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Huánuco
24 octubre, 2020
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Opinión

LA PLANTITA

Escrito por: Jacobo Ramirez

La chacra está hecha para hombres rudos, para gentes con fuerzas suficientes para soportar las inclemencias del tiempo, para personas que saben de contemplar la luna, el sol, la lluvia, y sobre todo conversar con ellos; para individuos que tienen las manos toscas, en las que ya no ingresan ni las espinas; y no para aquellos que tenemos manos suaves, como potito de bebé.

Confieso que yo he tratado de ser un campesino más; pero, como dice uno de mis amigos, solo he llegado a ser sacha campesino. Con decir que la vez que se me ocurrió coger el pico, las manos me temblaron por dos días. He arado la tierra, y la yunta, como era previsible, terminó arrastrándome. He intentado regar, y el agua se me ha ido por todas partes. Incluso he querido chacchar como lo hacen los campesinos, y he terminado mascando coca desesperadamente, como si el mundo se fuera a acabar; metiéndome cal o bicarbonato hasta acabar con la lengua verde y los labios negros y cuarteados, al punto de que después no podía comer durante dos días.

Cierto día, un amigo me trajo unas semillas de moringa, las cuales se entreveraron con otras que había recogido por mi cuenta. Decidido a no dejarlas secar en un rincón de mi casa, decidí sembrarlas. Preparé la tierra, hice los surcos y dejé todo listo. Claro que esa labor un campesino la hace en un día; yo, sin embargo, la hice en una semanita nomás. Tiempo después de la siembra, comenzó a brotar una incipiente plantita. Me emocioné y agradecí a la mama pacha, a la mama killa y a todas las mamas habidas y por haber.

Cuando llegó el momento de cultivarlas, encontré una plantita medio pintoresca que estaba ahí junto a una moringa. No la arranqué porque la vi inofensiva. Pasó algún tiempo, y la plantita comenzó a llamar mi atención; era como la plantita fea entre las demás. Deseoso de saber de qué planta se trataba, le tomé una foto y se la envíe a un especialista, a fin de que me dijese qué era. Como esa persona siempre para muy ocupada por las entrevistas internacionales que le hacen, por las fans que tiene que atender, por el arte que desarrolla y por el pollito que tiene que cuidar, me respondió después de algunas semanas.

Una tarde, mi peón, muy asustado, me dijo lo siguiente: «Profe, tenga usted cuidado, mi coca está amargando mucho, y parece que un zorrillo se ha orinado cerca, a eso de mediodía huele feo. Usted sabe que eso es mal agüero, y, como anda con moto, no vaya a ser que sufra algún accidente. En la noche voy a regresar para una mesada». Y, efectivamente, esa noche se apareció con sus ramos de ruda macho y hembra, con huevos verdes de gallina. Entró a mi sala, tendió una manta blanca en el suelo, puso la ruda en forma de cruz, los huevos a ambos lados de la manta y me pidió que me sentara en medio de la manta. Sacó unas hojas de coca, mascamos un buen rato, nos fumamos unos cigarritos, y después de dos armadas me pasó con la ruda y los huevos de gallina (valga la aclaración). Luego, envolvió todo en un papel y se lo llevó para enterrarlo en el cerro con el que trabaja.

Al día siguiente, me bañé y me vine a esta ciudad para trabajar. Cuando regresé en la tarde, mi peón, nuevamente asustado, me dijo: «Don Jacobo, no hay efecto, el olor es cada vez más fuerte. Cuídese: está jodida la situación».

Pensando en sus palabras, llegó el fin de semana. A eso del mediodía, cuando corrió un pequeño viento, sentí ese olor a orina de zorrillo tan insoportable. Agarré mi pico e ingresé a mi huerta para cultivar mis plantas, y me encontré con la dichosa plantita, desconocida para mí hasta ese momento. Me acerqué para olerla y entonces me di cuenta de que era ella quien emitía el olor a zorrillo. Comprendí de qué se trataba. Busqué mi celular. Mi amigo, conocedor de este tipo de plantas, me había enviado el nombre científico de la bendita plantita. Me quedé pensativo, y entendí que la sabia madre naturaleza le da a uno lo que necesita.