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30 junio, 2022

A la prensa no la debe callar nadie

Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Si ha habido una constante en el gobierno de Pedro Castillo desde el momento mismo en que llegó al poder, esta ha sido, a no dudarlo, su desprecio por la labor de la prensa, su ya proverbial negativa a conceder entrevistas, su nulo reconocimiento al importante papel que, en democracia, juegan los medios de comunicación. Actitud que no tendría por qué sorprendernos en lo más mínimo, hay que decirlo, si de quien estuviésemos hablando fuese de alguno de los dictadorzuelos latinoamericanos que tan bien conocemos (y que, por ello mismo, tan acostumbrados nos tienen a esperar siempre lo peor de ellos en materia de libertad de expresión), y no de alguien como el impresentable que hoy ocupa Palacio de Gobierno, que, a la primera ocasión que se le presenta, se llena la boca diciendo que es el suyo un gobierno democrático, un gobierno que respeta las libertades de sus ciudadanos por sobre todas las cosas, aun cuando en la práctica demuestra todo lo contrario. Pues su oposición a brindar declaraciones a la prensa, amén del rosario de tropelías que se viene cometiendo durante su gestión en contra de periodistas, no hace más que pintarlo de cuerpo entero como lo que en verdad es: un aprendiz de tiranuelo tercermundista que más temprano que tarde habrá de acabar donde terminan este tipo de granujas.

Pero no nos adelantemos tanto, que lo que nos interesa comentar en este momento no es acerca de lo que pasará con este pobre hombre una vez que la ciudadanía y su representación comprendan, por fin, lo peligroso que es para todos los peruanos, para absolutamente todos, el que alguien así continúe al frente del Estado, sino más bien de lo que sucederá con nuestra ya mellada democracia si no se toman a la brevedad cartas en el asunto, respecto de los ataques que, desde diferentes flancos, viene asestando el gobierno de Castillo a diversos medios de comunicación y periodistas, en un claro y cuestionable afán de silenciar las críticas que se realizan en su contra. Porque por más incómoda que pueda resultarles la prensa a los gobiernos de turno, nada justifica que estos pretendan callarla mediante el empleo de recursos propios de las peores dictaduras.

Qué es lo que estaría comenzando a pasar en el Perú. Y los casos, por supuesto, son por todos conocidos. Solo para hablar de los más recientes, está la desafortunada afirmación del señor Castillo respecto de los medios, al pretender descalificarlos señalando que “esta prensa es un chiste” porque no sigue la que, según su chato entendimiento, debería ser la agenda que los medios en bloque prioricen: la que a él le conviene. Para ponerla en contexto, es importante tener en cuenta que la respuesta en cuestión fue brindada a un periodista al ser consultado sobre la doble versión que dio respecto a sus vínculos con la lobista Karelim López. Como se sabe, en su testimonio ante la Fiscalía de la Nación, indicó que no la conocía; sin embargo, en la entrevista dada al periodista mexicano Fernando del Rincón, conductor de “Conclusiones” en CNN en español, dijo que la había recibido en Palacio de Gobierno. ¿Chiste la prensa? Un mal chiste es lo que estamos viviendo todos los peruanos con este sujeto al frente del país.

A lo anterior, y en gran medida derivado de ello, se suma el despido del periodista Enrique Chávez, conocido conductor del programa Cara a Cara, transmitido a través de Tv Perú. Según el hombre de prensa, esto habría ocurrido luego de que se prohibiera emitir, en los noticieros del canal del Estado, nada que tuviera que ver con las declaraciones de Castillo respecto de que la prensa “es un chiste”. Naturalmente, los directivos del medio en cuestión han salido a decir que no se trataba de ninguna censura. Que lo que había ocurrido es que “El día de hoy (martes 22 de febrero) la Gerencia de Prensa le informó que, en el marco de una reestructuración en la programación, no se renovaría su orden de servicios. Por lo tanto, no se trata de un despido intempestivo sino de la comunicación del término de sus servicios periodísticos”. ¡Cómo no!

Una prensa independiente, una prensa cuestionadora, una prensa verdaderamente libre, siempre será garantía de que quienes se encuentren en el poder no tengan carta blanca para hacer lo que les dé la gana con los dineros del Estado, por lo menos no sin que la población se entere de ello. Defenderla es, por tanto, obligación de toda la ciudadanía. Pues cuando ella calla, cuando ella sucumbe bajo las presiones de los poderosos, los perjudicados somos todos. Absolutamente todos. No permitamos entonces que se vulnere nuestro derecho a estar informados. Que no hay censura, por muy pequeña e insignificante que parezca, que a la larga no acarree problemas mayores. Incumbe a todos los peruanos la responsabilidad de mantenernos vigilantes. Ocasiones en las que tengamos que hacer oír nuestras voces, lo sospechamos, habremos de tenerlas no pocas. Preparados estemos para lo que se viene. Que a la prensa no la debe callar nadie.

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