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3 agosto, 2020
Actualidad Opinión

PABLO NERUDA

Arlindo Luciano Guillermo

Pablo Neruda es para Chile, como César Vallejo para el Perú, Octavio Paz para México, Rubén Darío para Nicaragua, como Borges para Argentina; una de las cúspides de la poesía hispanoamericana. Premio Nobel de Literatura en 1971. El viernes 12 de julio se cumplieron los 105 años del nacimiento de Ricardo Eliécer Neptalí Reyes Basoalto, su verdadero nombre. Los estudiosos han dicho mucho de Neruda. Yo daré mi testimonio. 

En quinto de secundaria (1982) tuve ante mis ojos, ávidos de lectura, Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Retuve, sin equivocarme, como Padrenuestro que repetía en la parroquia Santa María de Fátima, donde era eventual monaguillo, los poemas 5 (“Para que tú me oigas  / mis palabras / se adelgazan a veces / como las huellas de las gaviotas en las playas. / Collar, cascabel ebrio / para tus manos suaves como las uvas.”), 12 (“Para mi corazón basta tu pecho, / para tu libertad bastan mis alas. / Desde mi boca llegará hasta el cielo /  lo que estaba dormido sobre tu alma.”), 15 (“Me gustas cuando callas porque estas como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. / Parece que los ojos se te hubieran volado / y parece que un beso te cerrara la boca.”), 20 (Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  / Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.””). Eran los años del enamoramiento, de los sueños alborotados con la muchacha del barrio.  

En la universidad leí Canto general, que me permitió, desde la poesía, conocer mejor la historia de América Latina (“En Panamá se unieron los demonios.  / Allí fue el pacto de los hurones. / Una bujía apenas alumbraba, / cuando los tres llegaron uno a uno. / Primero llegó Almagro antiguo y tuerto, /  Pizarro, el mayoral porcino / y el fraile Luque, / canónigo entendido / en tinieblas;”), España en el corazón, Los versos del capitán y Cien sonetos de amor. Canto general incluía el soberbio, grandilocuente y reivindicador poema Alturas de Machu Picchu; años después, Esteban Pavletich escribiría el poema Revelación de Kotosh, con un enfoque a la inversa: Machu Picchu arriba, Kotosh abajo.

En una oportunidad, con audacia como probando suerte, envié un ramo de rosas rojísimas a una honorable dama, con estos versos en una tarjeta adjunta: “TE AMO sin saber cómo ni cuándo ni de dónde  / te amo directamente sin problemas ni orgullo / así te amo porque no sé amar de otra manera.” Funcionó categóricamente, pero no duró para siempre, como me hubiera gustado. Comprobé, ante el escepticismo de compañeros confidentes, que la poesía también tiene fines sentimentales, de seducción verbal. Supe entonces que hay mujeres (no sé si pocas o muchas) que al escuchar versos amorosos, efectivos como los de Pablo, quedaban encandiladas, atónitas. 

“Soy el poeta Pablo Neruda”, dijo a unos estudiantes universitarios en el zoológico. Era  el poeta de Hispanoamérica, que cantó a la naturaleza, a la mujer exaltando virtudes y atributos físicos, personajes demócratas y perversos, animales,  tubérculos, legumbres y hierbas silvestres. Estaba ante ellos, el ciudadano y poeta que amó a Matilde Urrutia, a quien dedicó Los versos del capitán. Neruda defendió la libertad, soñó con el socialismo, confió en Salvador Allende y la Unidad Popular, se estremecía con el canto contestatario de Víctor Jara, amó a América y a Chile como a sí mismo. 

Pablo Neruda murió el 23 de septiembre de 1973 (hace 46 años), 12 días después del golpe de estado encabezado por Augusto Pinochet y la muerte de Salvador Allende, en la Casa de la Moneda. Neruda murió de Chile, al ver que se desangraba la patria de Gabriela Mistral, Colocolo, Caupolicán, Lautaro, Alberto Plaza y Fernando Ubiergo. Ha legado extraordinarios poemarios en lengua castellana, que desaparecerán si algún asteroide pulverice la Tierra: Los versos del capitán, Cien sonetos de amor, Canto general, España en el corazón, Residencia en la tierra, Crepusculario, Isla negra, Odas elementales. La poesía de Neruda es sencilla, arrogante y osada contra la injusticia y el abuso, directa como los rayos del sol o la luz de la luna llena, se muestra pocas veces sutil y complicada. La poesía de Neruda está escrita para el ciudadano común que sabe disfrutar con la música, la palabra poética y la metáfora. En la poesía de Neruda hay un fuego que quema, que calcina, que encrespa los nervios y subleva las emociones. 

He llorado sinceramente al leer a Neruda, me he indignado contra la injusticia, el abuso de poder y la barbarie. Estoy aquí impenitente, esperando otra oportunidad para regresar a Neruda, disfrutar de su poesía, amar con el corazón en bandeja antes que con la billetera. Jamás huirán de mi memoria  “Quítame el pan, si quieres, / quítame el aire, pero / no me quites tu risa.” o “Pero no amo tus pies / sino porque anduvieron / sobre la tierra y sobre / el viento y sobre el agua, / hasta que me encontraron.” No leí Incitación al nixonicidio; sabía que estaba “enturbiado con política e ira”, opacando la pureza de tu poesía. Lo abandoné en un rincón de la biblioteca. Neruda carisma, empático, de poesía sencilla, metáfora terrenal, directo al entendimiento del lector, no tiene necesidad de rodeos ni rebuscamiento. Los versos de Neruda siempre serán vigentes, fresco, oliendo a tinta, dispuesto a seducir como la primera lectura. 

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