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Huánuco
28 febrero, 2020
Actualidad Opinión

Nota del editor*

Jorge Farid Gabino González

La cuarta, «Avatares de la prensa peruana», no solo pone sobre la mesa una realidad latinoamericana ampliamente practicada hoy en el país —aquella que tiene que ver con las presiones ejercidas por quienes ostentan el poder político para callar a los periodistas verdaderamente independientes—, sino que, además, nos recuerda que esta es una práctica de larga data en el Perú, por lo que habría que estar muy atentos a ella, para poder combatirla: «¿Ya olvida­ron que tras el denominado autogolpe del 5 de abril perpetrado por el entonces presidente Alberto Fujimori, las fuerzas armadas tomaron las salas de redacción del diario La República, con el evi­dente objetivo de amordazar la libertad de expresión de uno de los más importantes medios de prensa escrita del país?».

La quinta, «Entre el sexo y la religión», nos expone una de las relaciones más conflictivas que tanto ayer como hoy sigue generán­dole, sobre todo a la Iglesia católica, más de un dolor de cabeza. Esto es, violaciones a menores de edad y a religiosas, la mayoría de las cuales habría ocurrido, incluso, dentro de los propios claustros religiosos. Incidiendo en que, lamentablemente, «como era de es­perarse y como no habrá de ser sorpresa para nadie, ninguno de los mencionados casos fue investigado ni mucho menos denunciado —ni en su momento ni después— por la santa madre Iglesia».

La sexta, «Igualdad de género», pone el dedo en la llaga en el sentido de que cuestiona hasta qué punto los intereses particu­lares de ciertos grupúsculos de poder han llegado a distorsionar algo que, en principio, naturalmente, implicaba una lucha a todas luces legítima por la igualdad entre ambos sexos. A la par que se interroga: «¿Hasta cuándo seguiremos dando cabida a toda suerte de sandeces en nombre de la llamada igualdad de género? Amparados en la idea estúpida de que la opinión de todos tiene la misma valía y, por tanto, es merecedora de la atención de todo mundo, damos tribuna a cuanto desatinado, cretino o idiota le da por alzar la voz y decir esta boca es mía».

La séptima, «La educación en el Perú», nos acerca a una de las realidades más sombrías que sobre el país se podrían plantear: la relacionada con la educación. Y sombría porque todo haría indicar que por aquí no es esta, como ocurre en otros países de la región, una de sus más urgentes prioridades. Las razones, desde luego, serían varias. Una de las cuales, por qué no, podría ser la siguiente: «Que el estudiante es la razón de ser de la educación en general, sea cual fuere su índole, está fuera de toda discusión. Que exista gente que aún no sea capaz de entenderlo así, lamentable­mente, todavía más. Se la encuentra a cada paso. En el ministerio. En la casa. En la escuela. Son tantos que constituyen legión».

La octava, «Tecnologías de la información y la comunica­ción», nos recuerda los enormes retos que todavía hay que superar en el Perú en materias, por ejemplo, como la conectivi­dad y la alfabetización digital; brechas que en los tiempos en que vivimos se hace urgente reducir, entre otras muchas cosas, porque «resultan hoy indiscutibles los beneficios que brindan a la educa­ción —al logro de aprendizajes, más bien— el uso de las TIC, que no querer verlos denota una evidente cerrazón mental, una más que palmaria obcecación del entendimiento».

La novena, «El deterioro de la lengua», incide, entre otras cosas, sobre el inaceptable despropósito, lamentablemente cada vez más extendido en un gran número de hispanohablantes, de que la revalorización social de la mujer, esto es, su lucha por ser tratada en igualdad de condiciones con el hombre, implica también su «visibilización» a nivel de la lengua; olvidando quienes ello piensan que si bien esta es justa y necesaria, «no pasa por la perversión del idioma, que nos pertenece a todos por igual. No a los hombres ni, tampoco, a las mujeres. A todos».

Finalmente, la décima, «De libros y literatura», nos invita a tener siempre presente que en literatura, y en casi todo lo que de alguna manera se relaciona con ella, no todo es lo que parece. Así, por ejemplo, se nos recuerda «que la literatura, y particularmen­te la prosa, no solo es susceptible de estudiarse bajo el ángulo de la tan mentada originalidad, sino también en virtud de las pocas veces valoradas coincidencias, de las casi siempre desconcertan­tes repeticiones, de las nunca vistas iluminadoras recurrencias». Para terminar afirmando, con absoluto conocimiento de causa, además, que «son estas, si bien se mira, las que durante siglos y siglos han venido imprimiendo al discurso narrativo esa suerte de “ambiente conocido” en que el lector, una vez que se sabe instala­do en él, comienza a discurrir por la lectura con la seguridad que le brinda el saber que se mueve por terreno conocido».

Y bueno, no estaría de más añadir que el presente libro, reco­pilación, como se dijo, de los artículos periodísticos publicados por Jorge Gabino a lo largo de los últimos años, es, también, una muestra importante del pensar, del reflexionar, del razonar de las nuevas generaciones de escritores peruanos, que desde distintos ámbitos vienen sumando en favor de que realidades como las aquí expuestas sean conocidas por cada vez más personas; puesto que estas, casi sobra decirlo, también forman parte del Perú. Puesto que Esto también es el Perú. (SEGUNDA PARTE). 

*Texto introductorio del libro Esto también es el Perú, de Jorge Farid Gabino González

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