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Huánuco
25 septiembre, 2020
Actualidad Opinión

¿QUIÉN DEFIENDE EL PATRIMONIO DE HUÁNUCO?

Denesy Palacios Jiménez (*)

“Cuando la Patria está subyugada no hay palabra que valga sobre el deber de libertarla” (Leoncio Prado).

Huánuco ha tenido un papel preponderante en el proceso histórico del país, e inclusive alguien la llama capital de la historia peruana.

Si nos remontamos al trabajo realizado por la misión japonesa, vemos que ellos registraron algo de cincuenta Kotosh en la década del sesenta; actualmente  cuántos se mantienen en pie y cuántos han desaparecido a vista y paciencia de todos nosotros; la ofensiva expansión urbana ha sido, quien sabe, la principal causa, prueba de ello es que del montículo llamado Otorongo, próximo a la carretera y a la quebrada de Huancachupa, solo quedan pequeños muros o huellas de algunas cimentaciones, al igual que Jancao; otros han desaparecido por completo como el Kotosh Paucarbamba, sitio donde actualmente está la plaza mayor de Amarilis; el Kotosh de Cayhuayna, donde actualmente está la comisaría y una losa deportiva; el Kotosh de Wairajirca soporta una gran torre de metal; en la pedregosa hay varios montículos; todos los mencionados corresponden a la Época Temprana, es decir, formativa.

Pero este abandono en el cual se encuentra el patrimonio arqueológico, al no tener siquiera una señalización, sucede con el arte rupestre; con los centros históricos como las casas hacienda, ejemplo la de Andabamba, saqueadas casi por completo.

De igual forma, tenemos el patrimonio republicano, caso el Mercado Viejo; el otrora Club Central, donde funcionaba el patronato cultural y servía para escuchar música en diversas veladas al son del piano, hoy visitado solo por las canchas deportivas, que resulta muy rentable para quienes están a cargo; a pesar de que por ley retorna al Colegio Leoncio Prado, para que éste a su vez lo done para que se construya el Centro Cultural de Huánuco. ¿Qué fue de este proyecto? La actual gestión municipal no dice nada al respecto, tuvo varias observaciones, pero estas deben levantarse para dar lugar, al tan ansiado espacio cultural que tanta falta hace en Huánuco, para nuestros pintores y artistas, para teatro, cine, danzas y toda la riqueza cultural que tenemos en la región.

Es decir, es inexplicable cómo se deteriora y se da mal uso al patrimonio cultural, y por supuesto, que no solo le corresponde al Ministerio de Cultura, a las municipalidades, sino a las instituciones, llámense universidades, gobierno regional, y diversos sectores.

Por una parte, el Ministerio de Cultura no presenta un plan de manejo para tratar el patrimonio, y se limita solo a multar o a observar los CIRA y Planes de Monitoreo Arqueológico, con lo cual tienen una recargada labor; pero no contamos siquiera con una señalización, ni con proyectos de puesta en valor. Se cuenta con un registro de patrimonio cultural gracias al Proyecto Qhapaq Ñan, que suma varios centenares; pero ellos ya deben contar con la delimitación, señalización (carteles informativos) y proyectos de puesta en valor, así como la fundamentación y catálogo de todo este registro, me refiero que no basta un listado.

Por otra parte, contamos con las casas de personajes ilustres como la de Leoncio Prado, hoy la vemos con cinta de seguridad amarilla, en el acceso del patio central para ingresar al auditorio o exparaninfo, quiere decir está amenazando con desplomarse; la casa de Mariano Ignacio Prado, que hasta hace poco lucía una placa de bronce hoy ya no la tiene y ha sido convertida en un restaurante.

El Paseo de los Héroes, que se prometió, donde deben ser colocados los monumentos de Mariano Ignacio Prado (héroe nacional del Combate del 2 de Mayo), entre otros, hasta ahora no existe ni la idea de este proyecto.

Por último, el club León de Huánuco, declarado Patrimonio de Huánuco y utilizado solo en campañas políticas; el arte, arquitectura y pinturas religiosas, las danzas declaradas patrimonio cultural, pues no deben quedarse solo en declaratoria, sino que debemos defenderlos, conservarlos, asignarles un presupuesto para su guardianía y mantenimiento, como primera labor; pero el objetivo debe ser su puesta en valor.