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Huánuco
30 octubre, 2020
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Opinión

“¿Quién vigila a los vigilantes?”

Escrito por: Marcos Cancho Peña

Ya no es “ver para creer”. Tampoco “VAR para creer”. Ahora es creer sin ver. Julio Alberto Bascuñán González sufre de alucinaciones, ve fantasmas. Lo demostró en el Perú vs. Brasil del último martes. De nada sirvió el juramento de imparcialidad que realizó antes de convertirse en árbitro de fútbol. Esa solo fue una formalidad.

Si hay algo más difícil que ganarle a Brasil es ganarle a Brasil y al árbitro. Desde el primer minuto, Julio Bascuñán inclinó el campo a favor de la “Verde-amarela”. Cada roce entre ambas Selecciones equivalía a una falta de Perú. Brasil nunca recibió tarjetas amarillas, a pesar de que Neymar pasó más tiempo fingiendo agresiones que jugando. Es que es la pentacampeona del mundo, pues. Es la tierra de Pelé y Ronaldinho, la única selección sudamericana favorita en los Mundiales de fútbol. No es Perú, no estuvo aletargado por 36 años.

El árbitro chileno fue incompetente. Su parcialidad quedó al descubierto: a Miguel Trauco le rompieron la ceja. Sangró. Pero Julio Bacuñán no optó por usar el VAR para analizar la jugada y así decidir si el agresor debía ser amonestado. Solo guardó las tarjetas y el partido continuó. Por el contrario, cuando Carlos Zambrano le dio un codazo a Richarlison, el juez sí recordó su profesión. Se acercó al monitor y analizó la acción. La tarjeta roja al defensa peruano fue justa, pero ¿la falta a Trauco no debió ser analizada también?

La cereza del pastel fue el segundo penal que cobró en contra de Perú. Carlos Zambrano no le cometió falta a Neymar. Ambos lucharon por el balón: acción natural de disputa. No hubo contacto, no debió ser penal. Y los del VAR la revisaron, pero ellos no necesitan tecnología, necesitan ser sinceros. Con tantas cámaras, distintos ángulos, diferentes planos, dijeron tener “claro” el contacto con una toma inglesa, en la que, cómicamente, el cuerpo de Gallese tapa la acción. Se nota la artimaña, la mentira, el juego sucio.

Perú estará en Qatar 2022. No sé si caminando, en muletas o arrastrándose, pero clasificará. Tenemos equipo para ello. Lo que falta es una dirigencia que se haga respetar. Nos han robado en nuestra casa y, si no alzamos la voz, se repetirá. El árbitro es Dios por solo 90 minutos. Finalizado el partido, es mortal. La Federación Peruana debe reclamar por la pésima actuación de Julio Bascuñán. La FPF debe mostrar la convicción que el equipo mostró en el campo. Después del robo, me contagio del arte del poeta Juvenal y pregunto: Si es que no somos nosotros, los vigilados, ¿quiénes vigilarán a los vigilantes?