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Huánuco
5 diciembre, 2020
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Opinión

HEREDAR LA TIERRA

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Hora de silencio, Blanco de hospital, La mella del tiempo o La memoria del dolor revelan experiencias personales, el tránsito complicado del ciudadano por la vida, la gratitud y la admiración a mujeres cercanas al poeta (madre, tía, esposa), poetización de la familia, los amigos y la sociedad.  Heredar la Tierra (Amotape, 2018. Págs.112) es el viraje de Samuel Cárdich hacia la ecopoesía o literatura de enfoque ambiental con la finalidad de mostrar, como en una galería fotográfica, a la naturaleza seriamente afectada por la depredación y la acción nociva del hombre. Se desapega, momentáneamente, del estilo intimista y subjetivo, para dar un salto hacia la perspectiva ambiental y la defensa de la naturaleza.  

Heredar la Tierra contiene 9 secciones temáticas definidas. En Migraciones (6 poemas, sin la camiseta de fuerza de la rima) construye uno de los más grandes espectáculos visuales y placenteros protagonizados por animales de diferentes especies. En Apologías (12 poemas), el poeta y el ciudadano sensible Cárdich, como un ilustrado abogado ambientalista, asume valientemente la defensa de la flora y la fauna salvajes. En Preces (5 poemas), la creatividad poética de Cárdich adquiere sinceridad y admiración plenas por la paloma mensajera, el extraordinario colibrí, la planta andina rima-rima, la Luna llena (esa que también encandila al poeta Andrés Jara) y al mítico unicornio, ese “caballito de los niños que se niegan  /  a crecer”). En Instantáneas (6 poemas) retorna la admiración lírica por eventos naturales efímeros: la lluvia, el agua, la puesta del sol, la alianza de naturaleza y animales para la convivencia armónica, la presencia del hombre en la naturaleza (“príncipe y esclavo de la creación feliz”). Estos 29 poema integran el primer bloque del poemario: Canto natural. Es lo que quisiera que se mantenga incólume, intacto, vigoroso, sin depredación ni extinción.

El segundo bloque titulado Zona de niebla. Es una furibunda interpelación contra ciudadanos depredadores, indiferencia de gobernantes y permisibilidad de las leyes   escritas con emoción, antes que con practicidad, para la protección y preservación del medio ambiente de la irracionalidad del hombre, ese que posee la materia más altamente evolucionada: el cerebro. En Extinciones (3 poemas) advierte la lamentable desaparición de la faz de la Tierra de especies animales, que nunca tendrán otra oportunidad de la vida: el dodo, el sapo dorado (“del tamaño de un meñique”), el tilacino (“can grande o lobo pacífico   /  con rayas de tigre en el lomo”). En Cacerías (7 poemas) condena la práctica de la caza deportiva como lo hacía Ernest Hemingway o la que mata animales para traficar vilmente con pieles, grasa o colmillos como el perpetrado por el tristemente célebre Bufallo Bill. Cayeron en manos de depredadores abyectos y naturales el guácharo, el impala, elefantes, búfalos, leopardos, osos, bisontes, rinocerontes, tiburones, delfines, etc. Homenaje (1 poema) es un panegírico de África, territorio de la sabana y origen de la humanidad y, a la vez, una invectiva contra las atrocidades y el dolor colectivo de hombres que fueron sometidos a la pobreza, la injusticia y la esclavitud. Iniquidad (4 poemas) es la protesta virulenta (que comparto) en contra del maltrato de los animales como trofeos de caza, de competencia o de espectáculo público sangriento, brutal, cruel. Monólogo del toro de lidia es una posición firme en contra de la corrida de toros, mientras que Islas Feroe condena la matanza absurda, por una “horda de vikingos”, de delfines cabeza de globo. El poema Sala de espera es la imagen de la más delirante insensibilidad: una manada de caballos viejos va rumbo al matadero ante la mirada incomprensible de los portillos. Poluciones (4 poemas) revela el grado calamitoso de la contaminación bárbara en el mar, la tierra y el aire. Dice Cárdich: “No es el amor lo que hoy calienta el mundo,  /  sino el smog, el humo de las chimeneas del lucro  /  que paraliza el aire y cubre de iniquidad  /  la Tierra.” El último bloque es Tres poemas para un epílogo. Los versos adquieren el tono esperanzador de la modernidad y la posibilidad de frenar en seco la depredación de la naturaleza. Dice Cárdich: “Que se cierre el delirio y se abra la promesa  /  del sol detrás de los espesos nubarrones  /  y sea el aroma de la rosa recién  /  abierta la que perfume el amanecer  /  y así el hombre prevalezca, sin ser más lobo  /  de otro hombre, habite a sus anchas  /  su destino, y como brisa  /  corra feliz cruzando libremente todas las barreras.” (Oración).          

Heredar la Tierra es un giro total de la temática que Samuel Cárdich habitualmente solía publicar: el entorno familia, la duda existencial, el dolor, la soledad, la crisis de la vida. Este libro, de notable orientación ambientalista, es un alegato firme, exhortativo, de admiración contemplativa y cuestionamiento severo, escrito con versos convictos y confesos, sin dar tregua al deterioro de la naturaleza ni a los depredadores que, como Búfalo Bill y Ernest Hemingway, matan por negocio o diversión. Samuel Cárdich ha integrado acertadamente, sin dogmatismo, retórica, estereotipos ni clisé, poesía y naturaleza en equilibrio respetuoso. Es la posición del poeta y ciudadano frente a la agresión en contra de la naturaleza que, a pesar de miles de años de depredación, sigue de pie, generosa y resiliente, regenerándose constantemente, sin resignación, sin caer de bruces. La naturaleza habla a través del poeta y la poesía. Si los poemas de Heredar la Tierra fueran reemplazados por fotografías artísticas captadas por la destreza de Fernando Zárate, el libro se convertiría en una edición lujosa de National Geographic. En Heredar la Tierra, la creación poética de Samuel Cárdich continúa sólida, sostenible y vigente; solo ha cambiado el tono y el tema.