos y solitarios. La fusión del sol, el cielo, la arena y el mar tiene un inaudito esplendor. La luz aquí se esparce a capricho y libre albedrío, sin nada que lo detenga, sin una sombra que mengue su resplandor eterno.
Luz extendida, horizonte distante y vasto. Mar cuyas aguas, en algunas pequeñísimas bahías, llegan a la playa con sosiego y blandura, sumisas y obedientes. Mientras que en otros trechos se vuelven violentos, fieros, irascibles; como arrojados por una poderosa fuerza invisible que viene desde muy dentro, o desde muy lejos.
Es cierto. Estos parajes no son mis dominios, no se parecen en nada a mi lejana y ancestral querencia. Mi lar está al otro lado de las montañas que desde aquí solo pueden percibirse como unos caprichosos perfiles, amarillentos, opacos o grises. Pero en este lado también existe la belleza.
Por ejemplo, entrar en contacto con sus aguas frías, en clarocontraste con las altas temperaturas de su aire; darte un chapuzón refrescante y coger algas verdes y gelatinosas que ondulan siguiendo el vaivén de las aguas. O simplemente aguzar los ojos y ver, a lo lejos, ante la vastedad del mar, una pequeña e insignificante chalupa con un solitario pescador que extiende sus redes ilusas: a ratos parece que se va, a ratos parece que viene. Chalupa y pescador se parecen mucho al mismo mar, uno no sabe cuándo está de ida o cuándo de vuelta.
Todo alrededor es bello, obviamente. Pero creo que lo mejor es su atardecer. Es la mejor muestra que nos enseña que no hubo, no hay ni habrá poder eterno, fuerza inmortal. El mismo sol, desafiante y esplendoroso mientras se eleva con orgullo, en la tarde languidece. Se agranda como retando a la noche que se avecina, pero ya todo estará consumado. En poco tiempo terminará sumergido en su sarcófago líquido hasta un próximo mañana.
Pero antes de morir todavía tendrá fuerzas para teñir el cielo y el mismo mar con unas estelas rojizas y anaranjadas, como un último estertor, como un último reto. Como diciéndonos que la guerra aún no está perdida, que indefectiblemente continuará mañana. Cuando yo ya no esté sobre esta duna, cuando mis ojos ya no miren con asombro la inmensidad del mar y la fuerza de sus olas que revientan casi casi a mi lado. Cuando yo esté volviendo a mi antigua ciudad sin haber conquistado el indomeñable paisaje de arena, sol y mar que tanto me fascina.

CORRESPONSAL: Andrés Jara Maylle

Participa valorando esta noticia:

Promedio: 5 Estrellas (De 4 Lectores)

 
  • Diario Ahora no se responsabiliza por los comentarios publicados, que son autoría de los usuarios que los firman.
  • Los usuarios asumirán toda responsabilidad frente a terceros por cualquier daño o perjuicio que el contenido de sus comentarios pueda causar, incluyendo responsabilidades de tipo civil, administrativas y/o penal, o infracciones a derechos de autor o de marca, o cualquiera sea su naturaleza.
  • Diario Ahora se reserva el derecho a eliminar los comentarios que se consideren fuera de lugar y/o que puedan atentar contra las políticas internas de la empresa, sin necesidad de comunicación previa al usuario.
 
  • ÚLTIMO
  • + LEÍDOS
  • + VALORADOS
  EDICION IMPRESA
Detienen a dos policías acusados de robar motocicletas
Nuevo Código Procesal Penal delimita las competencias del Fiscal y el Juez
Multan con S/. 118 mil a empresa que construye colegio en San Francisco de Mosca
Juntas Vecinales rechazan traslado de burdeles cerca de Kotosh
  OPINION
MADRE, ORIGEN DE LA VIDA Y EL AMOR
Solemos decir que el día de mamá no debe circunscribirse a un solo día, que los 365 días del año deben ...
EDUCACIÓN AMBIENTAL
La educación deber ser integral; es decir, que el estudiante sea destacado en Matemática, Física y Química, pero también en Comunicación, ...
¿QUIEN CUIDA NUESTROS RECURSOS?
La explotación de los recursos naturales sólo ha favorecido a las élites, mientras que la población de esos lugares ha permanecido ...
MALOS Y BUENOS
Irse de la ciudad o del país hacia otros rumbos resulta ahora tan relativo que quien no lo hace de verdad, ...
 
 
Editado e Impreso en: JTP Editores E.I.R.L. RUC: 20223635815
Oficina de Redacción: Jr. Crespo y Castillo 375 - Huánuco - Perú. Teléfono y Fax: (062) 512606 - E-mail: dahorahco@hotmail.com
Derechos Reservados © Copyright 2012 - Desarrollado por RedHuanuco