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3 julio, 2020
Actualidad Opinión

¿PARA QUÉ SIRVE LA LITERATURA?

En el primer receso, mientras devoramos con frugalidad, sin prisa, el refrigerio, entre relatos de cómo nos fue la clase, el comportamiento de los estudiantes, Andy Espinoza dispara la pregunta: ¿para qué sirve la literatura? Él es profesor de ciencias sociales, recurrente citador de Nietzsche, Schopenhauer, Platón, menos Karl Popper, el de La sociedad abierta y sus enemigos, ese “libro catecismo” de los ultraliberales, incluido Mario Vargas Llosa, Álvaro Vargas Llosa, Andrés Oppenheimer. Recepto con prudencia la interrogante. Inmediatamente no respondo. Armo algunos argumentos y le digo, Andy, ante la mirada expectante de Alí y John Kennedy, se lee literatura para acercarse a la realidad mediante la ficción literaria, estimular, motivar y fortalecer el pensamiento crítico y mejorar la calidad del lenguaje escrito u oral que utilizamos cotidianamente.

Como parte del plan lector, los estudiantes han leído Mi planta de naranja-lima de José Mauro de Vasconcelos y El niño del pijama a rayas de John Boyne, ambos libros fueron llevados al cine. ¿Leyeron el libro? ¿O vieron la película para sustituir la lectura del libro? ¿O hicieron ambas cosas? En cualquier caso, la esencia del libro se mantiene. La película ayuda a comprender el relato de la historia a través de imágenes audiovisuales, actitudes de los personajes, la fotografía y constantes flashback; la literatura mediante palabras, imágenes, tono y simbolización de la realidad. Mientras pienso, rescato de la memoria algunas lecturas: ¿Qué es literatura? de Jean Paul Sartre, La verdad de las mentiras de Mario Vargas Llosa y los postulados de la literatura comprometida, social, política, ideológica o al servicio de la revolución marxista, tal como lo concebían Roque Dalton, Manuel Scorza, Javier Heraud y, entre nosotros, Armando Ruiz Vásquez. La literatura, como cualquier arte, tiene un fundamento estético, social y filosófico. No existe la ficción químicamente pura. Nadie escribe de la nada ni para fantasmas. El destinatario de la literatura es el lector, quien lee, asimila, decodifica, analiza y cuestiona la validez e impacto estético y emocional del material impreso o digital.        

Mi planta de naranja-lima relata la historia de Zezé, niño que vive en la pobreza en una favela de Río de Janeiro; maltratado inmisericordemente, pero se da tiempo para la imaginación y aprendizaje para la vida. Conversa con un árbol de naranja-lima (Minguito o Xururuca) con quien conversa deseos y asuntos íntimos. En esta novela hay denuncia social, que en el lector produce enfado y solidaridad con el personaje: pobreza material, maltrato infantil e intolerancia de los adultos con las travesuras de los niños. Si esto sucede en Brasil, también en Perú, Huánuco y Amarilis. El niño de pijama a rayas se ubica en el clímax de la Segunda Guerra Mundial (1942). El escenario es Auschwitz, horrendo campo de exterminio judío en Polonia. Miles de judíos fueron cremados en hornos gigantes cuyas fumarolas se elevaban al cielo. Furias es Hitler, líder del partido nazi. Bruno, hijo del comandante de Auschwitz, y Shmuel (el de “pijama a rayas”), hijo de judío prisionero, se conocen fortuitamente. La amistad es prohibida y peligrosa. Conversan en la línea alambrada. Bruno, vestido con “traje de pijama”, ingresa a las barracas para ayudar a buscar al padre de Shmuel; ambos terminan en los hornos de cremación. Ningún esfuerzo impide la tragedia. ¿El niño del pijama a rayas será una “novela linda, hermosa”? ¿O es una novela que refleja la barbarie y la tragedia de la guerra? ¿Qué utilidad tiene leer el Diario de Ana Frank, Tres historias de amor de Samuel Cárdich o Cien años de soledad? ¿Qué beneficios tiene leer La metamorfosis, Los versos del capitán, Los heraldos negros o las tragedias de García Lorca?  

Después de leer estos libros, dejamos de pensar que la literatura es solamente “bella”, “linda”, “me gusta con el dedo pulgar hacia arriba”, como el trino de pájaros al amanecer o el alboroto feliz de sentimientos por los amores correspondidos o desdeñosos. Mediante la literatura mostramos sentimientos de indignación, enfado y rechazo por la barbarie cometido por ese demente llamado Adolfo Hitler, las atrocidades en los campos de exterminio judíos. Zezé es un símbolo vivo de una sociedad donde la pobreza, la violencia doméstica y social y el maltrato físico y sicológico contra niños son pan de cada día. No se lee literatura como somnífero, ligero pasatiempo que no deja huella en el lector, para cumplir con las obligaciones de la escuela ni leer recostado cómodamente esperando con los párpados caídos a Morfeo. Se lee literatura para mantener viva la imaginación, la sensibilidad, incursionar a mundos lejanos, admirarse por personajes extraordinarios, la historia seductora y la realidad que el autor se ha esmerado en representar. La literatura enseña a utilizar correctamente las palabras, tener argumentos para enfrentar la vida, a ejercer legítimamente la libertad de amar, pensar y opinar. La democracia se engrandece con lectores que leen sin prejuicio, prohibiciones ni recetas preestablecidas. La lectura de El lazarillo de Tormes fue prohibida en España por la Inquisición; Los comentarios reales de Garcilaso de la Vega, por las autoridades españolas después de la rebelión de Túpac Amaru II. ¿Por qué? ¿A qué tenían miedo? Aves sin nido de Clorinda Matto de Turner y La ciudad y los perros fueron incinerados públicamente. ¿Por qué reaccionaron irracionalmente la Iglesia Católica y los militares del Colegio Militar Leoncio Prado? Leemos lo que nos plazca. No le pedimos permiso a nadie para leer tal o cual libro; no hay censura. De ahí la importancia de vivir en democracia y defender la libertad. La literatura es redención, lección, elocuencia, credo. 

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