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Huánuco
21 septiembre, 2020
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Editorial

Editorial. El gran negocio de la salud

La pandemia ha matado y sigue matando a millones de personas en todo el mundo. La gran mayoría de países, incluido el nuestro, están en la desesperada carrera de hallar una bendita cura.

De acuerdo a estimaciones del Ministerio de Salud, el Perú bordea los 60 000 muertos, sin embargo, existe una diferencia considerable de fallecidos durante esta pandemia que no han sido contabilizados y que podría incrementar la cifra a 3 o 4 veces más.

Debido al confinamiento, muchas personas han tenido que postergar sus atenciones médicas y otras se han visto en la urgencia de buscar atención particular. Hasta ahí todo bien, sino fuera por el hecho de que la gran mayoría de centros médicos, clínicas y servicios particulares en general han incrementado considerablemente sus precios.

Entendemos que existe el libre mercado en nuestro país, sin embargo, cuesta entender cómo algunos profesionales pretenden lucrar con la necesidad de las personas encontrándonos en una crisis sanitaria muy grave. Los galenos aducen que buscan ayudar a la población atemorizada asustada a mejorar su salud no sólo física sino también mental y psicológica por el doble o triple de la tarifa normal.

Por otro lado, muchas de estas llamadas clínicas, son pequeñas oficinas que funcionan como clínicas. Estas mini clínicas definitivamente están cubriendo una necesidad, la de atender a tanto enfermo en Huánuco que no puede ser atendido en los hospitales debido a que la atención prioritaria en los últimos meses ha sido el COVID.

Empero, hay que tener en cuenta que estas clínicas, informales en algunos casos, no cuentan con los requisitos ni cumplen con los protocolos establecidos de salubridad. Pero a pesar de ello, el control y fiscalización a estas es escasa.

Interesantemente, aun con estas deficiencias, pueden tener el permiso respectivo de las entidades encargadas de la Diresa.

Algo de lo que se ha hablado poco, es sobre el gran riesgo de contagio de la COVID en estos establecimientos improvisados de la salud. Que dicho sea de paso, han incrementado durante la pandemia.