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Huánuco
7 abril, 2020
Opinión

LA ESPERANZA ESTÁ EN RETOMAR NUESTRA CULTURA

LA VOZ DE LA MUJER

Por: Denesy Palacios Jimenez

 

Cuanta sabiduría en nuestra cultura Andino amazónica, cuan revisamos las fuentes históricas, nos revelan que la reciprocidad, la racionalidad y la redistribución, constituían una gran estrategia, para tener una sociedad tan organizada y  planificada, basándose por supuesto en la moral y en el enfoque holístico de un pueblo que amaba la naturaleza, lejos de destruirla. Donde el ser humano, era valorado y por eso se vivía en una comunidad muy solidaria, de uno para todos y todos para uno; con el devenir de los años, y la imposición de patrones políticos, sociales, económicos y culturales propios de la colonización, sembraron en nosotros el desarraigo hacia lo nuestro, el individualismo y egoísmo, el enriquecimiento a toda costa, de quienes nos colonizaron, lamentablemente esa mentalidad colonialista perdura en quienes asumen el poder, de los gobiernos en las diversas instancias e instituciones, por eso lo primero que hacen es saquear el presupuesto o buscar la forma de sacar la vuelta a todo tipo de control, para enriquecimiento de él, su familia y su grupo de allegados, que hoy lo conocemos como corrupción.

Es decir, se destruyó toda una estructura de planificación racional, como podemos apreciar en los grandes legados arqueológicos que tenemos, caso del Qhapaq Ñan, el sistema de andenes, el sistema de irrigación, donde cada sembrío tenía un surco adecuado a su exigencia y característica; donde el urbanismo y los agrandes asentamientos se daban precisamente en las zonas altas y/o que no eran aptas para la agricultura, y lo que es más, la calidad de gente, donde no cabía la mentira, la ociosidad, ni la deshonestidad; y es allí donde se impone la “viveza criolla”, y el burdo comportamiento que tenemos heredado esta época, que se impuso con terror y cargado de mentiras, y fue heredándose en las etapas posteriores de nuestro proceso histórico.

Felizmente no todo está perdido, en épocas duras que nos ha tocado vivir en toda nuestra historia, aparece la resistencia cultural, preñada de solidaridad y fraternidad o amor entre nosotros, y precisamente son las poblaciones rurales alto andinas o amazónicas, las que siempre están dando la cara para defendernos en los conflictos que hemos tenido con los países vecinos; o para defender nuestro territorio de la voracidad de las empresas extranjeras, que rompen la racionalidad o sostenibilidad  destruyendo la naturaleza, generando enriquecimiento en los políticos de turno, y más pobreza, en las poblaciones que tiene en su territorio estos recursos.

Aplaudimos las medidas que se han tomado para contrarrestar esta pandemia que azota a la humanidad entera, y debemos aprender de los que más saben, es decir de la OMS, así lo hizo Japón, declarar el estado de emergencia, a pesar que ello implica restringir diversos derechos particulares, y eso es lo que muchos no entendemos, nuestra conciencia personal debe dejar de ser, para tener una conciencia social y planetaria; cerrar fronteras, no generar pánico, quedarnos en casa; la higiene y limpieza de nosotros, nuestras casas y los objeto que tocamos.

Las muestras de solidaridad que estamos viendo, y la disciplina, son cosas que deben primar si queremos salir de esta, por eso no debemos restar autoridad a ningún miembro de la FA, PNP o Serenazgo, Tomemos en cuenta que el bien común es el que debe prevalecer, por eso el distanciamiento social permite evitar el contagio. En Japón el grupo etario con mayor cuidado son las personas mayores, y por eso tiene una de las poblaciones más longevas del mundo.

En nuestra cultura, también rescatamos esa valía, por eso había el Consejo de ancianos, les invoco a que rescatemos nuestra cultura con su moral y valores, y saldremos adelante como lo está haciendo Japón. Solidaridad y disciplina

 

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