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Huánuco
16 septiembre, 2021

Leoncio Prado: hoy se cumplen 138 de su inmolación

– Pradito lo miró casi sonriente y, sentado en su pobrísimo lecho, escribió con la tranquilidad más asombrosa, la siguiente carta:

Huamachuco, julio 15 de 1883.

 Señor Mariano Ignacio Prado – Colombia:

“Mi queridísimo padre. Estoy herido y prisionero; hoy a las (¿qué hora es?, preguntó. Las ocho y veinticinco, contestó Fuentecilla) ocho y media debo ser fusilado por el delito de haber defendido a mi patria. Lo saluda su hijo que no lo olvida”.                                                                                                                                                                                 Leoncio Prado.

Escenas de la muerte del coronel Leoncio Prado escrita por el historiador Nicanor Molinare, de la narración del capitán chileno Rafael Benavente, por órdenes del bárbaro coronel Alejandro Gorostiaga.

Se trata de una historia con reverberancias de leyenda que reproducimos con las dudas de rigor, porque pinta a un ejército de ocupación inverosímilmente considerado y compasivo (cuando todos sabemos que Gorostiaga hizo fusilar de rodillas y por la espalda a los sobrevivientes capturados de la batalla de Huamachuco) y porque podría encubrir un hecho que Abelardo Gamarra, cronista de la resistencia, cuenta en su libro “La batalla de Huamachuco y sus desastres”, editado en Lima en 1886: que Leoncio Prado, herido malamente en una pierna y digno hasta el final, fue asesinado con un disparo en la cara por órdenes del sanguinario Gorostiaga.

Leoncio Prado Gutiérrez, fue un militar peruano, nació en Huánuco el 26 de agosto de 1853, hijo del general Mariano Ignacio Prado y Ochoa y de María Avelina Gutiérrez.

Desde muy joven dio muestras de gran temple y de un temperamento fuerte y emprendedor, tanto que abandonó sus estudios en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe, logrando que se le admitiera como soldado en el regimiento “Lanceros de la Unión” (1862). Asistió en Arequipa (1865) al pronunciamiento revolucionario de su padre y, en el puerto de Arica, tomó parte en la captura de la cañonera “Tumbes”, incorporándose luego a la dotación de la fragata “Amazonas”, con la cual desembarcó en Ica y participó en la marcha sobre Lima. Triunfante en la revolución fue reconocido como guardiamarina, concurriendo el 7 de febrero de 1866 al combate de Abtao. Ascendido a la clase de alférez de fragata, ingresó a la Escuela Militar y Naval. Culminada su instrucción (1867), se unió a la expedición hidrográfica de la Amazonia, comandada por John Tucker, y permaneció por dos años en el apostadero fluvial de Iquitos.

Apoyo de Leoncio Prado a otros movimientos independentistas

Viajó a los Estados Unidos en 1873 a estudiar ingeniería en la Academia Militar de Richmond pero, interesado en el movimiento de liberación cubano, se unió a la lucha de la isla por su independencia (1874-1876), obteniendo el grado de coronel por su conducta en batalla. El 7 de noviembre de 1876, en Kingston, con un grupo de diez patriotas cubanos capturó en plena travesía al navío mercante español «Moctezuma”, siendo perseguido por tres poderosas unidades hispanas. En las costas hondureñas se vio obligado a incendiar la nave, debido a que ya no tenía escapatoria. Estando en Estados Unidos lo sorprendió la capitulación de Cuba y decidió embarcarse rumbo a las Filipinas, con ánimo de luchar por su independencia. Debido al naufragio de su nave y para eludir la persecución de España viajó, con nombre supuesto, por los mares del este y sur de Asia, por India y Arabia; pasó a Egipto, Palestina, Rusia, Italia y Bélgica, y hacia 1878 retornó a los Estados Unidos.

Leoncio Prado en la guerra con Chile

En Estados Unidos recibió el encargo de su padre, por entonces presidente del Perú, de adquirir armamentos para enfrentar el conflicto con Chile. En cumplimiento de esta misión, Leoncio Prado arribó al Callao en agosto de 1879 e inmediatamente se enroló en una escuadrilla de torpederos encargada de la defensa de Arica. Al mando del batallón “Guerrilleros de Vanguardia”, intervino en la batalla del Alto de la Alianza (26 de mayo de 1880), cubriendo la retirada y hostilizando infatigablemente al invasor, para favorecer la reunión de los dispersos. Luchó hasta que no le quedó una sola bala y fue hecho prisionero; conducido al pueblo de San Bernardo, pocos kilómetros al sur de Santiago, permaneció allí hasta la ocupación de Lima (enero de 1881). Fue liberado bajo la promesa de no enrolarse nuevamente en el ejército, de vuelta a Lima, se trasladó a la sierra de Canta, para organizar grupos de resistencia. Cáceres le encomendó el mando de la primera división, con la que participó en la batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883), donde fue herido en la rodilla izquierda por una granada, cayendo nuevamente prisionero. Fue escondido en una choza por sus ordenanzas, pero dos días más tarde fue descubierto por una patrulla chilena y conducido a Huamachuco. Fue condenado a muerte y, en gesto que ha pasado a la historia, se encargó él mismo de dirigir su ejecución.

Leoncio Prado se inmoló por la libertad de un país. Hoy se cumplen 138 años de la inmolación del coronel Leoncio Prado quien pretendió liberar Cuba, porque pensaba que ningún país de Sudamérica merecía estar en poder de otras potencias. Cuando su patria estuvo en peligro se alistó en las filas del ejército y peleó junto a Cáceres en los últimos tramos de la Campaña de la Breña, hasta que cayó herido en Huamachuco. Allí, se empinó a la gloria porque enseñó a los victoriosos cómo se debe morir con dignidad.

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