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10 abril, 2021

LECTURA DE LA COYUNTURA ELECTORAL

 Escrito por:  Ronald Mondragón Linares

De manera dominante, la coyuntura electoral, ahora mismo, está dada por las encuestas. Por eso, se torna necesaria la lectura y si es posible la narración de lo que sucede detrás de bambalinas, detrás de la parafernalia de la campaña electoral, de los gestos televisivos de las entrevistas.

En la última semana, un elemento nuevo y perturbador vino a dislocar el escenario político – electoral, vía la encuesta realizada por IEP (La República, 28/02): el ascenso en las preferencias del candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, ascenso que se une al crecimiento progresivo de la candidatura de Yohny Lescano, de AP. Respecto a los otros candidatos, no hubo mayores alteraciones en el tablero electoral, pues, por ejemplo, Verónika Mendoza continúa en una situación que se podría llamar estancamiento o, desde el lado positivo, en un lugar expectante; Julio Guzmán y los denominados centristas se encuentran en la nebulosa que ya tiene aroma a fracaso; “Forzay” – como lo obligaron a llamarse sus publicistas- da la impresión de entregarse muy pronto en una competencia donde ya se le nota francamente incómodo; Keiko Fujimori sin saber qué hacer ni cómo actuar ante la arremetida de su otrora compañero de ruta López Aliaga, si hablamos de los candidatos de mayor importancia. Los demás parecen tener la suerte echada.

Si bien es verdad el carácter relativo de las encuestas, en un país como el nuestro donde todos los bienes y servicios son alcanzables solo por el poder del dinero y donde la corrupción no deja espacios incontaminados, de todos modos nos permite leer a trasluz las implicancias esenciales de la dinámica electoral y ciertas constantes de las fuerzas políticas en pugna.

Juan de la Puente, reputado analista político aceptado por el sistema, sostiene que se viene una polarización entre discursos político-ideológicos que no aceptan medias tintas y de tono irreconciliable, y que López Aliaga es la locomotora de la extrema derecha que intenta invadir la contienda, mientras que Lescano y Mendoza están en competencia por sobresalir en el discurso radical.

Creo que no ocurre tal, sino sólo hasta cierto punto. Asfixiado el centro político peruano por las circunstancias del contexto delimitado por la pandemia y por la propia inoperancia de sus representantes(AP, Sagasti), el espacio ha quedado expedito para las posturas de derecha e izquierda; el complejo panorama aparece en el momento de formular dichas posiciones y posturas, en el momento del cómo coincidir con una población golpeada económicamente y por tanto temerosa: se trata, pues, de la comprensión de los políticos del miedo que siente un pueblo -esta palabra incluye  a las clases medias arrojadas a los extramuros de la pobreza-diezmado en todos los aspectos. 

Desde este punto de vista, es decir, desde el estado de ánimo de los electores, Lescano funcionaría como una especie de morigerador y un rompemuelles a los impulsos derechistas e izquierdistas extremos, que son, en este tablero, Aliaga y Mendoza. Esta imagen es alimentada constantemente por los medios y, por supuesto, por el propio aparato partidario acciopopulista.

Porque Lescano ha sabido construirse una imagen radical sin el estigma de violentador del sistema(por ejemplo, con gestos anticorrupción para una susceptible platea); pero desmarcandose hábilmente de las posiciones típicamente derechistas que no pueden hablar en altavoz de lucha franca contra la corrupción, so pena de quedar en ridículo.

Sin embargo, hay una carta que tiene que jugar Verónika Mendoza, si no quiere verse sobrepasada principalmente por Lescano y López Aliaga. Enviar al primero, en la lucha política, al lugar que le corresponde: a un partido como AP ya muy lejos de hacer historia en nuestra patria, evidenciando así su rol de mascarón de proa del modelo capitalista neoliberal que se ha impuesto. Y, al segundo, a ese lugar tenebroso del que la Confiep o empresariado afín, en un arranque de lucidez ante el vacío de conservadores extremistas y apologistas del dinero, lo han sacado a velocidad y que no es otro que las viejas catacumbas donde se rinde culto a la miseria humana. 

 

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