8.9 C
Huánuco
7 diciembre, 2019
Actualidad Opinión

MIS CASERITAS

Como soy el hombre de las compras, tengo mis caseras y caseritas repartidas por los mercados de Huánuco.

Tengo, en el mercadillo de Las Moras, mi casera carnicera que me provee chuletas y perniles para la pachamanca y faldas costillares para el chicharrón. La señora es buena gente, mejor vendedora, pero si me descuido, me mete de contrabando un trozo de pura lonja que no me sirve de mucho.

Allí mismo, tengo otra caserita guapetona que me vende camotes y yucas. Ella me da una bolsa grande, me deja escoger lo mejor de sus productos, los pesa, los suma mentalmente y me cobra siempre risueña, con la alegría de toda buena vendedora.

En el Mercado Modelo tenía una casera de avanzada edad que junto a su esposo (don Pablito) me surtía de la mejor cecina que ellos mismos preparaban. Era una buena cecina, pero lamentablemente sus avanzadas edades y sus dolencias de viejos, hicieron que dejaran su negocio en donde ahora veo a una chica que no vende nada. Por eso, me vi obligado a buscarme otra casera para la cecina. Y probando y probando llegué hasta donde una señora que vende el mismo producto, también buena gente que cada vez que le compro me da de regalo un trozo de chorizo tarapotino que doy cuenta en el desayuno.

Mi casera que me vende limones trabaja por el jirón Leoncio Prado, ocupa una escalera bien estrecha. Ella acomoda como puede limones de dos calidades, un poco de cebolla, ajos enteros y uno que otro producto más. Solo vende hasta la una de la tarde. Después cierra el negocio hasta el día siguiente. Los limones están caros, casero, se queja. Por qué no escribes sobre eso, me aconseja. Muy caro está. Lo traen desde el norte y lo venden caro, repite. No tengo quejas contra ella.

Como soy un animal de costumbres y que cómodamente prefiero la rutina antes que dar la vuelta por todo el mercado para comprar unas cuantas cosas, rápidamente me quedo con la persona que me atiende mejor y le soy siempre su fiel comprador.

Por el jirón independencia, por ejemplo, tengo mi caserita que me provee de plátanos inguiri con el que se prepara el mejor tacaco. Es muy buena gente y casi siempre es ayudada por su hija, una chica veinteañera y guapa a quien miro con suspicacia. Cuando llego a su negocio, me atienden muy solícitas escogiéndome los mejores racimos y cobrándome precios por debajo del mercado. Siempre son así y por eso las prefiero y creo que allí seguiré comprando sus inguiris verdes o maduros.

En la feria sabatina de los sábados en la Alameda de la República, tengo mi casero que me vende, frescas, la cebolla china para el picante de cuy. Siempre a precios cómodos. Él los cultiva en su chacra de Malconga y desde allí los trae en la madrugada. Si llego tarde mi casero me lo guarda la cebolla hasta que llegue. Solo algunos sábados falla, entonces la semana siguiente me dice que no vino porque no tuvo cosecha, porque su cebolla está aún tierna. Es un chacarero noble y presumo que es viudo o tal vez solterón porque siempre viene solo: él cultiva y vende solo. Nunca está acompañado y a mí me intriga ese detalle.

Y también tengo mi casera a quien compro puntualmente paltas y lechugas americanas frescas y blanquísimas. Atiende en un quiosco del Mercado Modelo, junto a su esposo medio charlatán pero buena gente.

Todas mis caseras y caseros me conocen y reconocen por el mucho tiempo que vengo comerciando con ellos. Con algunas, incluso, me gasto unas bromas, nos reímos un poco de la vida y también se asombran porque voy solo y creen que soy soltero, solterón o viudo. Pero se quedan perplejas cuando un día cualquiera aparezco con mi esposa, quien, fiel a su costumbre, pide rebajas que algunas acceden de buen agrado, mientras otras hacen una mueca y se niegan a bajar el precio.

Yo creo que las caseras mueven el mundo a su antojo.

 

Publicaciones Relacionadas

RECUERDO

editorahora

Huánuco recibió casi 10 mil turistas por Semana Santa

adminahora

Cambio de redes de agua de Amarilis se ejecutará a partir de 2018

adminahora