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Huánuco
20 septiembre, 2020
Actualidad Opinión

¡RESPETO AL MAESTRO!

Según el Marco del Buen Desempeño Docente, el maestro es el actor fundamental del aprendizaje de los estudiantes; además, responsable del “clima emocional” durante el trabajo académico y pedagógico. El trabajo del maestro en el aula y fuera de él es integral, afanoso, responsable, compartido, en equipo: enseña, apoya al que se rezaga, da desafíos a quien avanza más rápido, conversa con los “inquietos” (que siempre hay) que hacen la vida imposible a los demás. A eso se suma la preparación de clases (deuda que el Estado tiene pendiente al magisterio), revisión de prácticas y exámenes escritos, selección de materiales didácticos, elaboración de sesiones de clase y otras actividades que aparecen de súbito. Todo eso hace diligentemente un maestro porque así es la tarea de enseñar. Es el trabajo diario del maestro, cuyo sueldo, a pesar de las ofertas salariales de la Ley Reforma Magisterial, es irrisorio e insuficiente, poco compensador.

Si ese trabajo no se valora socialmente por estudiantes, padres de familia y por otros profesionales, entonces entendemos por qué no se respeta al maestro de obra y palabra, dentro y fuera de la escuela. Un video casero relata elocuentemente la inaceptable falta de respeto, vulneración de autoridad, transgresión de la convivencia democrática en la institución educativa y hostigamiento de un par de adolescentes del colegio Dora Mayer del Callao, en el salón de clases, entre risas y aplausos cómplices de los demás; nadie se atreve a poner freno a los agresores. Uno coge la cartera de la profesora, extrae el celular, simula tirarlo por la ventana; otro es retirado del aula, pero empuja violentamente la puerta y regresa para embestir otra vez. La maestra había incautado el celular de uno de ellos. ¿Está permitido el uso del celular, que no sea para fines de aprendizaje, búsqueda de información? Una disculpa no es suficiente para resarcir el daño moral, emocional y el maltrato público de la profesora. ¿Se ha aplicado el reglamento interno del colegio? ¿Los padres son conscientes de las malcriadeces, transgresiones e irrespetuosidades de sus hijos? Existen miles de estudiantes ejemplares, estudiosos, conscientes del sacrificio de sus padres por un porvenir mejor y mayores oportunidades, que se exceptúan de este lamentable caso. ¿Cuántos docentes más son víctimas, en este momento, en la escuela, de maltratos, hostigamiento, acoso, insultos, ridiculizándolos con apodos hirientes?

 El respeto al maestro se fortalece en la familia, en la casa, cuando se habla de él. Esos dos adolescentes tienen familia. Si le han faltado el respeto a la maestra, entonces podemos pensar (con alto margen de no equivocarnos) que también lo hacen con sus padres, hermanos, vecinos y todo el que se atraviese en su camino. Ser adolescente no justifica la falta de respeto, la malcriadez y el desafío a la autoridad de los padres de familia, los profesores y los amigos. Los padres de familia son los directos responsables de la educación moral, de los valores y actitudes de sus hijos; en la escuela se refuerza. Quien no respeta a sus padres, no lo hará con el prójimo ni con los profesores. Los adolescentes necesitan referentes de acción, no de palabra; necesitan ser escuchados, hablarles con claridad, sin rodeos ni ponerlos en contra de nadie, asistencia sicológica y profesional, orientarlos, tenerles paciencia y tolerancia, ponerles límites claros y precisos, sin ambigüedades ni medias tintas; donde termina el derecho de los adolescentes empiezan los derechos de los demás. Es atinado pensar que se les deben orientar (con padres juntos o separados), por el camino de la corrección, la libertad, el respeto y la responsabilidad emocional y social. 

El termómetro para el respeto profesional al maestro (profesor o docente) no puede ser el salario ni el poder de decisiones que se adquiere en la función pública. La indignante falta de respeto de la profesora en el colegio Dora Mayer solo visibiliza otros casos más, igual o peor. Los profesores somos ciudadanos de carne y hueso, con familia e hijos, con autoestima, que no podemos enseñar con efectividad, pero nadie tiene el derecho (ni adolescente ni adulto) de faltar el respeto a quienes tenemos la responsabilidad de educar ciudadanos. En todas las profesiones se cuecen habas. Los docentes no construimos puentes, escuelas, carreteras, canales de irrigación, hospitales ni elaboramos expedientes técnicos, pero sí enseñamos y educamos a quienes lo van a hacer. ¿Cuál es la posición (¡qué dijo!) el gremio magisterial y el colegio de profesores sobre el caso de la maestra del colegio Dora Mayer?  La deuda social es económica de millones de soles que, por justicia, corresponde a los maestros; sin embargo, está pendiente la “deuda emocional” que debe estar en la agenda de las reivindicaciones del magisterio. ¿Cuándo una marcha pacífica por la dignidad y respeto al maestro?   

 El docente ejerce la carrera magisterial con título pedagógico (no hay uno sin título), con escala remunerativa según la ley, se desempeña con autoridad horizontal, con estrategias, didáctica, indicadores de aprendizaje, competencias específicas que debe lograr  en los estudiantes. El respeto es transversal a asignaturas, profesionales, familias y condición social. El docente no merece más ni menos respeto de los ciudadanos y de la sociedad. Hagamos realidad, de verdad, eso de “al maestro con cariño”. Detrás de todo aquel que sabe leer, pensar, escribir, triunfa en la vida, disfruta del éxito y goza de la felicidad siempre hay un maestro diligente, sacrificado, orientador, motivador, responsable. Ningún profesional ha salido como un conejo del sombrero de un mago.