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Huánuco
30 septiembre, 2020
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Opinión

Entre racismo y blanqueamiento

Escrita por Denesy Palacios Jiménez

A raíz de los últimos acontecimientos ocurridos con la designación del señor Zevallos a la Organización de Estados Americanos (OEA), y el comentario de la congresista Chávez, manifestando que por sus  rasgos andinos debía ser nombrado en la República de Bolivia, nos trae a colación el problema social latente en la nación peruana.

Por una parte, vemos que el racismo consolidado siglos atrás no ha desaparecido ni perdido importancia en las interacciones sociales, sino que se ha transformado en el contexto contemporáneo. Pues, la complejidad racial responde a una lógica histórica que nace en el siglo XVI, con la imposición de la colonia denominada Virreinato, donde los españoles instauraron la idea de la superioridad blanca / española. La decencia y el honor se lograban básicamente a través de la posesión de títulos nobiliarios (linaje) y/o de los rasgos físicos blancos. La sociedad colonial le adjudicó a los no blancos y a aquellos sin títulos nobiliarios, características morales, estéticas y civilizatorias negativas según el porcentaje de blancura que se les adjudicaba, siendo clasificados en castas que debían pagar tributos diferenciados, donde los menos blancos eran quienes pagaban mayor porcentaje de impuestos. Por ello, no es de extrañar que blanquearse se convirtiera en el ideal social por excelencia, ya que era la única forma de aumentar el valor social de la persona en un contexto significativamente racializado.

Por otra parte, el problema del blanqueamiento en el Perú, se manifiesta de manera social en todo ámbito ya sea cultural, social, económico e incluso político; la discriminación racial y el afán por generar el blanqueamiento, se manifiesta como una alienación en las personas para ser aceptadas dentro de un grupo social, laboral, etc.

Ello permitió el desarrollo en los países colonizados, de sistemas de protección de privilegios anclados en la blancura, lo que a su vez, generó la acumulación de privilegios económicos, socioculturales y políticos en los colonizadores y sus descendientes. (Francisco Galarza, 2015)

Las consecuencias del racismo son muchas, pero, en su visión, podemos enumerar las siguientes: la primera es que se trata de una práctica que se ha ido reproduciendo de generación en generación. El racismo está constituido por hábitos de naturaleza colonial que recorren el tejido social y las mentalidades individuales y colectivas. (Vich, 2018). De un lado, constató que vivimos en un país sin entidades colectivas que amparen a los individuos y, de otro, que mucha gente no se da cuenta de sus prácticas racistas porque el racismo actúa como una especie de automatismo que se ha ido sedimentando, desde la niñez, a partir de prejuicios y discursos naturalizadores. Portocarrero siempre sostuvo que el racismo porta una dimensión inconsciente y por eso se hace tan difícil de erradicar.

La segunda consecuencia del racismo refiere al profundo descrédito de las figuras de autoridad en el Perú. Día tras día, constatamos un déficit de legitimidad de las autoridades y de las instituciones nacionales. Para los peruanos, en efecto, ninguna autoridad ofrece garantías. Quienes ocupan los cargos se creen superiores y quieren demostrar su prepotencia de alguna manera, y empalma con la falta de cristalización de una relación moderna de representante ciudadano.

La tercera consecuencia se refiere a la constatación de que, en el mundo actual, lo indígena solo está valorado como forma de marketing y de diferencia mercantilizada.

Concluimos diciendo que la Sra. Chávez, aún tiene ese prejuicio, y denota una falta de identidad increíble, y por otra parte el señor Zevallos en su afán de blanqueamiento cree que está preparado para representarnos ante la OEA?

Como bien dice Gonzalo Portocarrero, la lucha por descolonizarnos continúa todavía.