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18 junio, 2019
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Pura fachada, pura apariencia, pura cortina

Jorge Farid Gabino González

La denegación de la licencia institucional a ocho universidades peruanas por parte de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) ha vuelto a poner sobre el tapete un tema de discusión lamentablemente aún lejos de agotarse en nuestro país: el de la calidad educativa de nuestra Educación Superior Universitaria.

Abocada, según se puede observar en su página web, a “proteger el derecho de los jóvenes a recibir una educación universitaria de calidad”, la Sunedu es, más allá de las frases grandilocuentes, uno de los organismos más importantes surgidos como consecuencia de la aprobación de la Nueva Ley Universitaria 30220, en julio de 2014. Y lo es, claro, porque a nadie le es ajeno el que antes del surgimiento de dicha institución (hoy de importancia capital para la educación peruana, gracias a las indiscutibles mejoras que en virtud de su accionar se pueden advertir en un gran número de universidades del país), no pocas casas superiores de estudios, y, entre todas, las de régimen privado por excelencia, se caracterizaban por brindar un servicio a todas luces elemental; en el que no era la calidad, ¿hace falta decirlo?, uno de los aspectos por los que pudiera destacar.

Ello porque, comenzando por lo que a primera vista salta a los ojos de hasta el más desavisado, carecían en muchos de los casos de la infraestructura y el mobiliario adecuados para el desarrollo de clases en óptimas condiciones; pasando por el hecho de que un gran número de sus docentes no contaban con las credenciales académicas indispensables para formar a nuevos profesionales; hasta terminar (aunque esto de “terminar” sea solo un decir) en la constatación inquietante, preocupante, alarmante, de que un porcentaje altísimo de sus egresados acababan desempleados o, en el mejor de los casos, subempleados.                

Con lo que no pretendemos decir, desde luego, que hoy las cosas hayan cambiado diametralmente. Por supuesto que no. Todavía hay mucho por hacer. Pero, eso sí, existe algo que resulta innegable hasta para los más acérrimos opositores a los cambios sobrevenidos como consecuencia de la aprobación de la señalada ley: hoy los universitarios estudian en muchísimas mejores condiciones que antes de que se aprobara la Nueva Ley Universitaria y, con ella, se instituyera la Sunedu. Y se debe ello, entre otros factores, a que en la actualidad el país cuenta, sobre todo en las universidades públicas, con profesores universitarios mejor capacitados que antaño para el ejercicio de la docencia y para el cultivo de la investigación, gracias a los incentivos (viajes al extranjero, por ejemplo) con que se viene premiando el cumplimiento de determinados estándares de calidad propuestos por dicho organismo.

Así las cosas, preocupa constatar que, a raíz de la denegación de la licencia institucional a un total de ocho universidades por parte de la Sunedu (Universidad Peruana de Arte Orval, Universidad Peruana de Integración Global, Universidad Peruana de Investigación y Negocios, Universidad de Lambayeque, Universidad Marítima del Perú, Universidad Peruana Simón Bolívar, Universidad Sergio Bernales, Universidad Peruana Telesup), debido a que no cumplirían con los más elementales indicadores de calidad que les permitieran brindar un servicio óptimo a sus usuarios, se haya desatado toda una polémica respecto de si es realmente válido el argumento con que se estaría ordenando el cierre de estos centros de estudio.

Por supuesto que tal argumento es válido. Más aún si se tiene en consideración que para que se llegara al punto de negárseles la licencia institucional, antes todas estas universidades tuvieron tiempo más que suficiente para corregir las observaciones realizadas por la Sunedu; y, sin embargo, no quisieron o, lo que es más probable, no estuvieron en la capacidad de hacerlo.

Para mayor referencia, aquí las ocho condiciones básicas de calidad exigidas por la Sunedu a las universidades peruanas:

  1.    Condición I: Existencia de objetivos académicos, grados y títulos a otorgar, y planes de estudios correspondientes.
  2.    Condición II: Oferta educativa a crearse compatible con los fines propuestos en los instrumentos de planeamiento.
  3.    Condición III: Infraestructura y equipamiento adecuado al cumplimiento de sus funciones (aulas, bibliotecas, laboratorios, entre otros).
  4.    Condición IV: Líneas de investigación a ser desarrolladas.
  5.    Condición V: Verificación de la disponibilidad de personal docente calificado con no menos de 25 % de docentes a tiempo completo.
  6.    Condición VI: Verificación de los servicios educacionales complementarios básicos (servicio médico, social, psicopedagógico, deportivo, entre otros).
  7.    Condición VII: Existencia de mecanismos de mediación e inserción laboral (Bolsa de Trabajo u otros).
  8.    Condición VIII: CBC Complementaria: transparencia de universidades.

Como se puede ver, no son las condiciones antedichas nada de otro mundo. Son, más bien, requisitos fundamentales que se debe exigir a toda verdadera universidad que se precie de serlo. Pero claro, estamos en el Perú; y aquí, como se sabe, llevamos años acostumbrados a la política de la informalidad. Y es que no son pocos los aspectos en los que somos ni más ni menos que eso: pura fachada, pura apariencia, pura cortina. El dizque “muro cortina” de cierta universidad a la que se le negó el licenciamiento es, en tal sentido y a efectos de avalar lo señalado, la representación perfecta de determinado sector de la Educación Superior Universitaria en el Perú.   

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