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16 octubre, 2021

La pandemia se ha vuelto más peligrosa para los niños. Así podemos protegerlos.

Escrito por:  Leana S. Wen

Las y los niños no vacunados pronto comenzarán el año escolar en el que podría ser el momento más peligroso de la pandemia para ellos.

En la semana del cinco de agosto, más de 93,000 niños dieron positivo para el coronavirus en Estados Unidos, un aumento de casi 400% con respecto a apenas tres semanas antes, debido en gran parte a la variante delta, en extremo contagiosa. Aunque la mayoría de los niños infectados experimentan síntomas leves, ya abundan los informes de niños previamente sanos que se enferman de manera crítica. A diario, más de 200 menores de 18 años son hospitalizados en Estados Unidos debido a la COVID-19.

Sin embargo, a pesar de que 98% de los estadounidenses residen en zonas que cumplen con los criterios establecidos por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) para el uso obligatorio de cubrebocas en espacios cerrados, la mayoría de los estados y locales no lo han vuelto a imponer, y los adultos no vacunados continúan deambulando sin cubrebocas en espacios públicos. Al mismo tiempo, muchas escuelas están regresando a las clases presenciales con menos medidas de seguridad que antes. 

El gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, le prohibió a los distritos escolares exigir el uso de cubrebocas y amenazó con retener fondos a las escuelas que desafíen su decisión. La Agencia de Educación de Texas ha dicho que las escuelas ya no necesitan realizar el rastreo de contactos, ni están obligados a notificar a madres y padres sobre los casos positivos detectados en el aula.

Tristemente, nuestra sociedad es culpable del hecho de que los niños estén pagando las consecuencias generadas por adultos irresponsables y políticos insensatos. Como resultado, los padres y madres como yo, con hijos demasiado pequeños para recibir la vacuna, debemos asumir solos la tarea de protegerlos para reducir el riesgo. A continuación, siete sugerencias a tomar en cuenta mientras las familias se preparan para el regreso a clases:

Asegúrate de que todos los adultos del hogar estén vacunados. La mejor manera de proteger a los niños vulnerables es que todos sus contactos cercanos estén vacunados. Los adolescentes mayores de 12 años también deben vacunarse para ayudar a proteger a sus hermanos menores; los beneficios de la vacuna en este grupo de edad superan con creces los riesgos poco comunes.

Sal al aire libre. Los espacios abiertos siguen siendo los lugares más seguros para los no vacunados. Hay relativamente pocos casos documentados de transmisión de coronavirus al aire libre, y en lo particular me siento cómoda con el hecho de que los niños no usen cubrebocas cuando jueguen al aire libre o participen en deportes en espacios abiertos. Además, permitir que los niños no utilicen cubrebocas en los espacios abiertos enfatiza el hecho de que es crucial utilizarlo en los espacios cerrados.

Usa cubrebocas en espacios cerrados en todo momento cuando estén cerca de personas no vacunadas. Las escuelas deberían seguir los lineamientos de los CDC referentes al uso universal de cubrebocas en espacios interiores. Si la escuela de tu hijo no exige el uso de cubrebocas, considera hablar con otros padres para estudiar la posibilidad de establecer en el aula que la mayoría de los niños utilicen cubrebocas de manera voluntaria. 

Incrementa las pruebas de diagnóstico. Muchas escuelas tuvieron que eliminar el distanciamiento físico para adaptarse a las clases presenciales a tiempo completo. Las pruebas son una capa importante de protección que, junto a los cubrebocas, la vacunación y una ventilación mejorada, ayuda a reemplazar la necesidad del distanciamiento

Forma burbujas pandémicas. Las familias deberían considerar volver a establecer las burbujas que tenían meses atrás durante la pandemia. Esto podría ayudar con el cuidado de los niños después de la escuela y los viajes compartidos, además de ofrecer opciones más seguras durante las horas escolares.

Sé precavido durante las actividades informales. Sería una pena que los niños fueran precavidos durante un partido de fútbol y que bajaran la guardia en los vestuarios, o que la práctica del coro se realizara con cubrebocas, pero se las quitaran durante la posterior cena con pizza junto a sus compañeros. Los padres deben tener el mismo nivel de vigilancia tanto en las actividades sociales como en las horas escolares.

Recuerda, el riesgo es adictivo. Siempre habrá algunos riesgos asociados con las clases presenciales pero, para la mayoría de los niños, esos riesgos valen la pena por los extraordinarios beneficios educativos, psicológicos y de desarrollo. Los padres deben reducir los riesgos en la escuela tanto como sea posible y también reducir la exposición fuera de clases. En el caso de mi familia, eso incluye evitar los restaurantes en espacios cerrados y exigirle a los familiares que nos visitan que se vacunen.

En última instancia, la clave para reducir el riesgo para los niños es que los adultos tomen la iniciativa y limiten la propagación de la COVID-19. Necesitamos aumentar de manera drástica las tasas de vacunación en aquellos que cumplan con los requisitos, y al mismo tiempo solicitar el desarrollo acelerado de vacunas para los niños más pequeños. Las acciones de los adultos han causado que este sea un momento particularmente peligroso para los niños, pero los padres todavía podemos cumplir con nuestra parte para proteger a nuestros hijos e hijas.

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