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Huánuco
3 octubre, 2022

AREQUIPA, LIMA, HUÁNUCO Y OTRA VEZ AREQUIPA

HUÁNUCO

Por Israel Tolentino

Por la calle Gral. Borgoño, Miraflores, caminamos con Paco Vílchez buscando la Galería de arte del Paseo, hermoso lugar; antigüedad y modernidad, una al lado de la otra, la preciosa huaca Pucllana dando la bienvenida. 

La vitrina que da a la calle ofrece un conjunto de obras, dibujos bordados en blanco y negro, la sala invita a entrar, es pulcra, exquisita, la artista contemporánea que inaugura la exposición “La existencia de nosotros” es Nereida Apaza Mamani, las obras, la muestra en su totalidad están dedicadas a Honoria, su madre.  

6:30 am. En el terminal del bus local, la ciudad de Huánuco despierta, las primeras aves, los mototaxis, la emolientera, el aroma a café filtrándose desde allí cerca. Huánuco, una capital antigua, recibiendo por primera vez a Raúl Chuquimia y Nereida Apaza, su mamá Honoria y Sebastian el primogénito, la familia de artistas talentosos que la ciudad de Arequipa ha dado en los últimos tiempos, una dupla que supera cualquier comparación en el medio nacional.

Subo un par de escaleras y la sala se abre a mi vista, a primera impresión se pueden notar sólidos conjuntos donde cada obra se desenvuelve sola. En la entrada, un fantástico libro bordado de poemas, hojas escritas a puntadas de aguja, Nereida nos sorprende siempre con una genial sutileza, hilvanando páginas, bordando silencios, tocando la sonoridad de los hilos entre los dedos.

Nereida, Raúl y familia recogen su equipaje, el viaje ha sido tranquilo, caminamos hacia la vereda del frente, guiados por ese perfume a café, humitas y tamales, afuera está nublado, la mañana empieza fresca, Huánuco y Arequipa acercan sus 500 años de mestizaje.

Hace frío en Lima, en la sala tibia me acerco a hojear los libros bordados apoyados en antiguas carpetas escolares. Un verso montado en la pared hinca el corazón en primera: Mi madre me ha enseñado a coser mis heridas… un pequeño lienzo, que tranquilamente cabría en el pecho, sostiene este verso que canta un arco.

Vamos a Huácar, el pueblo sin tiempo, caminamos hacia el río Huacarmayo y guiados por la alegría y energía de Fátima, Sebastian y Bernadette, llegamos al encuentro del río Huertas; cargamos piedritas que se arrojan al río, los niños se emocionan viendo las ondas en las aguas, regresamos con hambre, nos espera una rica pachamanca cortesía de los mayordomos de la fiesta de San Miguel en septiembre próximo.

Subo y bajo por la galería del Paseo, la segunda copa de vino en la mano, luego de tanto tiempo encontrando amigos artistas; la muestra es un regalo, la poesía subiendo y bajando las escaleras, la blancura de los cuadros, mostrándonos que la vida y el arte navegan al mismo Ithaca.

Los días se pasan volando, visitamos la casa de Alex, un lugar que devolverá las palabras a los ojos. Nereida borda las últimas hojas de lo que será su próxima individual en Lima, es un sueño verla trabajar en nuestra ciudad; poco a poco nos acostumbramos a su presencia transformadora.

La noche limeña es muy oscura y fría, nos tomamos muchas fotos y conversamos como queriendo que las horas queden retenidas en cada palabra, Raúl toma muchas fotografías, Sebastian corre y disfruta el espacio galerístico como si corriera aguerrido sorteando piedras del prado huanuqueño.

Acabó un día y subiéndonos al mototaxi, como una enorme familia,  vamos a una pizzería que hemos descubierto antes de la pandemia, un rincón de ambiente agradable opuesto a los bulliciosos locales de la ciudad; coincidimos en la ubicación de siempre, juntamos las mesas, seguimos conversando; Nereida vienen de estar invitada en el Museo Británico, para donde trabaja un conjunto de obras a partir del estudio de las tradiciones textiles populares nacionales, ha elegido técnicas de bordaduría huanuqueña; al día siguiente conocerá a la pareja Isabel Chávez y Edgar Santiago, memoria y maestros del bordado regional.

La noche ha terminado en Lima, es hora de despedirse y emprender el viaje de retorno, siguen las fotos y los abrazos del adiós, como en un Aleph, esta noche nos ofrece un recomenzar, sentir que las distancias se pierden en momentos especiales como este. Detrás nuestro, la huaca seguirá aguardándonos.

Vamos a Tomaykichwa, donde tío Nelson prepara el asado y dirige el amasijo, don Víctor Domínguez pone la casa. Otro día intenso, lazos que se llenan de mucha más esperanza, nombres que se vuelven familia: Nereida, Raúl, Elita, Paco, Nelson, Víctor, Theo, Heydi, Rodrigo, Fredy, Israel, Sebastian, Fátima, Bernadette… las estrellas alumbran esta noche con un parpadeo especial, el regreso a casa será con aroma a pan, sabor a bizcochitos y la dulce promesa del pronto retorno (Amarilis, agosto 2022).

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