LOS AGRICULTORES

Escrito por: Jacobo Ramírez Mays 

«Me solidarizo con los agricultores» fue la frase que muchos en las redes sociales, y también por otros medios, manifestaron en la última semana. Ello porque los agricultores de papa estaban reclamando al Gobierno para que les compre sus productos, para que les dé dinero para adquirir los insumos con los cuales puedan fumigar, y así tener papas más grandes y saludables para sus consumidores. Ni más ni menos que eso: un poco más, y pedían dinero para pagar el jornal al peón que barbechará, sembrará y cultivará sus chacras.

Ante todo, cabe decir que me solidarizo con los agricultores que tienen las agallas de mandar a la mierda a esos gobernantes tacros, weplas, y seguro hasta cafichos; los mismos que de agricultura no creo que sepan nada, porque a lo largo de los años ninguno de ellos hizo algo en favor de la agricultura, que, dicho sea de paso, es la actividad económica más importante en nuestra región. Que me solidarizo con los agricultores en forma general decía, sí, pero no con aquellos que, cuando se les dio la oportunidad de hacerlo, sacaron préstamos y se compraron lujosas camionetas, y hasta camiones, y pidieron luego que sus deudas fueran condonadas.

Me solidarizo con aquel hombre de campo que se levanta después del tercer canto de gallo, que saca a sus animales y los lleva a sus pastizales, soportando el frío, mientras su esposa prepara el caldo verde que, minutos después, en familia, saborearán para empezar con sus diferentes labores hasta que el sol se oculte.

Me solidarizo con esos hombres y mujeres de campo que siembran, cultivan y cosechan sus productos, para así tener qué comer y, vendiéndolos, tener un ingreso; y que lamentablemente cuando están ofreciendo sus productos por los alrededores de los mercados, muchos de los que se jactan diciendo que se solidarizan con ellos pasan por sus lados, indiferentes, ignorándolos y, si les compran, les piden descuentos y hasta la famosa yapa.

Me solidarizo con esos agricultores que, después de haber trabajado casi todo el día, en la noche se sientan alrededor del fuego y, mientras el resto de la familia desgrana el maíz, escoge el frijol o selecciona la papa, el más viejo de ellos chaccha golpeando su ishcupuri en la cabeza del más pequeño, demostrándole así su cariño; y que, cada vez que pregunta a los apus por medio de la hoja sagrada sobre la venta de sus productos, estos le dicen que será buena, pero que podría tener algún inconveniente. Entonces él, tomando en consideración lo primero, se emociona, sonríe con los labios partidos y los dientes verdes, y ayuda en la selección de sus productos, los prepara, y baja a esta supuesta civilización para venderlos. Y lo primero que encuentra al llegar es la indiferencia de hombres y mujeres que supuestamente se solidarizan con ellos, pero que en la realidad prefieren comprar en supermercados, aparentemente productos de mejor calidad.

Me solidarizo con aquel agricultor que, sin estar mendigando, trabaja honestamente, siempre confiando en un mañana mejor; y que, cuando le preguntas por qué lo hace, te responde porque quiere que sus hijos sean mejores que él, porque desea que sus hijos ya no sufran, porque quiere lo mejor para su familia. 

Me solidarizo con los agricultores que día a día permiten que muchos ciudadanos tengamos qué comer; aunque muchos de los que dicen solidarizarse con ellos, sobre todo los que lo hacen a través de las redes sociales, dicen que no comen mote porque es comida de serranos; no copen pushpo porque les hincha sus barrigas y les hacen ventosear a cada paso que dan; que no comen tokosh, porque les apesta; que no les gusta la kishiu porque les rasca la garganta cuando la comen.

Me solidarizo con los agricultores porque sé que si ellos no tuvieran las manos callosas y duras de tanto trabajar, que si ellos no pusieran su entusiasmo y su esperanza en cada jornada laboral, que si ellos no estuvieran en comunión con la madre naturaleza, con la Pachamama, muchos de nosotros, o quizá todos, no tendríamos qué comer y ya no estaríamos en este mundo, supuestamente “solidarizándonos” con ellos.

Las Pampas 17 de diciembre de 2020