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22 agosto, 2019
Actualidad Opinión

¡SALUD, HERMANOS!

Jacobo Ramírez Mays  

Agarra su vaso, lo levanta y dice: «¡Salud, hermanos!, por este día, y gracias al universo por permitirme estar junto a ustedes una vez más». Luego se sienta, su rostro sigue siendo el mismo, aunque ahora tiene una barba recrecida y blanca, está un poco calvo y su hijo Tato ruega a los dioses para que no sea hereditario. Mira el paisaje y seguramente piensa en ese momento en su esposa, a quien llama cariñosamente Nona. Saborea su vino, sonríe, habla de sus proyectos, de sus sueños que va haciendo realidad y, en medio de su discurso, menciona siempre a su flaca adorada.

Nos acercamos a él. Nuestras cabezas e hígados, acostumbrados a la cerveza y al buen aguardiente, ahora comienza a dar vueltas y sienten los efectos de los licores que estamos tomando. Nos sentamos a su lado, y con su voz pausada nos cuenta: «Hermanos, cuando caí por primera vez enfermo, solo miré a los médicos y entendí que el cincuenta por cincuenta es puro cuento. Pensé que era hora de marchar, pero me hice fuerte. No quería llorar delante de mi familia, para que piensen que era fuerte, y ellos hacían lo mismo cuando me veían; pero cuando llegaba la noche acompañada del silencio, los muros de la casa o las sábanas de las camas se encargaban de recoger nuestras lágrimas y guardarlas para el recuerdo. Pasó el tiempo, y ya ven, le gané a la muerte, me pusieron unas células vírgenes y comencé a seguir luchando en este valle como si nada hubiera pasado».

«¡Salud, hermanos! Pasó el tiempo y tuve que enfrentarme de nuevo a este mal. El cáncer se había metido en el corazón de un Ramírez loco, pero no cojudo; lo enfrenté y una vez más salí exitoso. Una vez más la familia, como siempre, estuvo dándome ánimos, que es lo que más necesitamos en esos momentos. Y, le j’ai sorti la merde a ese mal. Luego de un sueño milagroso, regresé a trabajar, a seguir luchando por mis sueños, por mis ideales, pero no en contra de la enfermedad, porque ya sabía y sé cómo vencerla. ¿Saben cómo? Con sonrisas, buenos pensamientos, amando lo que más quieres. Así continué con mi vida diaria hasta que recaí por tercera vez, y ahí sí pensé que ya era la hora de entregar la jeta al Soberano. Mis jefes, en vez de apoyarme, parecían que había hecho un pacto con Hades (dios de la muerte) para acabar conmigo, pero ellos no sabían que yo era como el Chapulín Colorado; no contaba con mi astucia. Y en vez de irme al más allá, ahora estoy en el más acá, disfrutando de los abrazos, besos y palabras de Alil, Dafné, Tato, Greyce, de mi Nona adorada, y de cada uno de ustedes, que me dan un aliento de vida. ¡Salud!, bebamos, que estos momentos son inolvidables y eternos. Vivamos intensamente cada segundo, cada minuto de vida juntos, hermanos, y recuérdense que yo siempre estaré con ustedes».

Una lágrima da vueltas en sus ojos cansados, y sus manos, que saben moldear el vidrio como los dioses, juegan con su vaso de cristal. Nos cuenta que muchas veces para salir adelante hay que ser mil oficios, que en Venezuela trabajó en todo y de todo, que después de muchas exposiciones en ferias y en forma particular, valoraron mucho su trabajo artístico en Bolivia, y que su arte en Francia, donde actualmente radica, le permitió realizar seis exposiciones exitosas.

«¡Salud, hermanos!, y ahora que estamos juntos, les digo que la vida es una constante lucha, en donde debemos pelear con ella día a día, dejándonos dominar y dominándola, para que sepa que por gusto no estamos vivos, que debemos jugar con ella a las canicas, a la tiendita, a poner barcos de papel en los charcos de agua, llenos de ilusiones, a jugar al caballito de palo; juguemos con ella matagente y, finalmente, a las escondidas; y estaremos escondidos hasta que nos volvamos a encontrar uno a uno.

 

Las Pampas, 18 de julio de 2019

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