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7 diciembre, 2021

No has cambiado nada, pelona

 Escrito por: Marcos Cancho Peña

Por tercer año consecutivo nos dejamos engatusar por la Malagueña salerosa. Por sus bonitos ojos que miran sin parpadear, aun engañando con descaro. Es que los peruanos tenemos poca memoria. Y esto alarma más cuando se acercan las elecciones. No termino de creer que Keiko Fujimori figure entre los primeros puestos. A estas alturas, el partido naranja ya debería estar extinto, sepultado por los electores. Pero al parecer, los peruanos perdemos la memoria cada cinco años. Somos la prueba máxima del Síndrome de Estocolmo.

Votar por Keiko es perdonar a Alberto Fujimori. Darle nuestro voto es olvidar que el chino jugó con nuestra educación, permitiendo que las universidades priorizaran el lucro antes que la calidad básica. Darle nuestro voto es vanagloriar la corrupción, es perdonar la compra de medios de comunicación en la salita del SIN. Darle nuestro voto, es aplaudir que su padre haya acabado con la estabilidad laboral, que haya creado las services. Darle el voto, es reírse de las víctimas de las esterilizaciones forzadas, burlarse de la monstruosidad ocurrida en terreno campesino. Darle el voto a Keiko es dárselo nuevamente a Alberto, y si no me creen, revisen sus declaraciones. Quiere indultarlo. Pero hay condenas que merecen ser eternas.

Ese no es todo el meollo; hay mucho más. Porque darle el voto a Keiko significa confiar en alguien que, cuando fue congresista, faltó quinientas veces a las sesiones del congreso, y que apenas hizo decenas de proyectos de ley. Hacerlo significa darle licencias para manejar al país a una investigada por lavado de activos y corrupción. Antes de ser presidenta, debe responder por los cocteles que organizó y que, inexplicablemente, dejaron menos dinero del que figuraba en los informes de su partido. También por las misteriosas rifas con las que Fuerza Popular obtuvo millones, y que, extrañamente, tuvieron ganadores que nunca reclamaron los premios, a pesar de que uno de ellos fue una camioneta Chevrolet de último modelo.

Sé dónde irán los dardos. Esta es una contra-campaña, no tengo miedo en confesarlo. Pero esto va más allá de una jugarreta sucia. Esta columna es el sonido del despertador para el electorado. Si aún después de lo escrito, consideras que Keiko es de fiar para tomar el gobierno del país, ya nada más puedo hacer, me rindo. Ah, casi lo olvido. El título no va referido a Keiko, por si se lo preguntaban. La frase “No has cambiado nada, pelona” va referida al Perú, tierra de pelones cortos de memoria. Han pasado décadas y no hemos cambiado nada. Y cuidado, porque la Malagueña salerosa lo sabe.

 

 

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