08/06/2011
HUÁNUCO | Hace 40 años el ex presidente estadounidense Richard M. Nixon declaró la guerra contra las drogas. En su discurso estableció que el consumo de narcóticos había tomado las dimensiones de una emergencia nacional y que el peligro no iba a pasar con el fin de la guerra de Vietnam.
El mandatario acertó en la predicción, pero se equivocó en el plan de acción. Las políticas prohibicionistas basadas en la erradicación y criminalización del consumo sencillamente no han funcionado. Las cifras lo demuestran.
En Perú, México, Brasil y Colombia la cantidad de muertes directas que genera el consumo de drogas ilícitas es inferior a las víctimas directas por la producción, tráfico y conflicto generado por las mafias. La fabricación y el consumo de estupefacientes se han incrementado de manera infranqueable durante las últimas cinco décadas en que se proclamó esta guerra.
La conclusión que se extrae es que la producción de las drogas supera la capacidad de los Estados para erradicarla. Y mientras se logran victorias pírricas al acabar con bandas y estructuras de narcotraficantes, esas son culminadas casi en forma inmediata con el surgimiento de otras fuentes y traficantes.
En México, Perú y Colombia en los últimos años se ha vivido una mutación de los dueños del negocio de las drogas, pasando de unos criminales a otros, pero aumentado la actividad de producción y exportación de los estupefacientes.
Mientras existan consumidores de drogas, siempre se generará la oferta. Por eso hay que atacar el consumo, y como lo estableció la semana pasada el informe de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas, se necesita un cambio de paradigma en el manejo de esta amenaza.
Ese cambio empieza por tratar la adicción a las drogas como un asunto de salud y al adicto como un enfermo y no como un criminal. Para reducir la demanda de las drogas es necesaria la implementación de iniciativas educativas y sociales como se ha hecho contra el consumo de tabaco, que ha funcionado reduciendo mundialmente el número de adictos al cigarrillo. Y para poner fin a la violencia generada por el tráfico de las drogas, hay que hacer como se hizo con el alcohol y entrar en el debate de legalizar. Eso les quita el monopolio del negocio a los criminales y convierte esta industria en un sector regulado con el control estatal.
En Perú y Colombia ese cambio de paradigma es una necesidad. Por la situación del conflicto con la subversión armada de Sendero Luminoso y la guerrilla de las Farc, el debate no se debe plantear entre seguridad e inversión social. Por el contrario es necesario complementar una con otra y apuntar a estrategias simultáneas para combatir militarmente las bandas criminales y las estructuras mafiosas, pero luchar frente al tema de la droga desde lo social: el hambre, la salud y la educación.
Lo único que no se puede hacer es continuar pretendiendo que la guerra contra las drogas está funcionando. No es un tema sencillo, pero se requieren medidas arriesgadas. Estados Unidos se comporta erráticamente ante la situación. Por un lado, sabe que la guerra contra las drogas es un fracaso; y por el otro sigue asegurando que la estrategia no se puede cambiar.
Sino veamos la actitud de dos senadores de Estados Unidos que anunciaron el domingo último que solicitarán a las autoridades federales que combatan de inmediato un mercado secreto de drogas que funciona por internet mediante ventas anónimas y hace imposible seguir la pista a los pagos. Heroína, cocaína y metanfetaminas figuran entre las drogas que se ofrecen en un portal de internet, el cual está bien protegido y funciona al parecer desde hace unos cuantos meses.
Los senadores demócratas federales Charles Schumer y Joe Manchin dijeron que solicitaron al Departamento de Justicia y al Departamento Estadounidense Antinarcóticos el cierre e investigación del portal, conocido como Silk Road (la Ruta de la Seda), igual que una antigua ruta comercial de Asia. “Este portal atrevido debe ser cerrado de inmediato”, expresó Manchin. “Jamás un portal ha comerciado drogas de manera tan descarada en internet”, dijo Schumer. “El cierre inmediato del portal contribuirá a impedir que estas drogas inunden nuestras calles”.
No es conveniente desechar las propuestas de la Comisión de Políticas sobre Drogas, por motivos subalternos, sino que asimilando lo positivo del pasado en materia de estrategias contra el crimen organizado y el tráfico ilícito de estupefacientes se proceda a efectuar que dejen de lado el efectismo y se concentren en la realidad con los pies en la tierra.
La soberbia puesto de manifiesto por los países cooperantes en la lucha antinarcóticos no debe involucrar por décadas a las naciones productoras de materia prima llevándolas a una vorágine de sangre, drogas y dinero sucio, es hora de buscar un cambio para bien de todos. (Con aportes diario El Colombiano).
CORRESPONSAL: Felipe A.Paucar Mariluz