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Huánuco
3 octubre, 2022

LECTORES EN LA MIRA

Escrito por Arlindo Luciano Guillermo

Durante mi trayectoria como profesor he promovido la lectura, el afecto y la compra de libros. Recuerdo los 10 años que enseñé en el colegio María Auxiliadora donde las estudiantes leían un libro de literatura al mes. Al principio causó rechazo y alergia, pero se impuso la lectura. Las redes sociales aún no habían instalado poderosamente el reino de influencia y dependencia. Apenas disponíamos de separatas a mimeógrafo y para ver películas teníamos el VHS y un reproductor DVD. Así vimos La ciudad y los perros, Danza con lobos, Los miserables y La sociedad de los poetas muertos. En esos años inaugurales de mi ejercicio docente me “creía” un John Keating (Robin Williams), aquel profesor de literatura, irreverente, lector de poesía, admirador de Walt Whitman, que cuestiona la poesía tradicional y siembra en los jóvenes el gusto por la poesía, el arte y la libertad. La lectura y la compra de libros no acaban en la escuela ni en la universidad; siempre acompañarán al profesional y al alfabeto.      

El Ministerio de Cultura y el INEI realizaron la encuesta nacional sobre la lectoría y el comportamiento lector de los peruanos. Esta información revelará cuánto leemos y cuántos libros compramos. Según la RJ N.° 155-2022-INEI se ejecutará la Encuesta Nacional de Lectura, entrevista directa y presencial, a ciudadanos de 18 a 64 años, de 20 880 viviendas rurales y urbanas, de los 24 departamentos y la Provincial Constitucional del Callao, del 6 de septiembre al 5 de diciembre de 2022, para el “análisis y evaluación de las políticas públicas relacionadas con la lectura, el consumo de publicaciones y la participación en actividades y espacios de fomento de la lectura”. La Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas al 2030 es un importante instrumento de gestión estratégica del Estado para que el ciudadano ejerza el derecho a la lectura, el fomento del hábito lector y la accesibilidad al libro. Existen esfuerzos homéricos y encomiables para empoderar el libro y la lectura en la sociedad: feria de libros, concursos escolares, ofertas editoriales, implementación de bibliotecas municipales y comunales, bibliotecas virtuales y repositorios universitarios, etc. En el Minedu y el Mincul está la tarea de motivar la lectura y ganar lectores.   

El libro es una de las muchas fuentes de información existentes. El libro es aprendizaje, desafío, libertad y ejercicio del pensamiento crítico. La lectura forja el uso responsable del castellano, la redacción de textos escritos y la habilidad verbal. No creo que exista un ciudadano que escriba bien y tenga elocuencia sin leer libros ni experiencia lectora. Nada como la lectura contra la barbarie en la escritura, la incontinencia oral y la charlatanería. 

La lectura es un acto de soledad, duelo contra la palabra y el autor, de sabia paciencia y utilidad intelectual y ética. Una comunidad de lectores no garantiza una correcta elección de autoridades porque es aún minúscula. Uno de los efectos inmediatos de la lectura es el surgimiento del espíritu crítico, no como pedantería ni equivalente a “querer tener la razón”, sino como una actitud de reflexión, “cierto descontento” contra el statu quo y la apatía creciente; un lector activa el debate y la discrepancia. Un lector dice lo que piensa, lo que ha leído, con argumento y autonomía; no se deja manipular. Sabe que el insulto es orfandad total de argumento y desgobierno emocional.       

Soy lector desde hace muchos años. Técnicamente desde que aprendí a leer en “transición” con mi profesor de lectoescritura Marino Adrián Meza Rosales, en mi escuela 32017 de Paucarbamba. Siempre fue la lectura mi interés, prefería leer antes que mataperrear con mis congéneres adolescentes. Sé de sus bondades, placeres, aprendizajes, misterios, empatías con el autor y motivaciones pertinentes. Yo soy hechura de mis libros y la lectura. No escribiría periodismo de opinión ni poesía sin haber leído libros.   

Un regalo significativo, de agrado pleno y de trascendencia es un libro. Mi madre, en el tercero de secundaria, cuando mi destino era continuar estudios en un instituto tecnológico, antes que la universidad, me compró los seis libros de la Colección del bachillerato en la universidad. Me dijo: “Esto es para que estudies y llegues a la universidad”. Lo pagó en cuotas. Ese fue mi primer gran regalo de libros con propósito intelectual y profesional. Aún siento el placer de haber recibido esos libros lujosos, en una caja de cartón durísimo y lustroso. Los protegía como un guardabosques de la depredación de mis hermanos menores. Los leía a diario. La información completaba los vacíos del colegio. Ahí supe de la gesta libertadora de José de San Martín y de Simón Bolívar; aprendía matemáticas solo, sin tutoría, sin acompañamiento, que luego reforzaría en el “grupo de ingeniería” en la academia Losada y Puga de Luis Díaz Marconi.   

La historia se repite hoy. Esperé que las clases se reiniciaran el 3 de agosto para que Claudia Hübner me entregara el libro Ribeyro, la vida de Jorge Coaguila que lo compró en la FIL 2022. “Te va a regalar un libro”, me anticipa su padre. Yo estoy en Huánuco comiéndome las uñas como un niño que espera el regalo de papá Noel en Navidad. Claudia es una estudiante de quinto de secundaria que publica puntualmente artículos de opinión en Páginas 3. Lee, escribe, compra libros, opina con espíritu crítico; me corrige en clases. “Para usted con mucho cariño, profesor”. Me entrega el libro Crímenes en Lima 2, escrito por periodistas mujeres. En la primera página están los autógrafos de las seis autoras. Crímenes en Lima lo compré en Crisol. Se aprende a escribir periodismo leyendo libros escritos por periodistas. Casi dejó escapar algunas lágrimas indiscretas de emoción y felicidad. Para otros un regalo valioso es una joya o un celular; no hay para mí mejor obsequio que un libro.

¿El Perú es un país lector? ¿El libro físico o digital está al alcance de todos? ¿Se destina un porcentaje de los ingresos económicos para comprar libros? ¿Se fomenta la lectura en la familia, el vecindario y en la escuela? ¿Qué lugar ocupa el libro y la lectura en el enfoque por competencias vigente? ¿En qué situación de lectoría ingresan los estudiantes secundarios a la universidad? ¿Existen líderes lectores? ¿Se leen libros físicos o e-books? Sin lectura, la ignorancia insolente acecha como un depredador; sin libros somos vulnerables ante el analfabetismo funcional, la afasia verbal y el balbuceo hilarante.  

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