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Huánuco
19 julio, 2019
Actualidad Opinión

MITO RAMOS

Arlindo Luciano, Guillermo

Estoy entrando a la ducha. ¡Espérame! Escuchó en el otro lado del celular. Asueto, no hay clases por el Día del Maestro. Viernes 5 de julio. Empezamos a caminar por el barrio Los Paltos, a las 9:05 a.m. Aprovecho el tiempo para conversar con Mito Ramos, hijo de honorables y sabios ciudadanos (Wilmer Ramos Giles y Vilma García Negrete), amigo, elocuente, histriónico cuando relata historias y anécdotas propias y de amigos, habla sin pelos en la lengua, como salga, en bruto, sin refinamiento ni hipocresía, a veces directo a la yugular. La vida avanza tal como tú eres, crees y quieres que sea. Si tú quieres que sea blanco, blanco será; si quieres que sea triste, triste será tu vida. Todo depende de ti, tú tomas la decisión. Así aprendí de Pilar Brescia y en mi comunidad.  

Sale fresco como una lechuga. Yo había comprado los periódicos de la mañana (Ahora, Páginas 3, Tu diario y PERÚ 21) y algunos libros en Willy Garrido: No una sino muchas muertes de Enrique Congrais Martin, Novelas y cuentos completos de César Vallejo,  Poesía y estética de Abraham Valdelomar, Pacha Yachay de Víctor Domínguez Condezo y Mitos y leyendas de Huánuco de Manuel Nieves Fabián, que había leído en la secundaria, en la versión mimeografiada, con páginas ilegibles por la pésima impresión artesanal, pero valía el heroico trabajo de recopilación de MNF. Antes de empezar a caminar, apareció frente a nosotros Gonzalo Lambruschini, con quien nos saludamos efusivamente con los brazos en alto. La amistad procede firme desde la niñez y el colegio Leoncio Prado. Mito Ramos, sereno, sin dejar de hablar, camina y saluda a todos por nombres completos, apellidos y apodos. Levanta los brazos en señal de reciprocidad. No hay otro interés que la gratitud y el afecto del pueblo.

Compartimos problemas personales y circunstancias muy parecidas. Tienes que vivir con alguien que te quiera, te valore, te aprecie, que se sienta orgulloso de lo que haces, no con quien te use y te bote cuando ya no sirves. La plata no hace feliz. Me siento feliz cuando subo a un escenario y canto a la gente. El sol cae perpendicularmente sobre el pavimento, estamos sofocamos, sentimos la pegada de la alta temperatura. Se saca los anteojos negros, me pide que le mire fijamente a los ojos y dispara como un misil el verso sencillo como él mismo: Te quito todo, incluso el recuerdo. Vive feliz, aunque la vida oscile entre la tristeza y la alegría. Seguimos caminando. Aquí vive Giovanni Linares, al frente el loco Jesús Falcón y al costado el Quito Alcántara.

Yo voy a cantar a la cárcel de Huánuco. Lo hago gratis para que esa gente, privada de su libertad, disfrute de momentos de alegría, se desfogue, llore. Un día me regalaron un llavero del tamaño de mi meñique, luego vino un torito tallado en madera, una canasta, una silla, un ropero. Les dije que no vine para que me den algo. Un preso se acercó y me dijo, “lleva nomás, causa, sino te van a sacar la mierda”. Entonces les agradecí por los obsequios. Los llevé a mi casa y compartí con mis compañeros de ruta como buen cristiano. Haz lo que quieras, si eso te hace sentir bien. Siento la filosofía ultrapragmática y veo el corazón humanitario del ciudadano, del cantante Mito Ramos. No es la plata lo que lo anima cantar, sino la pasión y hacer feliz a la gente con sus canciones y su voz. 

Desde Hermilio Valdizán y Crespo Castillo (en la esquina izquierda está el restorán donde desayunamos a las 10:14 a.m.) hasta el jr. Aguilar la conversación no cesa. Yo no intervengo, no lo interrumpo, salvo para aclarar, asentir, pocas veces para discrepar. Llegamos a la cochera municipal. Se bajó la batería. ¡Ahora! No, ya viene el electricista. A los diez minutos aparece Adrián López. En un minuto resuelve el problema. Dos cables gruesos con tenazas de cobre y listo. Ahora a esperar unos treinta minutos, Los faros delanteros estaban prendidos desde hace varios días. En la calle recibe elogios que se los graba en la memoria. No olvides la filosofía sabia de mi padre: Todo pasa.

Llegamos a la casa donde vivo. Desde el segundo piso veo que se aleja en su modesto automóvil. Dobla hacia Abtao y desaparece. Está con la “musa de los poetas”. Se van felices. El poeta Erico, con dos poemarios amorosos, aún por revisar y darle el visto bueno, en las manos, dice: “Estos los voy a enviar a un concurso nacional de poesía.” Genial, chévere, no es para menos, pensé. Mito Ramos se ha ido, yo me quedo para leer los libros y periódicos que compré. No hay nada más extraordinario que conversar 3 horas, 36 minutos con el interlocutor idóneo. La amistad (cuando es verdadera y desinteresada) no se sustenta en el favor oportunista, por necesidad, sino en la entrega de tiempo y las ganas de conversar turnándose quién habla y quién escucha. Mito Ramos es gran cantante, un ciudadano feliz haciendo con pasión lo que sabe hacer: cantar para uno o para una multitud, con su voz extraordinaria y su guitarra. Errores y defectos tiene como tú o como yo. Cuando tengas tiempo, nos sentamos con un café y le ponemos música a tus versos, Lalo. Durante el recorrido, unas veinte cuadras, han saludado efusivamente a Mito Ramos unos doscientos ciudadanos, a este escriba, de carne y hueso, mortal, con fecha de vencimiento en la Tierra, solo un 20 %. Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada.

 

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