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Huánuco
3 julio, 2022

Jaque al profesor

      Por: Marcos Cancho Peña

Si Pedro Castillo aún respira tranquilo es porque su partido político cuenta con 37 parlamentarios en el Congreso; ni más ni menos. Esa cifra representa a la gran mayoría en el parlamento, el airbag del aún presidente. Hay escándalos, mentiras, acusaciones en su contra, demostraciones de su incapacidad, muestras de ineptitud. Pero también hay 37 parlamentarios de Perú Libre a su favor, lo que termina haciéndolo fuerte ante los embistes… por ahora.

Estos siete meses de Gobierno se han vivido sin frenos, como si de cinco años se trataran. Se ha vivido con personajes sospechosos emergiendo de las sombras, como ocurre en los peores mandatos. Ahí tenemos a Bruno Pacheco, exsecretario del presidente, que es investigado por presunto tráfico de influencias y por los misteriosos 20 mil dólares que ocultaba en el baño de su despacho en Palacio; o a Karelim López, empresaria envuelta en investigaciones por presunta corrupción, que acusa a Castillo de formar parte de una mafia. Así, de entre la oscuridad, emergen las sombras y desfilan.

El lunes se debatirá la admisión de la moción de vacancia presidencial. Y, aunque puede que no existan los 52 votos necesarios para que se apruebe, parece haber una reveladora verdad: con los escándalos constantes, el número de opositores crece. De continuar la tendencia, sería solo cuestión de tiempo para que se dé el golpe final en la disputa de poderes. He de admitir que la oposición es nauseabunda, pero el presidente está demasiado cerca del lodo como para creer que no se encuentra manchado. Necesita responder. Responder de verdad por lo que se le acusa, no por medio de absurdos mensajes a la nación.

Todo hace indicar que Pedro Castillo no culminará los cinco años de gobierno. Han sido siete largos meses de aprendizaje, y los exámenes no los aprueba. Ni siquiera está cerca de hacerlo. Cuando su cuota de poder acabe, ¿qué será de él? ¿Regresará al campo y, entre desvaríos, sentirá que su propio ganado lo observa con ojos acusadores? ¿Volverá a las aulas y, con excesiva desfachatez, permitirá que sus alumnos continúen llamándolo “profesor”? ¿Reanudará su pasado de protestante sin causa?

En este tablero se juega al ajedrez. En la partida, han caído torres, alfiles, caballos; entre ellos, un pequeño peón que se jactaba de ser bala de plata y terminó abandonando antes de poder avanzar una casilla. El juego va sin un rey, porque el lugar de pieza fundamental fue tomado por un profesor. Y la partida no parece que fuera a durar mucho más: el profesor está desahuciado. Se está quedando solo. Sus movimientos son reducidos. A lo lejos se escucha “¡jaque, jaque, jaque!” y el ambiente está cargado. Llegará el “mate”, es casi seguro, pero al parecer aún no. Y qué intensas son algunas partidas de ajedrez, en serio

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