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19 julio, 2019
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Suecia: el país donde los parlamentarios no tienen asesores propios y se pagan el café de su bolsillo

Por: Claudia Wallin, tomado de la BBC Brasil

El día a día de los diputados suecos del nuevo Parlamento, elegido en septiembre, estará impregnado de la austeridad habitual en ese país: despachos de siete metros cuadrados, apartamentos pequeños para funcionarios y límites estrictos a la hora de usar el dinero de los contribuyentes en el ejercicio de la actividad parlamentaria.

Los diputados suecos no disfrutan de beneficios adicionales como los que tienen los parlamentarios de otros países, como presupuesto para fletar aviones, ayuda para el alquiler, dietas, contratación de asesores particulares, ayuda para gastos médicos, guardería pagada para los hijos y fondos para la divulgación del mandato, entre otras cosas.

Además, en Suecia la inmunidad parlamentaria es un concepto que no existe.

«Somos ciudadanos comunes», cuenta el diputado Per-Arne Håkansson, del Partido Socialdemócrata, en su despacho del Parlamento sueco. «No tiene sentido conceder privilegios especiales a los parlamentarios, porque nuestra tarea es representar a los ciudadanos y conocer la realidad en la que viven. Representar a los ciudadanos es un privilegio en sí, ya que tenemos la oportunidad de influir en el rumbo del país», añade Håkansson.

A cada inicio de mandato, los 349 diputados suecos reciben -igual que el presidente del Parlamento- una tarjeta anual para utilizar el transporte público. Y también un amplio código de ética que va acompañado de información sobre el restringido uso de los fondos públicos y las normas de conducta para la actividad parlamentaria.

Los carros oficiales son pocos, y tienen uso limitado. El Parlamento posee solo tres vehículos, del modelo Volvo S80. Esta flota solo está a disposición del presidente del Parlamento y sus tres vicepresidentes para actos oficiales.

«No es un servicio de taxi», explica René Poedtke, del sector administrativo del Parlamento. «Los carros no sirven para llevarlos a casa o al trabajo».

En Suecia, el único político que tiene derecho a carro de forma permanente es el primer ministro. El carro pertenece a la flota de la policía secreta sueca, la Säpo (Säkerhetspolisen). Los ministros pueden pedir vehículos «cuando tengan fuertes razones para necesitarlo», según dice un asesor del gobierno.

No pueden subirse el sueldo

El salario bruto de un diputado del Parlamento sueco es de 66.900 coronas suecas al mes (unos 7.200 dólares). Tras pagar los altos impuestos, el salario neto es de aproximadamente 40.000 coronas suecas (unos 4.300 dólares), lo que equivale a menos del doble de lo que gana un profesor de primaria en Suecia.

Un vistazo a los precios de Estocolmo da una noción de lo que se puede comprar en la capital sueca con 110 coronas: un café con tres o cuatro ‘bullar’ (los tradicionales panes dulces suecos que acompañan el café), o una pizza con un refresco, o una ración del tradicional plato de ‘köttbullar’, las albóndigas suecas con mermelada de arándanos rojos y puré de patata. En los pequeños restaurantes populares, un plato cuesta de promedio unas 100 coronas suecas.

Hasta 1957 los diputados del Parlamento sueco ni siquiera tenían salario: solo recibían las contribuciones de los miembros de los partidos.

Y ningún diputado tiene el privilegio de aumentarse el salario: en Suecia, los salarios de los parlamentarios los determina un comité independiente llamado Riksdagens Arvodesnämd.

Este comité está formado por tres personas: el presidente, que por regla general es un juez jubilado, y dos representantes, que suelen ser exfuncionarios públicos o periodistas. El comité lo nombra la Mesa Directiva del Parlamento.

«No hay ningún parlamentario entre nosotros, somos un comité con independencia garantizada por la Constitución. La Mesa Directiva del Parlamento no puede darnos ninguna directriz», afirma su presidente, Johan Hirschfeldt.

Ex-presidente de la Corte de Apelación de Estocolmo, Hirschfeldt explica que el comité se reúne una vez al año, tras el receso del verano europeo. «Pero eso no significa que a los diputados se les suba el salario cada año», matiza.

Para evaluar si se les aumenta o no el sueldo, el comité hace un análisis de las circunstancias económicas de la sociedad como un todo, incluyendo índices de inflación y de variación salarial tanto en el sector público como en el privado.

La decisión del comité es soberana: no se puede impugnar y no tiene que someterse a votación en el Parlamento. «Los parlamentarios no tienen ningún poder de decisión en el proceso, y no sé si se quedan satisfechos o no con el salario, porque ningún parlamentario llamó nunca para pedir más ni quejarse», asegura el presidente.

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