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26 octubre, 2020
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Actualidad Internacional Salud

Criogenia: la hija de un científico lleva cinco años congelada tras su muerte

Sahatorn Naovaratpong, un científico y empresario de Tailandia, tomó la decisión de preservar a través de la criogenia a su hija de dos años para que tuviera la oportunidad de vivir “algún día”. El caso llegó a los titulares mundiales en 2015 cuando la pequeña Matheryn Naovaratpong, conocida de cariño como Einz, se convirtió en la persona más joven del mundo en ser congelada.

Se trata de un proceso real, aunque no se sabe si efectivo, que busca congelar un cuerpo y preservar sus órganos para que pueda ser resucitado en un futuro indeterminado. A una temperatura ideal, un cuerpo ‘aguarda’ el momento en que pueda volver a la vida.

La biografía de Einz ha vuelto a sonar luego de que Netflix lanzara, el pasado 15 de septiembre, el documental Hope Frozen: A Quest to Live Twice, una pieza fílmica dirigida y coescrita por la periodista Pailin Wedel, junto con Nina Ijäs.

El doloroso diagnóstico de Einz

Einz recibió el diagnostico de ependimoblastoma, una forma de cáncer poco común, pero la más letal de todas.

Un tumor de 11 pulgadas estaba presente en el lado izquierdo de su cerebro, lo cual le produjo el estado de coma. Los médicos extirparon la mitad de aquella masa maligna y debieron perforar su cráneo para aliviar la presión en su cerebro.

Por un lado, Einz probablemente nunca despertaría. Incluso si se despertaba, todavía tenía que luchar contra el tumor agresivo. Después de todo, como nadie en el mundo ha podido vencer al ependimoblastoma, los especialistas aconsejaron a los padres que le quitaran el soporte vital.

Sin embargo, en una semana y contra todo pronóstico, Einz se repuso. Desde entonces la pequeña debió soportar 12 cirugías cerebrales, 20 tratamientos de quimioterapia y 20 sesiones de radioterapia. Además, perdió el 80% de su cerebro izquierdo, lo que paralizó el lado derecho de su cuerpo.

Para noviembre de 2014, el cáncer se había extendido a su tronco cerebral. El 8 de enero del 2015, la pequeña salió de alta del hospital. Estaba completamente consciente, pero lo que devino fue un episodio demoledor.

“Entre la familia y otros parientes jugamos con ella y la celebramos antes de liberarla del sistema de soporte vital, sacamos ese peso de sus hombros a las 18:18. Las células de cáncer y otras células de su cuerpo se han guardado para estudios posteriores”.

Su cerebro ahora está guardado aparte en un Bigfoot Dewar, un contenedor de acero inoxidable aislado y al vacío que está lleno de nitrógeno líquido y se mantiene a -196 ºC, junto a una docena de otros órganos similares. La esencia de Einz descansa congelada en Arizona, a la espera de una cura para volver a tener un cuerpo.

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