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Huánuco
8 abril, 2020
Actualidad Opinión

IMPROVISADAS DÉCIMAS DE AGONÍA CONGRESAL

Andres Jara Maylle

Por fin después de mucho pensar

don Martín el congrezoo decidió cerrar.

Fue una tarde muy funesta y peculiar

para todos los brutos de fuerza popular.

 

Petulantes hasta la última ceja

con su uniforme anaranjado en ristre

hicieron en sus curules harta bulla y queja

sabiendo que por más que pongan la cara triste

ya no gozarán más de sus muchas gollerías

y de sus tantas otras pillerías.

 

Desde su antiguo escaño se le vio a la bartra

levantando su voz con tono indecente

gritando sandeces como un mantra

y poniendo su falsa cara de niña inocente.

 

Pobre becerril, mudo te quedaste

cuando del solar de quien mal pensaste

cuestión de confianza propuso

ante todo  ese corral confuso

en que se había convertido

el legislativo: nido de alimañas pervertido.

 

Y nuestra consagrada beteta

la de la dulce escritura y alto pensamiento

ya no encontrará otra treta

para justificar sin remordimiento

el goce impune de la gratis y sabrosa teta.

 

Ni qué decir del innoble galarreta

que quiso meter con las justas una aguja

para luego, junto a la foronda, otra granuja,

sacar como premio inmerecido una gran barreta.

¡Te quedaste, como yesenia, con la abierta jeta!

 

¿Alguién se acordará de una tal foronda,

chacón o alcorta, con pena honda?

Quién podrá extrañar a la vilcatoma,

al inefable tubino, o a la esthercita bravucona.

Adiós salaverry, hasta nunca indira:

ojalá solo se elijan de mentira.

 

La que harta pena da, es sin duda chihuán

quien salió con su fama de desleal

sin en los bolsillos un real.

Con pasos tristes cerró el antiguo zaguán

perdiéndose entre el gentío como una truhán.

¡Pobre chihuán!

 

Ahora, mamani, que inmunidad no tienes

cuenta ante el señor fiscal lo que debes:

quién te puso el reloj con que grabaste

a kuszynski y sus ministros en desgaste.

No olvides que un fuerte enrejado te espera

si te empecinas en mentir como vulgar ramera.

 

Aquella tarde, sí, aquella tarde,

cuando el establo hizo su último alarde

al escuchar al presidente disolvente,

todos vimos lo que hizo un mulder decadente:

ladrar y ladrar como un can cobarde

junto a otro congresista cuya mente arde:

ese que se hace llamar del castillo

quien hablaba y hablaba muy triste y sin brillo.

Dicen que ellos son de la vieja guardia apristas

aunque actuaron como simples arribistas

 

Qué papelón el tuyo, mechita,

primero tan  escondida y calladita.

Presidente sin la presidencial banda

aplaudida, eso sí, por una verdadera tanda,

de esa cuadrilla obscena y forajida

que creyó que tú serías la elegida.

Dicen que lloraste como una magdalena

con nada de gloria y sí con mucha pena,

cuando te enteraste que no serías presidente

de ochenta cacasenos al día siguiente.

Tú, solo tú tienes la culpa de tu cruel destino

por no actuar con el debido tino,

por hacer caso a keiko y a olaechea

por obedecer, ciega, a esa gente tan fea.

 Qué día aquel, peruano afortunado,

cuando pensaste que todo estaba acabado

entró empujando la puerta el ministro primero

para discursear sin tono lastimero,

y plantear, desafiante, la cuestión de confianza

dizque con el pueblo en alianza.

Luego, con su mensaje, vino el presidente,

ordenando a toda esa gente

largarse prontamente,

dejando a los deprimidos saurios

sin el mejor de sus augurios:

sus sueldazos espurios

 Por eso, ciudadano ejemplar,

la próxima elección piensa antes de votar.

Y tú, hermano huanuqueño,

que eres de tu voto el auténtico dueño

no votes por el primer impostor ni pregonero

vota por el hombre primero

que trabajó y estudió con mucho esmero.

 

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