Según la Organización Mundial de la Salud hasta el 13 de agosto, 29 vacunas están en proceso de desarrollo. De este número, 15 se encuentran ensayándose en personas.
El país que se ha enarbolado como productor de la primera vacuna contra la COVID-19 es Rusia, pero científicos de todas partes del planeta han denunciado la certificación tildándola de inapropiada y hasta prematura.
El Ministerio de Salud del país euroasiático emitió un certificado de registro de una vacuna que solo ha sido experimentada en 76 personas. Este exiguo número de pacientes, además del precoz anuncio del Gobierno, se ha llevado la crítica de los inmunólogos, quienes sostienen que todavía no hay manera de conocer si la vacuna es segura y efectiva.
“Rusia no ha completado grandes ensayos para probar su seguridad y eficacia, y el lanzamiento de una vacuna no examinada adecuadamente podría poner en riesgo a las personas que la reciben”, han sostenido en coro diversos científicos desde la reconocida revista Nature. Según los expertos, el Gobierno Ruso no ha completado un ensayo que demuestre que la ‘Sputnik V’ es segura y eficaz.
Según un documento publicado por la OMS, el proyecto de vacuna que se desarrolló en el Instituto de Investigación Gamaleya, en Rusia, está por detrás en relación a otros medicamentos prospectivos.
En la otra arista y fungiendo como antípoda y competencia de los rusos, los científicos de la Universidad de Oxford han descubierto que la fórmula desencadena en las personas una respuesta que ofrece una doble defensa contra el coronavirus.
El pasado 20 de julio publicaron resultados que mostraron que los ensayos iniciales en 1077 personas adultas generaban anticuerpos y células T. Y este hito alimentó la esperanza de hallar la cura para fin de año.
“La vacuna de Oxford es muy interesante porque es la única que utiliza adenovirus de chimpancé”, manifestó Ricardo Ruttiman, médico infectólogo de la Fundación del Centro de Estudios Infectológicos.




