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Huánuco
3 octubre, 2022

Para que salgamos de esta crisis

Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Los reiterados y ya por todos conocidos enfrentamientos entre el Ejecutivo y la prensa libre e independiente no son, valgan verdades, cuestiones que a estas alturas vayan a sorprender a nadie. 

Vale la pena observar, sin embargo, que a lo largo de estos doce meses en que los peruanos hemos tenido ocasión de presenciar las intromisiones del gobierno en el normal desarrollo del ejercicio profesional de no pocos hombres y mujeres de prensa. 

Dicho entrometimiento ha ido aumentando de manera constante y progresiva con el correr del tiempo, esto es, conforme se difundían cada vez más las comprometedoras denuncias de corrupción que involucraban al presidente y a su círculo más cercano, a tal punto que parecemos haber llegado a un estadio en el cual la intolerancia, el despotismo, la intransigencia con que se conduce el señor Pedro Castillo para con la prensa, han terminado por acercarlo peligrosamente a la figura del clásico tiranuelo tercermundista, ese personaje totalitario y absolutista que tan bien conocemos, y repelemos, en América latina.

Lo peligroso del asunto, desde luego, no radica tanto, con todo y con eso, en que los peruanos tengamos la mala fortuna de poseer un gobernante analfabeto, brabucón y farsante, que la culpa, finalmente, es solo nuestra, cuanto en el hecho de que al encontrarse el Perú de hoy en un estado de cosas en el que quienes ostentan el poder han demostrado hasta el hartazgo que no tienen la más mínima intención de ser transparentes en el ejercicio de sus funciones, resulta indispensable el que podamos contar con una prensa libre en todo el sentido de la palabra, con una prensa sobre la que no estén recayendo, como ocurre en la actualidad, constantes y cada vez más abiertas amenazas de parte del Ejecutivo, con una prensa, en definitiva, capaz de cumplir con su jamás del todo valorada tarea de mantener informada a la población, y esto en términos de verdadera libertad, en condiciones de irrestricta transparencia.

Y es que por más que el presidente y su camarilla, cuya figura más “conspicua” es, por supuesto, el ya célebre seguidor de Hitler que hace las veces de escudero, traductor y lamebotas del payaso, según los vientos soplen o, lo que es casi lo mismo, se reclame su auxilio ante la comisión de una nueva sandez por parte del impresentable, insistan en continuar con su trillado discurso victimista, con su manoseada recurrencia a considerar que todos los delitos por los que se los viene investigando por parte de la Fiscalía no son en el fondo más que falsas acusaciones orquestadas por la siempre “deleznable” derecha y difundidas por la no menos “execrable” prensa, lo cierto es que cada vez son menos las personas que se tragan el cuento, y más, por el contrario, los individuos que van abriendo los ojos ante una realidad que ya no admite la más mínima duda: que estamos ante el peor y más corrupto gobierno de la historia del Perú, lo cual, tratándose de nuestro país, no es peccata minuta.

Hoy la gente tiene sumamente claro que las constantes denuncias de corrupción que pesan sobre el presidente, exministros, familiares y demás allegados, y que día a día los peruanos podemos conocer gracias a la valiente y esforzada labor de la prensa, no son ocurrencias de sus enemigos ni conspiraciones de quienes dizque no toleran que un “maestro de escuela rural”, que un “hijo del pueblo”, que un “modesto y humilde campesino”, como gusta autodenominarse, se encuentre ocupando la más alta magistratura del país, sino que en realidad se trataría de todo lo contrario. Vale decir, serias y fundadas acusaciones respaldadas por pruebas y delaciones que no dejan lugar a controversias, y que si hasta el momento no han sido tomadas en cuenta por el Congreso para sacar inmediatamente del cargo al sujeto ese, es porque en el Legislativo hay también algo que se encuentra podrido.

Así que la próxima vez en que al hombrecillo este le dé por envalentonarse porque algún medio de prensa hubiese sacado a la luz una más de las ya innumerables cuestiones por las que lo viene investigando la Fiscalía, bien haría en morderse la lengua, o, para decirlo en plebeyo, en meterse la lengua al culo, en lugar de andar “ordenándole” a los periodistas que se rectifiquen porque dizque habrían faltado a la verdad. 

Que no tiene la más mínima autoridad legal, moral ni de ningún tipo para pretender que los hombres y mujeres de prensa de este país, país al que impunemente viene mandando a la mierda desde hace ya un año, dejen de informar a la población lo que, de otra manera, probablemente nunca se sabría. Hombres y mujeres de prensa valientes y esforzados que andando el tiempo habrán de ser reconocidos, a no dudarlo, por el invaluable servicio que en este difícil momento de nuestra historia le vienen prestando al Perú. 

Porque, aunque de momento pareciera que todo conspira para que sigamos hundiéndonos en el fango en que ahora nos encontramos, confiamos en que la probidad y diligencia de nuestras autoridades del Ministerio Público terminarán allanando el camino para que salgamos de esta crisis. 

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