17.5 C
Huánuco
30 noviembre, 2021

Más empatía

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Hablar de nuestra clase política es, salvo contadas, contadísimas excepciones a decir verdad, referirse a individuos limitados, a personajes cuyas escasas credenciales intelectuales los hacen no solo proclives a la comisión de las más increíbles majaderías, sino que además los tornan merecedores indiscutibles de toda suerte de burlas y denuestos por parte de la ciudadanía, debido a las sandeces que hacen o dicen, resultado esto en gran medida, como quedó dicho, de su escasa preparación, de su casi siempre básica formación académica. De ahí, por ejemplo, que cada vez que aparece alguien como el en su momento candidato a la presidencia Pedro Castillo, enarbolando el trillado argumento de que para gobernar un país basta y sobra con las buenas intenciones, nos quedemos particularmente preocupados, habida cuenta de lo peligroso que podría resultar, y que de hecho resulta, el que se confíe los destinos de millones de personas a alguien a todas luces incapacitado para tamaña responsabilidad.

Y esto, desde luego, es cuestión que en modo alguno tiene nada que ver con el que el individuo de que se trata provenga del “mundo andino”, sea “hijo de agricultores” o se “haya ganado el pan con el sudor de su frente desde que era un niño”, que en nuestro país existen millones de personas que también podrían “jactarse” de lo mismo y, sin embargo, no lo andan gritando a los cuatro vientos; porque, bien mirando, la pobreza jamás ha sido un obstáculo insalvable para que quienes la han padecido hayan podido encontrar a su vez la manera de superarla, y salir adelante. Los ejemplos, desde luego, los tenemos en el Perú por montones, y es que fuera de los nacidos en cuna de oro, que por aquí se cuentan con los dedos de las manos, la gran mayoría de quienes hoy “gozan” de ciertos “privilegios” son gentes que han tenido que vérselas con un sinfín de limitaciones para alcanzar la posición que ahora ostentan.

Pero para hablar solo de uno, y de alguien que es, además, un ilustre representante de la izquierda a la que nuestro actual presidente dice encarnar, resulta ilustrativo el caso de José Carlos Mariátegui, pensador y político peruano que a pesar de no haber gozado de “los privilegios” y “la buena suerte” que los acomplejados gustan tanto criticar cuando no son ellos los favorecidos, logró sin embargo superar los innumerables escollos que las circunstancias pusieron en su camino, y alcanzó, con toda justicia, el destacado lugar que hoy unánimemente se le reconoce. De modo que pretender disculpar nuestras limitaciones intelectuales en virtud de las condiciones adversas en que nos haya tocado en suerte vivir resulta completamente fuera de lugar. Que hay aspectos en los que querer es poder, y el de la educación, el de la autoformación, es uno de ellos.

Da gusto comprobar, sin embargo, que no todo está perdido, que hay todavía políticos en el país convencidos de que la educación es la única real y verdadera garantía de un buen desempeño en el ejercicio de la función pública. Lo que se traduce en el hecho de que no tengan reparos en “invertir” cuantiosas sumas de dinero, a fin, por ejemplo, de cursar estudios de posgrado en universidades extranjeras de reconocido prestigio. Esto con el objetivo, lógicamente, de que la preparación que allí reciban redunde en bien de la población a la que esto dirijan. Actitud que merece de nosotros todo el reconocimiento y la consideración posibles, sobre todo porque son estos políticos los que habrán de marcar la diferencia, esto es, los que gracias a su buena preparación académica contribuirán a sacar al país adelante.

Así las cosas, no podemos dejar de sorprendernos ante la enorme avalancha de críticas recibidas por los excongresistas fujimoristas Karina Beteta, Segundo Tapia, Roy Ventura y Luis Galarreta, debido a que, según denuncia periodística, utilizaron financiamiento público para pagar maestrías. Pues, si el dinero no sale de las arcas del Estado, ¿de dónde más va a salir? ¿O pretenderán, acaso, los que critican lo antedicho que nuestros pobres excongresistas paguen sus estudios con su propio peculio? ¡Faltaba más! Si lo mínimo que puede hacer el Perú por estas honorables y destacadas figuras de nuestra política es utilizar el dinero de todos los peruanos para pagarles la educación en universidades europeas. ¿Con qué cara, si no, podremos exigirles después que no anden diciendo cada imbecilidad a la primera oportunidad que se les presente?

Es más, debería servir dicho antecedente para que de ahora en adelante el Estado asuma los costes de la formación de nuestros políticos. Después de todo, hay en la vida muchísimas más cosas que hacer que andar criticando por todo a nuestros políticos. Si quieren estudiar, que estudien. Y que sea con nuestros impuestos con lo que se pague dichos gastos. Hay que entender que sus magros sueldos no se lo permiten. ¿A quién le alcanzan treinta mil soles para vivir? ¡Por supuesto que a nadie! Con lo caro que está el pan, con lo cara que está la gasolina. Más empatía con esta pobre gente, por favor.

Publicaciones Relacionadas

El futuro del país

editorahora

CONOCIMIENTO E IDENTIDAD

editorahora

El silencio ya no es una opción para las mujeres que informan

editorahora

LA REINVERSIÓN PARA GENERAR VENTAJA COMPETITIVA EN LOS NEGOCIOS

editorahora

EL DISCURSO QUE NO LEÍ

editorahora

EL PEOR ENEMIGO DE UN PERUANO ES OTRO PERUANO, ¿HASTA CUÁNDO?

editorahora