Huánuco era una aldea muy pequeña, sumamente tranquila, sus calles empedradas con cantos rodados, con un progreso ínfimo. El viento enérgico que soplaba en las tardes, llenaba la ciudad de polvo y el Huallaga con su canto, alegraba cada mañana.
En esta ciudad tranquila, en la séptima cuadra del jirón “Dos de mayo”, nació y pasó sus primeros años de vida un personaje cuyos principios sólidos y calidad humana ha forjado un extraordinario escritor. Sus experiencias vividas y muchas de las situaciones conflictivas que se le presentan al ser humano en su vida cotidiana le permitieron escribir: 2 novelas, 5 libros de cuentos, 9 libros infantiles y 10 poemarios (por ahora), en Huánuco había nacido entonces uno de los más grandes exponentes de la poesía.
Un 6 de febrero de 1947, en una casa relativamente mediana nació Samuel Cardich. Allí, junto a su madre, su tía, y sus primos, vivió sus primeros 6 años de vida. El pequeño Samuel ingresaría a estudiar sus primeros grados al Centro Educativo Hermilio Valdizán. Años después pasó a formar parte del glorioso Colegio Nacional Leoncio Prado.
Por los últimos años de su formación escolar, tuvo que abandonar los estudios y dedicarse a trabajar como obrero de imprenta durante unos años, luego postuló a un cargo en el hospital Hermilio Valdizán, trabajaría ahí por muchos años y conocería a quien fue su compañera de vida, Georgina Carrasco.
Estudió literatura y filosofía en la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, años más tarde volvería para ejercer la docencia por 9 años. El joven Samuel desde muy pequeño tenía deseos de escribir, por ello se retira de la actividad pública.
En 1997 lo eligen director del Instituto Nacional de Cultura (INC) – Departamental Huánuco, cargo que ejerció hasta el año 2003. Uno de sus mejores trabajos que nos legó fue la construcción del Museo de Sitio de Kotosh, con el apoyo del director nacional Dr. Luis Repetto. Así laboró por 6 años en el entonces INC, cumpliendo de manera decente con lo que estaba establecido.
Nuevamente renunció al trabajo de forma voluntaria, para dedicarse a escribir, esta vez ya no regresaría más a una institución pública (En teoría, pues de manera eventual ocuparía otros cargos administrativos). La mayor parte de sus días lo empezó a dedicar a la escritura, como lo hace hoy.
Desde los 15 años ya escribía, no tenía propósito de publicación (todavía), pero de manera constante hacia algunos apuntes en libretas y papeles. Es recién a los 18 años que decide hacer su poemario “Cajón de sastre”. Un día lo leyó, le parecía mal escrito, y pensó que no valía la pena conservarlo, por ello decidió destruirlo.
Nuestro poeta demoraría muchos años en publicar sus textos. Desde que empezó a escribir sus primeros versos hasta que publicara un libro pasaron más de dos décadas, pero dice que no se arrepiente, porque cuando salió a la luz pública sus libros tenían cierta madurez.
Un miércoles de febrero por la tarde, decidí conversar con él, entonces pregunté ¿Por qué demoró mucho? “Porque descubrí con el tiempo que la literatura es un trabajo de mucha exigencia, publicar un libro es someterse a la crítica, que tiene que darse siempre cuando a un lector le llega el libro. Esa situación me creó un conflicto”, me dice del otro lado de la línea, seguramente sentado frente a su gran biblioteca.
En 1985 aparece por primera vez “Tres en raya”, en la autoría de Andrés Cloud, Mario Malpartida y Samuel Cardich. Por esos años la única motivación de sus autores era publicar un libro y empezar así su carrera literaria. Sin embargo, este emblemático libro marcó una etapa y un hito en la literatura huanuqueña.
Supe entonces que fue el maestro Mario Malpartida quien le puso el título al libro. “Mario es muy atinado en los títulos. Este libro marcó el inicio de nuestro despegue literario. En adelante cada uno siguió su camino, no existía más el grupo convergencia a la que pertenecíamos”, dice Samuel Cardich mientras recuerda aquellas épocas con nostalgia.
Luego vendrían importantes publicaciones como: Blanco de hospital (Traducido al portugués), Tres historias de amor, El país de otra gente, Heredar la tierra, Paraíso exiguo, Memoria del dolor (último libro), entre otros.
Escucharlo del otro lado de la línea, me resulta alentador. No todos los poetas tienen la capacidad de captar a sus lectores por sus letras, sus poemas encandilan el alma. Y como dice Frank Mamani, “Samuel es el narrador que da vida y, sobre todo, sentimientos a sus personajes. Estos son seres entrañables que muchas veces son la diáfana figura del ser humano”.
No siempre se tiene la oportunidad de conversar plácidamente con un hombre que representa la máxima expresión lírica en esta parte del país. Ya es de noche, los truenos nos anuncian que se avecina una gran tormenta, dejaremos al maestro continuar con su trabajo literario y es que ahora anda dándole vida y sentido a varios de sus apuntes realizados en los últimos años. Él seguirá escribiendo y publicando más libros, nosotros, los mortales, esperaremos pacientemente, para devorar sus textos una vez anunciadas su aparición.
Texto: Iraldia Loyola




