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Huánuco
21 febrero, 2019
Actualidad Opinión

SIMPLEMENTE VIRGILIO

Por: Arlindo Luciano Guillermo

 Unos lloran a don Virgilio como si hubiera fallecido un familiar muy querido, otros se sumen en la profunda melancolía por haber perdido al amigo sincero de muchos años, entrañable, conversador, leal, incondicional. Algunos de sus lectores conocidos y anónimos, lamentan la pérdida del gran cronista de Huánuco. Nadie como él para escribir sintiendo, pensando y amando apasionadamente a Huánuco. Nosotros lo lamentamos por todo junto. Quien no se conmueve por esta desaparición física, mortal, no sabe nada de Virgilio López, no ha leído ni una sola crónica ni ha disfrutado de sus conversaciones prolíficas, amenas, preñadas de nostalgia con datos y recuerdos puntillosos del Huánuco del ayer. Había nacido el 5 de junio de 1936, el mismo año que Mario Vargas Llosa nacía en Arequipa, estudiante de la Gran Unidad Escolar Leoncio Prado, se hizo médico en la Facultad de San Fernando de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Nació en Huánuco ciudad, ese Huánuco que llevaba en su corazón inmenso, en su prodigiosa memoria y en las venas de su sangre huanuqueña; ese Huánuco que jamás permitió que fuera una simple anécdota o vivencia de la infancia, que nunca permitió que muriera, sino para recordarla con ebria nostalgia, para plasmarla, con buena escritura y sentimiento huanuqueño, crónicas del ayer, que siempre disfrutaremos, releeremos una y otra vez.

En la memoria del lector de las crónicas de Virgilio López siempre estarán vivos, frescos y vitales el cándido y apreciable Rupico, el obeso Bataco, la pendenciera Runtuca, el jinete feliz Ishaco Molero, el pícaro e incorregible Gaucho Besada, el enganchador Cuy Gallina, el cura de Ambo tayta Cútulo; recordaremos célebres crónicas, escritas como ningún escritor huanuqueño, donde se concentran la historia de Huánuco, personajes y el castellano huanuqueño: A la Gangola, Ishaco Molero, La Caña de Azúcar, Rupico, Churrias, La Fiesta de Bermúdez, Crónica de San Agustín, La Cruz Blanca, Los Fresnos. Como cualquier otro escritor talentoso, no todo lo que escribió tiene una factura encumbrada. Los escritos de VLC se reunieron con el título Mis crónicas del ayer (Biblioteca Huanuqueña, Edit. Amarilis Indiana, n.° 14. 2013. Págs. 590), que reúne cincuenticuatro crónicas (para todos los gustos, preferencias, a precios y valoraciones), con el testimonio del propio VLC y prólogo (11 Págs.) de Mario Malpartida Besada, quien dice (para tener en cuenta qué escribió VLC), que “la crónica de López sería una crónica literaria de creación original, cercana a la tradición palmista por un conjunto de elementos dispares como la historia, el cuento, la novela corta, la leyenda, la sabiduría popular y la picardía del lenguaje. En el caso de López Calderón, este le agrega historia regional, anecdotario, cuento y retrato, entre otros elementos personales, tales como el cariño, la ternura y la fina ironía, que adquieren su verdadera dimensión al entroncarse con la historia popular de Huánuco”.          

Jesús Virgilio López Calderón siempre quedará, en nuestra memoria personal y colectiva como un honorable y trascendente ciudadano huanuqueño, a la altura de Daniel Alomía Robles o Hermilio Valdizán Medrano, amigo respetuoso y leal, médico servicial, periodista de opinión (lo hizo durante muchos años en Audiencia Pública de Esteban Soriano Arrieta), padre ejemplar y esposo que supo construir y conservar unida a su familia hasta el último día que respiró el aire de este planeta. Desde el punto de vista literario escribió crónicas, equivalentes a las Tradiciones Peruanas de don Ricardo Palma, de quien fue un lector recurrente. Escribió, para las generaciones actuales, el Huánuco del ayer, ese Huánuco del pasado, pero que en su memoria lo mantenía fresco, vigente y con brillo de lo vivido, con intensidad y plena conciencia. El gran amor de Virgilio, sin duda, fue Huánuco, el Huánuco que dejó impreso en sus crónicas.

En el prólogo a El Beaterio y Nuevas Crónicas del Ayer (2011) escribí: “Don Virgilio López Calderón es una rica reserva de cultura huanuqueña, un huanuqueño con exuberante sabiduría en su memoria gigante, donde cabe el Huánuco de ayer y de hoy. Leer las crónicas de Virgilio López es disfrutar casi orgásmicamente con la historia de aquel Huánuco que solo vive en la memoria lúcida y grata, pero que sirve como referente necesario de lo que fuimos y podemos ser. Huánuco es identidad cultural y memoria histórica, vigencia real y ejercicio diario de experiencias; no es una moda ni frivolidad”. Ocho años después, Virgilio nos deja, pero suscribo lo mismo. Sigo pensando que VLC es el más grande escritor de crónicas que haya nacido en Huánuco. Solo cuando tengamos sordera dejaremos de escuchar placenteramente El Cóndor Pasa; solo cuando quedemos ciegos, tengamos cataratas en los ojos, dejaremos de leer las crónicas de Virgilio López Calderón. Levantó vuelo de la tierra, pero quedan sus libros. El mejor modo de recordar con gratitud y nostalgia a Virgilio es leer, releer y releer sus crónicas para infundirnos de cálida huanuqueñidad, afecto por Huánuco, por esta tierra que nos vio nacer, seguramente nos verá también morir y descansar en su lecho milenario.

 

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