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24 octubre, 2020
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El día que ello suceda

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Nuestro Congreso, que, si por algo se caracteriza, es porque jamás da puntada sin hilo, ha vuelto a jugarle sucio al país; y lo ha hecho de una manera que, incluso tratándose de una institución tan desprestigiada como esta, acostumbrada, como se sabe, a la comisión de toda suerte de bellaquerías, no puede hacer menos que sorprendernos. Ello porque, a diferencia de las innumerables ocasiones anteriores, en que, por obra u omisión, el Legislativo nos dio razones de sobra para sospechar que lo suyo es marchar en contra de los intereses del Perú, lo perpetrado ahora por los 107 congresistas que el pasado jueves votaron a favor de un proyecto de ley que busca reincorporar en sus cargos a más de 14 mil profesores cesados el 2014, debido a que no rindieron una evaluación o a que fueron desaprobados en ella, no solo confirma el poco o nulo interés del Parlamento por los asuntos de fondo, por las cuestiones verdaderamente relevantes para el país, sino que además demuestra, por enésima vez, que, para un amplísimo sector de nuestra llamada clase política, la educación de nuestros niños y jóvenes importa, literalmente, un maldito carajo.

Conscientes, a buen seguro, de que lo que tenían planeado hacer merecería la reprobación inmediata de la población pensante, que, aunque poca, la hay; y de cierto sector de la prensa, aquel que, todavía, informa con relativa imparcialidad, a pesar de las conocidas presiones económicas a las que se lo somete de ordinario; los granujas en cuestión no tuvieron mejor idea que realizar la votación que devolvería a las aulas a miles de docentes interinos que en su momento fueron nombrados sin contar con título profesional, justamente en circunstancias en que la selección peruana de fútbol se enfrentaba a la de Paraguay. Y habida cuenta de que, como es de amplio conocimiento, en nuestro país primero es el fútbol, después es el fútbol y por último es el fútbol, nos enteramos del asunto recién al término del partido, cuando la infamia populista se hubo consumado.

Orquestada con la supuesta intención de procurarse la simpatía electoral de cierto sector del magisterio, aquel que ve, aún hoy, en la llamada Ley de Reforma Magisterial a una especie de monstruo que solo sirvió, que solo sirve, para vulnerar los derechos de los profesores, lo que la iniciativa legislativa de que se habla tendría en realidad, como ya algunos se han aventurado a sostener, es una motivación de índole más bien turbia; una que no pasaría por la mera obtención de unos cuantos miles de votos, que por lo demás se convierten en nada, sobre todo si los comparamos con el denominado “voto en contra” que les generaría de cara a las próximas elecciones. Ello porque resulta evidente que 14 mil potenciales electores, repartidos entre las ocho bancadas que votaron por la aprobación del mencionado proyecto de ley, no sirven absolutamente para nada; y menos aún después de la casi unánime indignación generada entre la gente.

¿Qué llevó, en cualquier caso, a la prácticamente totalidad del Legislativo a votar por la aprobación de un proyecto de ley que, como era previsible, les granjearía el repudio de la población? ¿Tendrán algo que ver en todo esto los buenos oficios del sindicato docente? ¿Habrán pesado en alguna medida las millones de razones con que cierta entidad financiera, administradora del dinero de más de 280 mil docentes, puede convencer hasta al congresista más honesto? Como sea, hay algo que no admite la menor duda, y es el hecho de que, si votaron como lo hicieron, no fue porque les interese la suerte de los profesores. De eso podemos estar seguros.

El caso es que, sea por el motivo que fuere, así están las cosas. Y se lo debemos, una vez más, a un Congreso que, si una cosa ha demostrado en los últimos meses, es que es capaz de llegar a tales extremos de populismo e insensatez, que solo pueden ser comparables con los de sus ilustres predecesores. ¿Llegará a promulgarse la leyecita de marras? Habrá que ver qué pasa en los próximos días. Por lo pronto, da gracia constatar que, movidos por la avalancha de críticas recibidas a raíz de su cuestionable proceder, han salido ya algunos congresistas a informar que reconsiderarían su voto “por el bien del país”. Es el caso, por ejemplo, de una ilustre poetisa, que no tuvo mejor excusa para justificar que hubiese votado por la aprobación del mencionado proyecto de ley, que decir que no leyó el contenido del mismo. ¡Qué va a leer proyectos de ley mamarrachentos! Si una intelectual de su nivel selecciona muy bien sus lecturas.

Los que no seleccionan lo que leen ni, mucho menos, a quienes les enseñarán en las aulas, son los estudiantes. Y ahora que lo pensamos, quizá el hacerlo, ambas cosas, queremos decir, contribuiría en algo a que nuestra venida a menos educación pública levante en alguna medida su por ahora capa caída. El día que ello suceda, y de esto estamos seguros, se elegirá a profesores verdaderamente cualificados para la enseñanza. Ojalá que cuando eso ocurra, sean los niños y jóvenes quienes también elijan a nuestras autoridades. Lo harían muchísimo mejor que nosotros.