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Huánuco
15 octubre, 2019
Actualidad Opinión

Estabilidad e Incertidumbre

Econ Vladimir H. Santiago Espinoza

Uno de los principales indicadores económicos es la inflación, conceptualmente entendido como el registro del incremento generalizado de los precios. El país acabó el 2018 con una inflación de 2.48 %, el mismo que se encuentra en el rango establecido entre 1 % y 3 %. Los principales sectores que tuvieron oscilaciones en sus precios fueron alimentos, bebidas, ocio.

Una primera inferencia respecto a este indicador es la estabilidad en los precios. Sin embargo, la población se pregunta por qué no le alcanza el dinero. La respuesta se resume no en el incremento de los precios, sino en el aumento de las necesidades. Asimismo, tras haber consultado a 30 familias respecto a sus gastos en el mes de diciembre, estos fueron igual o superior en 15 % respecto al año anterior. Otro signo de estabilidad.

Empresas de sectores específicos como regalos, panaderías, muestran aumento en sus ventas hasta 10 % respecto al mes del año anterior (2017). Por otro lado, el PBI debe estar concluyendo con una tasa de crecimiento de 6 %. En términos económicos no fue un año terrible en el departamento, ni mucho menos en el país, a pesar de los inconvenientes que la política nos expone.

La política no es independiente al quehacer económico, los acontecimientos de 2018, ha generado mucha incertidumbre en las empresas, en las familias, en la sociedad civil en general. Es sensato pensar que la estabilidad económica se puede ver amenazada por estos escenarios, invitando a los inversores, sean pequeños medianos o grandes a retirar sus activos productivos del mercado, por temor.

En más de una ocasión he manifestado que nuestro sistema económico (Huánuco) es muy vulnerable, dado que se sostiene en base al gasto de las familias, quienes usan su dinero en bienes de consumo. Esta es una característica que mantiene la estabilidad del crecimiento económico del departamento. Por ello, la especulación establece comportamientos de inestabilidad temporal que pueden afectar a sectores específicos, como alimentos, bebidas o entretenimiento. Nuestras temporadas son bien marcadas, y en los últimos 10 años hemos podido observar una inversión mayor de las familias en estos periodos.

Quizá nuestra fragilidad se resuma en el uso inadecuado del dinero, es decir, la damos mayor valor en comprar un televisor para el cuarto que para el negocio o viajar antes de comprar un medio que transforme alguna oportunidad que tengamos en casa. Claramente vivimos en una sociedad consumista. Entendiendo que esto en el corto plazo no es malo, o en condiciones de estabilidad tampoco lo es, sin embargo, en situaciones consumadas como las que puede generar la política, estoy plenamente seguro que no tendremos blindaje para poder superar estas dificultades. Experiencias de países vecinos nos advierten que puede suceder. Venezuela de la bonanza de los años 90, pasó a la crisis actual. Indudablemente quien no entiende las consecuencias de la incertidumbre sufre los estragos de estos problemas.

Entonces la respuesta parte por capitalizar el bienestar actual, frente a una coyuntura incierta. Podemos introducir números a los simuladores de escenarios, sin embargo, estas variables cualitativas como la incertidumbre no se van a poder incorporar en nuestros modelos, por lo tanto, podemos inferir que no tenemos escenario frente a la coyuntura política.

Retomando la necesidad de capitalizar, lo mejor es invertir el excedente de dinero en bienes duraderos que nos permitan ver el crecimiento de nuestro patrimonio como escudo frente a estos problemas generados por la política. Un hábito ajeno en más de la 70 % de la población. Es importante entender que la sensatez frente a las decisiones de protesta.

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