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9 julio, 2020
Actualidad Opinión

HOMENAJE AL PADRE DE LA ARQUEOLOGíA PERUANA

Denesy Palacios Jiménez

Julio C. Tello nació en la provincia limeña de Huarochirí el 11 de abril de 1880. Fue arqueólogo, sabio, maestro y consagró su existencia a la investigación. La inmensa obra de Julio C. Tello (1880-1947), probablemente no ha recibido la atención que merece. La suya ha sido una de las influencias más sobresalientes en la conformación y desarrollo de la arqueología peruana y en la búsqueda de nuestra identidad nacional, por eso con justa razón se le conoce como el padre de la arqueología peruana, y el 11 de abril es el Día del Arqueólogo.

Tello tuvo el mérito encomiable de ser uno de los primeros científicos sociales en romper la idea dominante de inferioridad de los antiguos pueblos del Perú. Acumuló ingentes testimonios de la grandeza de nuestro pasado. Aquella grandeza estigmatizada por generaciones.

En sus innumerables recorridos e investigaciones sacó a luz innumerables tumbas, templos y ciudades, imágenes de dioses en oro, piedra y barro e infinidad de evidencias de la realidad sociocultural y económica del antiguo poblador andino, que permanecieron ocultas durante milenios.

Fue un defensor tenaz de nuestro patrimonio cultural que era presa fácil de las potencias extranjeras, creó el Patronato Nacional de Arqueología y en 1929 gestó la famosa Ley 6634: Hoy contamos con la Ley 28296. Demostró que cada vez que penetramos a las profundidades del pasado, a través de la arqueología, nuevas evidencias de grandeza nos iluminan y reconfortan.  

Vivió precariamente en Lima, conoció a Ricardo Palma. Estudió medicina y ciencias en la Universidad de San Marcos, graduándose en 1907 por aclamación, con la tesis “La antigüedad de la sífilis en el Perú”; recibe el grado de master conferido por la Universidad de Harvard, y después de desempeñar la dirección del Departamento de Arqueología en el Museo de Historia Natural, se enfrenta, en la década de los veinte, al hispanismo limeño de rancia estirpe colonial que exaltaba la herencia de España.

Tell logró con visión unitaria, enlazar el largo proceso histórico prehispánico con la historia colonial y republicana. Frente a las teorías de Max Uhle, quien afirmaba que las culturas que florecieron en periodos preincas, eran productos “desprendidos del gran tronco centroamericano”, “ramas periféricas de la antigua expansión maya”.

Propugnó el autoctonismo de la civilización andina, señalando que sus raíces se hallaban en Chavín y en pueblos que se habrían desarrollado siglos antes en la floresta tropical. Comprendió que en la coexistencia de ecosistemas variados, surgió la diversidad de culturas, de lenguas y estilos artísticos que no habían quebrado la unidad de la civilización andina.

De los tiempos nuevos de la Reforma Universitaria de 1919, batalló a través de sus fructíferas iniciativas e intervenciones en el Parlamento Nacional, o como director del Museo Nacional, y básicamente a través creación intelectual, fruto de una incansable investigación, evidenciada en sus obras fundamentales: “Introducción a la Historia Antigua del Perú” (1912); “Wirakocha” (1923); “Antiguo Perú” (1929); “Origen y Desarrollo de las Civilizaciones Prehistóricas Andinas” (1942); “Sobre el Descubrimiento de la Cultura Chavín en el Perú”(1944); y en las publicaciones póstumas realizadas gracias a la paciente y abnegada labor de su discípulo Toribio Mejía Xesspe, tales como “Paracas Primera Parte”(1956),”Arqueología del Valle de Casma” (1956); y “Chavín Cultura Matriz de la Civilización Andina” (1960). Todas ellas marcaron verdaderos hitos en la bibliografía arqueológica.  

La contribución de Tello es invalorable; destacados especialistas y conocedores de la problemática de los orígenes de las culturas formativas andinas, como Donald W. Latrap, afirman que Julio C. Tello, fue el primero que se ocupó de la unidad cultural de Chavín; estudios recientes, con definiciones más restrictivas y métodos más precisos, han llamado nuestra atención en los varios aspectos de las interpretaciones de Tello. Huánuco, puerta de entrada a la Amazonía, con el medio centenar de Kotosh, nos invita a seguir fortaleciendo la hipótesis de Tello, en el sentido que el origen de la cultura andina estaba en la Amazonía.

Huánuco, una de las regiones poseedoras de un rico y heterogéneo legado arqueológico, basado en la influencia andino amazónica y cuna del hombre de Lauricocha, demanda la creación de la Escuela Académico Profesional de Arqueología y Gestión Cultural;  solicitud que viene desde el gobierno anterior en la Unheval, y, por falta de viabilidad política se mezquina la creación de esta carrera profesional, que es clamor del pueblo y del patrimonio cultural arqueológico huanuqueño, ese sería el mejor homenaje a Julio c Tello.

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