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17 mayo, 2022

PLATA COMO CANCHA

Por Arlindo Luciano Guillermo

El periodismo de investigación ha publicado libros relevantes sobre líderes políticos, personajes públicos, el ascenso y descenso de gobernantes, hechos sociales de impacto social. Por ejemplo, El perfil del lagarto (Martín Vizcarra), La hora final (captura de Abimael Guzmán), El otro Vladi (Vladimir Cerrón) de Carlos Paredes; Ojo por ojo (accionar del Grupo Colina), Abimael: El sendero del terror (Abimael Guzmán y el surgimiento de SL) de Umberto Jara; La calavera en negro. El traficante que quiso gobernar un país (Carlos Langberg) de Gustavo Gorriti; Muerte en el Pentagonito (FFAA y lucha contrasubversiva) de Ricardo Uceda. Hay, en común, investigación meticulosa, revelación de verdades políticas e históricas y un relato seductor que encuentra en el lector a un cómplice perfecto; además, una lectoría ávida de revelaciones inéditas (o prohibidas) o solo para corroborar lo ya conocido

 

Los periodistas de investigación tienen agallas, desafían al poder político, económico y mediático; arman afanosamente y con paciencia un rompecabezas con insumos verificables, reales, basados en evidencias y hechos concretos, en testimonios creíbles. No construyen ficciones, ni dan rienda suelta a la imaginación como los escritores fabuladores.  Christopher Acosta, con un trabajo de hormiga y de pesquisa, ha reconstruido la vida de un personaje político. Si se va a sancionar penalmente a periodistas de investigación que citan fuentes y muestran evidencias, entonces quiénes van a dar la pauta para saber qué se debe publicar o qué guardar bajo siete llaves. El Perú es una sociedad democrática. Lo sucedido con el periodista C. Acosta es un nefasto precedente para la libertad de expresión y editorial. Solo en regímenes totalitarios, donde el gobernante es intocable, el ejercicio del periodismo independiente y crítico es penalizado, perseguido y exiliado.  

 

El libro Plata como cancha (Edit. Aguilar, 2021. Págs. 168) tiene varios ejes temáticos: plagio, apropiación de trabajo intelectual, abuso sexual a una estudiante, testimonio de exparejas, disputas judiciales por bienes y propiedades, transacciones extrajudiciales a cambio de silencio o retiro de denuncias, transferencia de dinero de la universidad hacia un partido político, uso de recursos del Estado para fines electorales y proselitistas. Estos casos, en su momento ventilados en los medios de comunicación o constan en el MP y PJ, son el resultado del trabajo de investigación periodística de Christopher Acosta. Para la defensa de César Acuña hay difamación y daño al honor del personaje político. Un juez suplente ha sentenciado (dos años de prisión suspendida y 400 mil soles de reparación civil) al periodista y al editor del libro. Es preciso advertir tres hechos significativos:  en el libro no hay el descargo directo de César Acuña sobre los hechos imputados; Plata como cancha sigue en creciente venta; y rechazo público de opinólogos, gremios periodísticos e instituciones (IPYS, ANP, CPP, DP) sobre la decisión judicial que atenta contra el derecho a la libertad de expresión. ¿Qué ha motivado a CAP realmente a querellar al autor del libro? Tres hipótesis: el delito de abuso sexual es el estigma de ciudadano perverso con descalificación moral severa, “conmigo no te netas porque sales perdiendo” y la aspiración a la presidencia de la república no debe estar precedido por antecedentes que lindan con el delito y la impunidad.  

 

El ciudadano César Acuña Peralta no es zapatero remendón, ni taxista trabajador, sino un personaje público, líder político con presencia y protagonismo nacionales, dueño de la UCV, emprendedor, con virtudes y defectos, con frustraciones y deseos de grandeza e inmortalidad, exalcalde de Trujillo, exgobernador regional de La Libertad, excongresista, dos veces candidato a la presidencia de la república (en la primera lo desembarcaron por incumplir las reglas de la ley electoral y en la segunda no alcanzó votos para competir con Pedro Castillo), fundador del partido político Alianza para el Progreso (APP), que hoy tiene poder decisorio en el parlamento y jugó a favor de la no vacancia presidencial; es decir, siempre ha estado en el ojo de la tormenta o en el lente de la opinión pública y periodística. El hecho que sea un ciudadano público, no extingue su vida privada, íntima, personal cuya soberanía se debe respetar en tanto no colisione con el interés público. Sin embargo, un personaje público, visible, opinante, como CAP, tiene una vida privada vulnerable a la observación, crítica, fiscalización y vigilancia. En campañas electorales, a los candidatos se les escudriña, con poderosa lupa, su vida personal, familiar, conyugal, antecedentes y “otras joyas” que se ventilan públicamente (y ahora por redes sociales), como una muestra de que los electores tenemos el derecho de saber quién es el candidato y quién va a conducir los destinos de la sociedad. Si Acuña no fuera millonario, ni político público, nadie escribiría un libro sobre él.     

 

Dice Juan de la Puente en Patamarilla.com: “El caso del libro Plata como cancha no es un pasaporte a la impunidad; el correcto trabajo de Acosta y su editorial y la resistencia a ser acallados, son un acto de libertad”. Desacreditar el honor del ciudadano y difamar son delitos penales. Quien lo hace asume responsabilidades. Criminalizar al periodismo de investigación para intimidarlo es preocupante y deplorable. La democracia se sostiene, precisamente, en la autonomía de poderes y la libertad de expresión. De ratificarse la sentencia, en la siguiente instancia, sería el símbolo fehaciente de la censura, la mordaza y la prohibición de citar a terceros (reporte fiel o reporte neutral) si estas no se corroboran previamente. No soy periodista de carrera universitaria, pero aprecio superlativamente esta profesión y “la ejerzo” con pasión, vocación y respeto. Siempre estaré del lado de la libertad de expresión y en contra de los que quieren restringirla, doblegarla y amedrentarla. El honor de Acuña ni de nadie tiene valor monetario, pero no pasa desapercibida la vida de un personaje público. El mensaje no puede ser que “conmigo, que tengo mucha plata, no te metas; vas a salir perdiendo”.

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