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Huánuco
30 septiembre, 2020
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Opinión

EL MOTOTAXISTA

Escrito por Jacobo Ramirez Mays

«¿Cuánto el pasaje hasta Abtao con Tarapacá?», le pregunto a un chofer de bajaj. «Tres solcitos, jefe», me responde. Trepo al mototaxi como si fuera un atleta olímpico, y en segundos comienzo a recorrer las calles hacia mi destino.

«Jefe, los tombos son bien malos», me dice, buscando conversación. Yo, que no quiero hablar con nadie, solo atino a decirle «¡uju!»; él continúa hablando. «Yo los paro maldiciendo, y tengo mala boca, jefe». «Ah, ¿sí?», le respondo, sin tomarle importancia a sus palabras.

«Le cuento, jefe, un tombito me acaba de poner una papeleta. Le he suplicado, le he dicho que tengo familia que mantener, pero nada; creído, el tombo se puso a escribir la papeleta, no me respondió nada. De verdad, jefe, si ese policía estuviera sin uniforme, le atropello con mi bajaj; pero, como está uniformado, uno tiene que aguantarse, jefe».  

«¿Y sabe usted por qué me pone la papeleta? Por una cosa injusta. Lo que he hecho no es ninguna falta contra el reglamento. Le cuento. Mi hermana con su marido y su hijo me pidieron que les traiga al mercado de Puelles, y yo, de buena gente, les acepté; tú sabes jefe, a la familia no se le puede negar nada. Les he cobrado tres Luquitas, y eso ahora no me alcanza ni para el inicio de la papeleta. Le cuento. Llego a la puerta del mercado, el tombo me toca su silbato, me detiene y me dice que está prohíbo llevar tres pasajeros. Casi llorando, le suplico que me perdone, que será la última vez que lo haga, pero nada. Es como si sus oídos estuvieran taponeados; creído el cholo de mierda».   

«Pucha, jefe; disculpa, pero estoy renegando. ¡Qué de malo hay en eso! A ver dígame usted. Dice ese policía que está prohibido llevar tres en el mototaxi, yo también sé eso; pero cuando es familia uno no se puede negar. Familia es familia. ¿Usted qué opina?»

«Me puso una papeleta de no sé cuánto, y ni quiero saber. Por joder, voy a votar su papeleta. La voto, y digo que nunca me la ha puesto. Además, yo no quise firmar de puro pendejo. Dice que ha puesto ahí que no quise firmar, pero yo, por Diosito y persignándome tres veces y mirando al cielo se lo digo, no firmé, ¿y sabe por qué?, porque yo no sé leer; peor firmar pe, jefe».   

«Pucha, por estar conversando con usted, me he pasado la luz roja; ojalá no haya ningún tombo por ahí. Porque si no, me pone otra papeleta, y ahí sí creo que voy a estar más jodido. Felizmente, no hay ningún ladrón con uniforme; ¿ves, jefe?, cuando uno tiene suerte, hasta la luz roja te puedes pasar». 

«Te cuento, seguro conoces a un tombo medio negro no más, alto, cara de malandro. Un día, me hace parar para hacerle un taxi; en el camino le pregunto si es policía, y me cuenta que le dieron de baja. ¿Te acuerdas de mí?, le dije. Soy ese chofer al que pusiste una papeleta cuando me entré media cuadrita en contra. Usted me intervino, yo le rogué que no me ponga la sanción, y usted me dijo cuánto me vas a dar. Mis diez soles le di, todo lo que había ganado ese día. Y el negro, todo cachaciento, me dijo: «La próxima que te encuentre me das una yapita». Pero como yo le maldije, ahora está de baja. ¿Ves, jefe? Así de salada es mi boca». En eso, frena intempestivamente, saca su cabeza por un costado, y grita a una transeúnte: «Pasa rápido, pe. Después, jefe, cuando se les atropella, están llorando. Ha visto usted qué irresponsable es esa señora, yo estoy avanzando, la luz del semáforo recién acaba de cambiar a rojo, pero ella ya se metió. Bueno, hay que tener paciencia».  

Después, me dejó en mi destino, me cobró lo acordado y me dijo: «Cuídese, jefe. ¿Se dio cuenta que soy buen chofer, respetuoso, educado? No como ese tombo de mierda».

Las Pampas, 10 de setiembre de 2020