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Huánuco
15 agosto, 2022

EN TORNO A “NÁUFRAGOS DE LA NOCHE”

   Un nuevo libro de Samuel Cárdich


Escribe: Ronald Mondragón Linares

En la etapa de su plena madurez literaria y de trayectoria vital, Samuel Cárdich (Huánuco, 1947) nos ofrece un libro, “Náufragos de la noche”(Edit. Ámbar, 2022), que cuenta con todos los atisbos melancólicos necesarios para ser una novela, pero que formalmente y por el contenido se presenta como un libro de memorias.

Si bien es cierto que existe un eje narrativo alrededor del cual gira la historia-y la vida del autor-, una especie de personaje colectivo llamado el Grupo de los Seis, en su devenir no se estrella contra un antagonista específico y definido, sino sencillamente contra la propia vida real y el ineluctable paso del tiempo. La trama no puede ser sistemática, porque las vidas de los integrantes del Grupo son paralelas y se bifurcan según su propio ritmo e intensidad natural; he ahí la naturaleza libre, pero al mismo tiempo veraz y confiable de las memorias.

En el proceso de creación del contenido del libro, el Grupo de los Seis constituye, al mismo tiempo, la causa y su razón de ser. La historia-en realidad, las historias-se alimenta de él y todas ellas medran a partir de dicho eje que realmente funciona como un motor narrativo, compuesto por varios narradores y que hábilmente hace pasar a un segundo plano al autor-narrador, ya sea como protagonista, coprotagonista y a veces como simple observador de los hechos y la(s) historia(s) rememorados.

El argumento, o más propiamente el soporte o sostén narrativo de donde nacen y adonde se dirigen los dispares y disímiles episodios y acontecimientos, son las vicisitudes de la travesía vital que experimenta el Grupo de los Seis, en sus consuetudinarias reuniones de bohemia de todos los sábados. Lo que une a sus integrantes, además del impulso vital de una existencia libérrima, son estrechos lazos de amistad desde la infancia, acompañados de determinadas aficiones por el arte (la poesía, la pintura, la escultura, el canto). Sin embargo, más que importancia argumental, el Grupo de los Seis es el gran referente temporal que convierte en ríos tributarios las vidas reales de amigos-Demetrio, Gacho Rivas, Xabier, Checo, Oché  y Pepelucho Trigos-, quienes, azorados por el paso del tiempo fugaz, caen en la cuenta de pronto que ya se encuentran “rezagados en un presente sin tiempo” y quizá por eso mismo de cara ante la muerte. De manera que el eje narrativo que constituye el Grupo, finalmente acaba convirtiéndose, ya no en simple centro de producción de anécdotas, sino en la ruleta del tiempo que conduce al fin de la existencia.

Por otra parte, ¿cuáles son los mecanismos formales de que se vale Cárdich en esta nueva propuesta literaria? Habría que empezar diciendo que, para el autor, es decir, para su propia vida, la existencia del Grupo de los Seis tuvo una singular importancia, una relevancia que solo él puede comprender desde el fondo de su corazón. Y quiere dar testimonio, en el sentido estricto de dar fe, lo cual implica el filtro de la confiabilidad que otorgan las memorias, no la ficción pura.

Por todo ello, Samuel Cárdich solo quiere narrar, narrar con la mayor fidelidad los hechos realmente ocurridos. Así, hace gala de un lenguaje casi directo, coloquial, en un notorio esfuerzo por escapar de los filtros estético-literarios que pudieran generar artificio, hermano de la falsedad, si entendemos por tal artificio el propósito deliberado y superficial de crear fatua retórica.

El tono narrativo empleado cambia acorde con las situaciones diversas y, sobre todo, con los distintos narradores que se van sucediendo a lo largo del libro. En general, el autor alterna el narrador omnisciente con el de primera persona, fácilmente identificable con Checo, el propio Samuel Cárdich. Es llamativo en este punto que el autor prácticamente no deja  narrar por sí mismo a ningún integrante del Grupo de los Seis; más bien adopta como narradores en capítulos independientes a personajes allegados al Grupo, como Micki o Julieta de los Espíritus, conocida en el mundo del oficio más antiguo del mundo. Y no es en modo alguno casual que precisamente los picos narrativos más altos de la obra se encuentren precisamente en aquellos capítulos, lo cual además de ser un mérito, a las claras muestra su experticia en el arte de narrar.

En ese sentido, se puede afirmar que “Náufragos en la noche” no tiene como intención expresa realizar ningún planteamiento filosófico, menos aun moral. En uno de los capítulos más bellos, “Una fría mañana de otoño”, se intenta hacer una especie de balance a través de la reflexión. Pero esta no intenta filosofar nada. Solo es un darse cuenta, un asombro sobre la cruel fugacidad de la existencia y los restos que deja “el menoscabo del tiempo cruel”. Porque, como dice Blanca Varela en uno de sus versos, alguien tiene que pensar la vida.

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