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19 septiembre, 2018
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Opinión

La señera presencia de Enrique López Albújar en Huánuco

Por: Andrés Cloud
Enrique López Albújar (Piura 1872-Lima 1966) llegó a Huánuco en junio de 1917 (hace exactamente cien años) y vivió entre nosotros cinco años y medio, es decir hasta diciembre de 1923. En ese lapso de sesenta y seis meses se desempeñó como juez de asuntos civiles y penales en el entonces Palacio de Justicia, cuando todavía no existía la Corte Superior de Justicia de Huánuco y Pasco, creada en 1936. Durante su permanencia en la Ciudad de los Caballeros de León, se nutrió el autor de una amplia información inédita y directa que luego habría de volcarlas en cuatro libros ambientados íntegramente en escenarios huanuqueños y que ahora son piezas claves para el estudio y conocimiento del Huánuco de otrora. Tales libros vinculados con Huánuco son Cuentos andinos (1920), el libro de ensayos Los caballeros del delito (1936), la novela El hechizo de Tomayquichua (1943) y Nuevos cuentos andinos (1955).
Ambientados muchos de ellos en zonas rurales de la región (punto de partida del indigenismo literario en el Perú), los diez relatos incluidos en los Cuentos andinos testimonian los conflictos sociales y la violencia en las provincias occidentales del Huánuco del ayer. Qué sino por ejemplo El campeón de la muerte, Ushanan jampi o Cachorro de tigre. Pero también se da cuenta de la presencia de la ciudad y sus alrededores a través de Los tres jircas y El hombre de la bandera.
La problemática social (referida sobre todo a la criminalidad, el bandolerismo y el abigeato) es tema de estudio del voluminoso ensayo Los caballeros del delito que consta de dos partes o libros. El primero dedicado a las ciudades de Tacna, Moquegua, Huánuco, Piura, Lambayeque y Tumbes; y el segundo, Los caballeros del delito, referido al problema de la delincuencia en los departamentos mencionados, y entre los que Huánuco ocupa un lugar privilegiado.
Después vendría El hechizo de Tomayquichua, texto novelesco en el que se relatan los amoríos y embrujamientos del joven estudiante de medicina Ricardo Andraca (versión novelesca de la juventud del pintor Ricardo Flórez Gutiérrez de Quintanilla) procedente de Lima, por parte de la joven tomayquichuina Micaela Herrera y Villegas, supuesta lejana descendiente de la casquivana María Micaela Villegas y Hurtado, la Perricholi. Finalmente se tiene los Nuevos cuentos andinos (1937) libro que no tuvo el impacto editorial de su antecesor Cuentos andinos.
ELA también es autor de los libros de cuentos Las caridades de la señora Tordoya (1955); La mujer Diógenes, cuentos de arena y sol (1972) y La diestra de don Juan (1973); la novela Matalaché (1928); los poemarios Miniaturas. Álbum de bellezas limeñas (1895), De la tierra brava. Poemas afroyungas (1938), Lámpara votiva (1964); el drama Desolación (1917) y prosas varias: De mi casona (1924), Calderonadas (1930), Memorias (1963), etc.
En tal sentido, López Albújar ha dado nombradía a Huánuco a través de sus obras, constituyéndose de hecho en el escritor peruano más importante vinculado directamente con Huánuco a través de su presencia y su obra literaria y ensayística. Y no solo eso, sino que sus Cuentos andinos, a no dudarlo, son el primer jalón y punto de partida de la literatura en Huánuco. Sin embargo, transcurrido un siglo de su motivadora presencia entre nosotros, que sepamos, ninguna institución educativa, cultural o del cualquier índole del medio lleva su nombre, salvo el Colegio Nacional Enrique López Albújar de Choras. Con estos méritos y antecedentes, nos atrevemos a sugerir a las autoridades de la Municipalidad Provincial que la renovada Biblioteca Pública Municipal a inaugurarse en agosto próximo, lleve el nombre del celebrado creador de Aparicio Pomares y El hombre de la bandera.
Ayancocha, junio 15 del 2017

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