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Huánuco
14 noviembre, 2019
Editorial

Lluvias e imprudencia

Las continuas lluvias de la semana pasada tanto en la sierra como en la selva han empezado a provocar estragos. Ayer, un potente río Huallaga con el caudal considerablemente incrementado y cargado de barro y basura, amenazaba con llevarse puentes, viviendas ubicadas en sus riberas, e inundar ciudades. Afortunadamente, no sucedió eso, sin embargo, el río terminó llevándose parte de la plataforma de la Carretera Central a la altura de Huaracalla en Ambo.
Este tipo de situaciones suceden año tras año. La informalidad con la que estamos acostumbrados a vivir, hace que muchas familias decidan vivir en zonas de alto peligro y sumamente vulnerables, sin tomar conciencia del riesgo que asumen, por decir, quebradas de huaicos o riberas del río. En este caso, se supone que por ley se debería respetar los 25 metros franja o faja marginal de terreno que colinda con los ríos; sin embargo, como vemos en casi todo el canto de la Carretera Central, existen cientos de casas construidas a solo 3 o 4 metros del río Huallaga, haciendo caso omiso a la regla.
Coincidentemente, cada año antes de Semana Santa, las lluvias de la sierra hacen que se incremente el caudal de los ríos, provocando, en el mejor de los casos, alarma en la población. Acá existen dos responsables. En primer, lugar los mismos pobladores irresponsables que deciden construir sus viviendas en zonas prohibidas y de peligro sin respetar las normas. Y, segundo, las autoridades municipales y autoridades políticas y que lejos de sancionar este comportamiento, lo avalan con la entrega de constancias de posesión, inscripción predios, cobro de arbitrios, entre otros. Cómo es posible que una entidad del Estado, como las municipalidades o Registros Públicos, cuyas normativas son base para su funcionamiento, inscriban y registren predios ubicados en plena faja marginal o cauces de huaicos.

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