22.8 C
Huánuco
10 abril, 2021

No es tan sencillo como poner el hombro

Francisco Sagasti: Seré uno de los primeros en vacunarme contra el COVID-19

 Escrito por: Marcos Cancho Peña

“Lo que no queremos es que el que tiene plata se vacune y el que no tiene no se vacune”, declaró Sagasti en una entrevista reciente. La avalancha de comentarios negativos no tardó. Hubo quienes lo llamaron “perro del hortelano” porque “no vacuna ni deja vacunar”. Y así, se prendió la caldera. Lo que casi nadie conversó es qué tanto cambiaría el panorama si los privados pudieran adquirir dosis.

Pongámosle lupa al mapamundi. Solo hay un país que permitió que los privados negocien vacunas. Y esto no se debe a que las empresas no desean formar parte del proceso; la realidad es aún más cruel: los laboratorios no generan suficientes dosis. Prueba de ello son los constantes retrasos en los arribos. La demanda mundial no se cubre, y que los privados negocien las compras no hará que eso cambie. Los laboratorios tienen clientes seguros: los Estados. Con ellos ya hay antecedentes. 

Que los privados adquieran vacunas no asegura que el proceso de vacunación sea para sus empleados. No hay garantías del accionar de los empresarios. ¿Ya olvidamos la lista de vacunados en secreto? No importa, se las recuerdo: José Mongilardi Fuchs, gerente de Laboratorios Americanos; Antonio Armejo Sánchez, director de Ilender Perú; José Espinoza Babilón, fundador de Bionoma y Claudia Gianoli Keller, dueña de Suizalab (fuente: Ojo Público), fueron algunos de los beneficiados en el caso “Vacunagate”. Los cuatro forman parte del círculo de privados. Si hubo rechazo total a los funcionarios que aprovecharon su poder para vacunarse antes de la población, ¿por qué no habría rechazo si es que los privados, con el cuento de colaborar, adquieren vacunas para uso íntegramente de los poderosos del círculo empresarial?

Me gustaría escribir que la pesadilla se solucionará con la compra privada, pero sería engañar a quienes leen esta columna. Sin embargo, podría ayudar en algo. El problema es a qué costo: con la nula experiencia del privado en cuanto a vacunaciones masivas, el sector podría intentar consumir los recursos humanos del Estado, lo que afectaría la vacunación gratuita que desarrolla el Gobierno. Además, el comercio de vacunas podría traer consigo mercado negro junto a falsificaciones de dosis. El tema va más allá de analizar la polémica frase: “Lo que no queremos es que el que tiene plata se vacune y el que no tiene no se vacune”. No es tan sencillo como pone el hombro. 

 

Publicaciones Relacionadas

“Sacha” Sánchez: “La esencia del teatro es el contacto directo con el público”.

editorahora

Desestatizar la educación

editorahora

Agüita de río

editorahora