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22 septiembre, 2019
Actualidad Opinión

¡Que se investigue!

Jorge Gabino González

Esta suerte de “fiebre investigadora” que en las últimas semanas venía sufriendo el Congreso nos daba la clara impresión de que en su afán por demostrarle al Ejecutivo que, si se lo proponía, podía no solo negarle la viabilidad a su pedido de adelanto de elecciones, sino incluso hasta llegar a voltearle la torta, en el sentido de que quien podría acabar yéndose a su casa (vacancia de por medio) podría ser, más bien, el mismísimo presidente; y no el Legislativo y el Ejecutivo juntos, como proponían desde el Gobierno. Y nos daba dicha sensación porque, de tanta investigación abierta en contra del Gobierno de forma directa, o de los organismos que de una u otra manera eran reconocidos como sus más señeros emblemas (llámese, puntualmente, la Sunedu), existía una alta probabilidad de que acabarían encontrando “algo”, habida cuenta de aquello que el que busca, dicen, encuentra. Aunque fueren fantasmas, las más de las veces, lo que encuentre, pero los encuentra.

Con todo, pronto acabaríamos dándonos cuenta de que nada de ello pasaría; esto es, que el Congreso no llegaría a salirse con la suya; que nada en claro sacaría, en buena cuenta, de toda la payasada que venía llevando adelante ante el pasmo, la sorpresa, la estupefacción de la gente, que, más temprano que tarde, se levantaría para hacerle llegar su enardecida voz de protesta. Y ello porque, de tanta investigacioncita por aquí e investigacioncita por allá, nuestros inefables representantes del Legislativo habían terminado por caer en su propia trampa; pues con el anuncio de que se había aprobado en la Comisión de Fiscalización y Contraloría que se investigue a las empresas encuestadoras respecto de la metodología y acciones que llevaban a cabo, a fin de obtener los resultados que luego presentaban, no habían hecho otra cosa que tocar fondo: su desesperación por encontrarle los cinco pies al gato, a sabiendas de que solo tiene cuatro, los había conducido, una vez más, a presentarse ante el país entero como es que realmente eran: una sarta de caraduras a los que les importa un carajo el futuro del Perú.

Pues bien, démosles por su lado. Si la investigación es lo suyo, en hora buena. ¡A investigar se ha dicho! Y, si no es mucha molestia, y confiamos en que no lo sea, aquí les dejamos algunas cuestiones sobre las que nos harían un gran favor si, previa realización de las pesquisas del caso, nos echaran luces sobre tan misteriosos asuntos, y nos ayudaran a desentrañar lo que de momento es todavía oscuro secreto:

¿Fue primero el huevo o la gallina? Y, si fue primero el huevo, ¿cómo rayos pudo aparecer sin la complicidad de la gallina? Y, si fue primero la gallina, ¿cómo diablos pudo ovar al susodicho huevo, del que después saldría la maldita gallina, sin el concurso de un maldito gallo? Pues que se investigue.

¿Existen realmente los extraterrestres? Y, si existen, ¿por qué infiernos no nos eliminan de la faz del universo, siendo, como somos, los humanos unos acabados pendejos, que no hacemos otra cosa que joder y rejoder a este pobre planeta en el que nos ha tocado en suerte vivir? Y, si no existen, ¿qué rayos es la lucecita esa que todos los días aparece en el firmamento al final de la hora nona y se marcha al despuntar el alba, cual si de un avión se tratara? Pues que se investigue.

¿Construyeron los incas Machu Picchu y demás ciudadelas de similar envergadura, como afirman los estudiosos de la materia, por sí solos, sin la ayuda de “nadie”? Y, si lo hicieron, ¿cómo diablos se entiende que pudieran realizar tamaña proeza en tan cortísimo tiempo (se postula que se emplearon solo diez años), y careciendo de las herramientas que les permitieran semejante hazaña de ingeniería? Y, si no lo hicieron, ¿por qué carajos seguimos tragándonos el cuento de que esculpieron los megalíticos bloques de granito con que erigieron sus ciudadelas, solo valiéndose de cinceles y martillos de piedra, y que los llevaron hasta aquellas cimas vertiginosas en que los colocaron, cargándoselos sobre sus espaldas? Pues que se investigue.

A fin de cuentas, cuestiones son las anteriores sobre las que, en lo particular, nos interesaría sobremanera que se nos aclarase un par de cosas. Y como sabido es que nuestros amigos congresistas son campeones en investigar cuanto asunto les resulte investigable, pues apelamos a su pericia en la materia. Que, si son capaces de investigar por qué inexplicable razón más del noventa por ciento de la población está de acuerdo con que se larguen a su casa, y cuanto antes mejor, lo cierto es que son capaces de investigar, y dilucidar, cualquier cosa. Solo es cuestión de animarse a dar el primer paso. Lo demás, como el huevo que cae de la gallina, caerá también por su propio peso.  

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