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16 septiembre, 2021

Menos hechos y más palabras

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Si el nombramiento de un primer ministro seriamente cuestionado por su cercanía con posturas de extrema izquierda, muchas de las cuales tendrían, dicho sea de paso, una evidente relación con la nefasta ideología que Sendero Luminoso enarboló como su principal estandarte durante los años más oscuros de nuestra historia, resulta un claro ejemplo de lo que “hace” el gobierno de Pedro Castillo.

Si el mantenimiento en el cargo de un premier que ha demostrado sobradamente su poca empatía para con la defensa de las mujeres y su escaso, por no decir nulo, respeto por todas aquellas personas cuya manera de llevar su sexualidad no resulta de su agrado, se erigen en palpables ejemplos de lo que “hace” el gobierno de Pedro Castillo.

Si la designación de un cuestionado ministro de Trabajo sobre quien existen fundadas sospechas de haber sostenido en el pasado estrechas relaciones con grupos terroristas, se nos presenta como un ejemplo ilustrativo de lo que “hace” el gobierno de Pedro Castillo.

Si la descarada manera con que el señor Vladimir Cerrón influye en las decisiones del gobierno, a fin de que se haga en el país todo aquello que a él le parece que deba hacerse porque, en sus propias palabras, fue su partido, esto es, Perú Libre, quien a fin de cuentas llevó a Pedro Castillo a la presidencia del país, se nos propone como el más preclaro ejemplo de lo que “hace” el gobierno de Pedro Castillo.

Si los mensajes en Twitter con que el presidente cree que puede mantenerse informado a un país respecto de cuestiones de capital importancia para los intereses del Perú, aspectos como los relacionados, por decir algo, con la desaparición de Abimael Guzmán, se nos ofrecen como ejemplo de lo que “hace” el gobierno de Pedro Castillo.

Si, en definitiva, todo lo antedicho se constituye en indiscutibles ejemplos de los “hechos” que el presidente se ufana de realizar, y esto habida cuenta de que es el suyo un gobierno que, como sostiene cada vez que se le presenta la oportunidad de hacerlo, es “de hechos y no palabras”, pues queda claro que lo que los peruanos necesitamos es menos hechos y más palabras.

Menos hechos que sigan mostrando al gobierno, y, sobre todo, a quien lo representa, como un mal chiste, como una broma de pésimo gusto. Menos hechos que sigan avergonzando a los peruanos como lo hace el bajísimo nivel de preparación de quienes son ahora nuestras más altas autoridades. Menos hechos que sigan ofendiendo a la ciudadanía como cuando se condecora a un individuo por su abnegada labor en defensa de la mujer, siendo el caso de que si hay algo por lo que se distingue es por ser un claro atacante de mujeres. Menos hechos que insistan en darle prioridad a cuestiones perfectamente atendibles, sí, pero en otro momento, como lo es, desde luego, el asunto ese del cambio de Constitución, en lugar de consagrar todos los esfuerzos del gobierno en vacunar a la totalidad de la población en el menor tiempo posible. Menos hechos que sigan haciendo pensar a la mayoría de peruanos que se equivocaron soberanamente al elegir como presidente a alguien que parece incapaz de explicar con palabras aquello que “cree”, ingenua, candorosa, cojudamente, estar demostrando con hechos.    

Menos hechos de ese tipo es lo que necesitamos, y más palabras, claro está. Muchísimas más palabras. Palabras que en modo alguno tienen por qué ser indicativas de palabrería, charlatanería o badulaquería, como el señor Pedro Castillo se empecina en conceptuar. Palabras que sirvan, sobre todo, para comunicarse con diligencia con una población que pide a gritos estar bien informada de lo que hacen quienes la gobiernan. Palabras que contribuyan a disipar los temores, los fundados temores, de aquellos sectores de la población que ven con creciente alarma, por ejemplo, cómo los productos de primera necesidad comienzan a subir de precios, sin que al parecer existan motivos que lo justifiquen. Palabras que deslinden de una vez por todas y para siempre con los remanentes de aquellos grupos extremistas que tanto dolor y sufrimiento han causado a los peruanos durante alrededor de una década. Palabras que se eleven con coraje y resolución para condenar con firmeza todos aquellos casos en que funcionarios del Estado incurran en acciones que afecten la integridad física o emocional de las mujeres. Palabras que no tengan miedo, finalmente, de dialogar con una prensa que, por muchos defectos que pueda tener, y que de hecho tiene, es, todavía, en nuestro país garantía indiscutible de que los peruanos podemos expresarnos libremente sin que nadie nos esté poniendo cortapisas, objeciones ni impedimentos. Porque si el gobierno del señor Pedro Castillo comienza a enrumbarse por ese camino, por el camino de las prohibiciones, de los impedimentos, de las censuras, más temprano que tarde acabará hundiéndose en el pantano de un totalitarismo que antes de que se dé cuenta acabará acercándolo a las prácticas matonescas que eran el pan de cada día durante la dictadura fujimorista. Todo es cuestión de redireccionar el camino. Que aún no es demasiado tarde.    

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