SEÑOR DE BURGOS

Por: Arlindo Luciano Guillermo

El Señor de Burgos es el Rey y Patrón de Huánuco, centro de ferviente devoción de miles de feligreses huanuqueños, quienes en octubre (y no necesariamente los 11 meses restantes del año) fortalecen la fe y la lealtad al Cristo crucificado que recorre calles con pausa, parsimonia y soberanía sobre los hombros estoicos de la hermandad. Los vecinos, instituciones y barrios se preparan con esmero para recibir al visitante, a quien le pedirán “bendiciones, salud y protección”. Ha llegado el Señor de Burgos para los homenajes merecidos, rezos, peticiones y súplicas. El Cristo burgalés es el personaje principal de la religiosidad huanuqueña. Huánuco es un pueblo mayoritariamente católico, creyente incondicional del Cristo morado.
El Señor de Burgos representa la más grande manifestación de religiosidad, tradición católica e identidad cultural. Un mar morado avanza detrás de las andas del Cristo de Burgos. Cánticos, rezos, una banda de músicos acompaña los pasos lentos de la feligresía, sahumaduras llorosas dispersan incienso, los rosarios transitan por los dedos una y otra vez, la lluvia refresca la fatiga y el largo caminar. Algunos inmortalizan su cercanía anual con una foto con el celular; muchos feligreses resuelven el problema de ir a la procesión desde el balcón y la azotea, arrojan pétalos de flores multicolores. Las alfombras (ahora ya no es con aserrín en hora buena) exhiben creatividad, arte popular, frases religiosas e imágenes para la ocasión. El castillo pirotécnico de la víspera (como en “la noche todos los gatos son pardos”) contribuye con la contaminación ambiental. Los cohetes aéreos detonan jubilosos “bajo el cielo huanuqueño” como señal de la presencia del Señor de Burgos.
Una fe sin corrección, coherencia ni obras no sirve. Una fe sin acción ni amor al prójimo es una farsa. Podemos rezar mil veces, vestir hábitos de todos los colores, cargar mil veces las andas del Cristo crucificado, podemos entregar ofrendas todos los domingos, dar unas míseras monedas a los mendigos y pobres, pero si no hay un cambio de actitud, si la soberbia devasta como un terremoto la sencillez y la humildad, si no apostamos por un rumbo nuevo y renovado de la vida, la devoción será instintiva, solo crecerá por inercia y sin convicción.
El Señor de Burgos es el Cristo crucificado, aquel que fue asesinado en el Gólgota. Es el Cristo, Hijo de Dios Todopoderoso, que inmoló la vida por todos nosotros. Él representa el camino, la vida y la verdad. Si permitimos que Cristo sea la luz resplandeciente en el camino diario que recorremos, entonces todos nuestros actos, palabras e intenciones serán correctos, honestos, desprendidos de egoísmo, de culto a la personalidad, codicia y latrocinio fragrante o por encargo. Cristo (jamás lo olvidemos, cristianos) nos dejó el mensaje de salvación espiritual, amor a Dios y al prójimo. Al Paraíso no se llega con los bienes intactos, la fortuna en costalillos, con el título de propiedad de la casa propia ni en automóvil lujoso. Al Cielo se ingresa con una credencial práctica: haber vivido correctamente amando a Dios y al prójimo.
Las calles de la ciudad de Huánuco, durante 3 días, se convierten en un mar morado. Los feligreses avanzan contritos, pidiendo perdón, clamando misericordia, detrás o junto a las andas del Señor de Burgos, que derrama bendiciones y da oportunidades para cambiar de actitud, hacer de nuestra vida útil para el prójimo. No es más devoto o creyente quien más veces repite las palabras de Jesús. ¿Cuál es nuestra actitud todos los días en la familia, con los hijos, con el prójimo, en la institución donde trabajamos? ¿Si somos servidores públicos atendemos con esmero, equidad y respeto al usuario? ¿Si somos bajateros cobramos el pasaje justo? ¿Si tenemos un poco más que los demás, lo compartimos con los más necesitados?
El pueblo huanuqueño tiene en su corazón y en su memoria al Señor de Burgos. Cada octubre el Señor de Burgos, como para refrescar el aire de la ciudad, sale en hombros de la hermandad. El tránsito se congestiona, los alquiladores de arcos se desplazan con rapidez y los ambulantes hacen su agosto en octubre. Los niños felices acompañan la procesión para iniciarse en la devoción. Cuando sean jóvenes ya podrán cargar las andas.
Vestir el hábito morado del Señor de Burgos es un honor religioso, un compromiso de coherencia de vida y una misión para acrecentar la devoción. Huánuco es un pueblo eminentemente religioso; tiene sus santos patronales, devociones marianas, fiestas en conmemoración de santos y beatos. Huánuco fue fundada el 15 de agosto de 1539 bajo la advocación de la Virgen de la Asunción; Los Negritos salen a danzar, durante casi un mes, por devoción al Niño Jesús.
Señor de Burgos, ablanda nuestros corazones para ser sinceros, amables, solidarios, menos avaros, codiciosos, envidiosos; fortalece nuestra fe, que nuestras palabras se conviertan en hechos concretos, que seamos correctos y leales con lo que hacemos todos los días. Señor de Burgos, danos sabiduría, coraje y decisión para cambiar nuestras actitudes negativas y poco cristianas. Haz que nuestra vida diaria, con el oficio y la profesión que ejerzamos, sea útil, transparente, decente, confiable para servir al prójimo. Que el dinero no sea el objeto que nos desquicie, se convierta en el fin supremo de nuestra vida. Que la hipocresía no siga guiando nuestra actitud y nuestras palabras. Que todo lo que hagamos los 11 meses, hasta el próximo año, tengan el sello del mensaje de Cristo: perdonar las ofensas, hacernos a los oídos sordos con los insultos, ayudar al prójimo, no perder el tiempo en buscar con lupa la paja en el ojo ajeno, ser promotores de la paz, agradecer por los favores recibidos. Señor de Burgos, somos imperfectos, falibles, vulnerables al pecado, al error y a los defectos, pero con ganas astronómicas de vivir feliz, sin apremios, con deseos de ser buenos cristianos. Sabes, Señor de Burgos, que nada es imposible cuando tú nos ayudas, nos apoyas y nos das valentía, nos alimentas la paciencia. Señor de Burgos, danos valor para actuar con decencia, sin robar, sin insultar, sin herir el honor del prójimo. Señor de Burgos, somos mortales, terrenales, con los pies sobre la tierra, pues nacimos para vivir y algún día moriremos.
Señor de Burgos, hasta el próximo año, cuando otra vez, sobre los hombros de la hermandad, purificada la víspera, salgas a recorrer por la calles de la ciudad para pedirnos cuentas de todo lo que hicimos durante el año. Señor de Burgos, te agradecemos por la vida y aire que respiramos, te pedimos perdón por nuestra torpezas y faltas leves o graves, te pedimos que jamás nos dejes solos en el camino que aún nos toca recorrer. Te pedimos que nuestras palabras se conviertan en hechos y decisiones correctos. Una fe sin acción ética es inútil.